Dos hermanas mantienen a su madre congelada en una agencia funeraria, desde hace diez años.
Todos los sábados, a la hora del almuerzo, se sientan junto al cadáver de la difunta para maquillarla y colocarle rellenos de algodón fresco, donde alguna vez estuvo el estómago.
El problema es que el embalsamamiento inicial, el cual les permitió pensar que su madre estaba profundamente dormida, ha empezado a degenerarse de la cintura para abajo, ya es un esqueleto.
Además, la parte superior del cuerpo se ha deteriorado a tal punto que han cubierto el rostro con un pergamino arrugado.