El dilema sigue siendo el mismo, ser o no ser tú mismo. No hay grises. No hay términos medios.
Los resultados te dicen qué logras con caretas y qué con autenticidad. Así lo aprendió la bella pero insegura "Sharpay" (protagonizada por Isabeau Mëndez) quien creía que con sus aires de diosa, su complejo de estrella le bastaría por siempre para tener a todos "comiendo en su puño", casi idolatrándola.
El musical de Disney, "High school musical", HSM, que estrenó Topline Events ayer en el Teatro Anayansi del Centro de Convenciones ATLAPA, dirigido por Juan Carlos Adames y con la dirección musical de Dino Nugent, fue una experiencia a otro nivel para los cientos de espectadores, la mayoría niños y adolescentes, que aplaudían, reían, gritaban con complacencia cuando la chica buena y sabihonda, Gabriella, bella también, pero de una belleza sencilla y serena, una muchacha dulce, metida en sus estudios, ganaba terreno y conquistaba Troy (el chico guapo, atlético, capitán del equipo de basket e hijo del coach), el hasta entonces potencial candidato a ser pareja defintiva de Sharpay, la rubia espectacular, pero con corazón de hielo, oscuro, invadido por la envidia, los celos, el egoísmo, el hambre de atención y figuración; Sharpay, la manipuladora, la que trataba a su propio hermano, Ryan (del cual Joshua Manopla hizo una magistral interpretación) como a un pelele.
Troy (protagonizado por Gionni Scollo) dejó a la rubia rutilante, que se creía dueña del mundo y del corazón del hijo del "coach". La cambió por la linda muchachita dedicada, tierna, soñadora, romántica, quien era "hacha" en química, matemáticas y hasta resultó que era excelente cantante y bailarina.
Lo mejor de todo, que no era rencorosa, porque, con todas las maldades que le hizo Sharpay, la buena de Gabriella la perdonó.
Grandes lecciones aprendieron los de la "prepa" y, de paso, a través de la obra, hicieron partícipes de este aprendizaje a los niños y adolescentes espectadores. Por ejemplo, aprendieron que no deja de ser cierto, jamás, que "la unión hace la fuerza", así lo cantaron al final del montaje de dos horas, que concluyó casi a las diez de la noche en el Anayansi.
Aprendieron, además, que cada persona es como un cofre de joyas. Cada virtud y talento es una y los demás, más tarde o más temprano, lo descubren y valoran. Por eso una de las canciones también instaba: "...saca lo mejor de ti".
Se destacó, igualmente, la necesidad de que los padres saquen tiempo para estar con sus hijos, para conocerlos, para saber que sienten, piensan, con qué sueñan, descubrir todo su potencial y ayudarlos a que logren un desarrollo pleno, holístico.
Así, no sucedería lo que al coach de HSM, quien trataba a su hijo como a un extraño, ponía casi una fría barrera invisible entre los dos, lo llamaba Señor Bolton, por el apellido en vez de decirle hijo o Troy.
Aprendieron, así mismo, en HSM, que el efecto de la presión de grupo, como cuando los amigos de Troy lo hicieron olvidarse de la Gabriella, la chica que lo estaba haciendo dejar de lado el deporte y podían perder el campeonato de basket y las amigas de ella, por su parte, la empujaron a romper la incipiente relación con Troy, porque ponía en peligro sus estudios y por culpa de ella podían perder el Decatlón de química.
Esos mismos dos grupos, más adelante, reconocieron que el amor, la amistad y la unidad (el trabajo en equipo), son valores por los que hay que apostar.
Otros aprendizajes fueron el valor de ser auténtico. Sharpay, la jactanciosa, al final, ante la derrota sentimental y perdida de terreno en el plano amistoso, decía y se preguntaba en voz alta "Soy la estrella, ese es mi papel. Si me lo quitan, entonces, ¿quién soy?". Y, destaca que en el escenario puede hacer cualquier papel, interpretar a personajes disímiles, pero, en el fondo, lo triste, según aprendió producto del rechazo de sus compañeros, es que si no es ella misma, siempre estará como barco a la deriva, en busca de un puerto dónde atracar, porque nadie le abrirá su corazón, perderá credibilidad y la soledad será su compañera.
Ella, Sharpay, tuvo también que comprender que lo que ella le decía a Gabriella "quédate en tu lugar, no cambies el Status quo", no era un sano consejo, porque, ¿por qué conformarse con ser vilipendiada, como si tuviera menor valía sólo porque no era impositiva, manipuladora, extravertida, de belleza arrolladora.
Ryan se atrevió a romper las cadenas de la dependencia, decidió darse su lugar y poner en su lugar a su hermanita la manipuladora, la prepotente, la que siempre quería salirse con la suya y humillar a los demás, la que "mataba" por ser el foco de atención siempre, la que lo tenía esclavizado a sus caprichos, a la que él le seguía como tonto el juego sucio, la que lo involucraba en acciones que luego lamentaba él pero no se atrevía a negarse, la que lo mantenía a la sombra y no le permitía brillar ni tomar sus propias decisiones.
Para concluir, cabe agregar que el montaje de "High School Musical", por Topline Events contó con efectos muy bien logrados (sonidos de la pelota ruidosa, nubes, burbujas, lluvia de estrellas, serpentinas...), música fuera de serie (por algo Dino Nugent es un maestro en la materia) una variada y estupenda coreografía, una escenografía de óptima calidad y vestuarios fabulosos, especialmente el de Sharpay y su hermano Ryan (que interpretó Joshua Manopla). O sea, pudiera decirse que esta producción 100 por ciento "Made in Panama", no tiene nada que envidiarle a los espectáculos de Broadway.