Nación

Historia de un "traqueto" colombiano en Panam


Eran las ocho y media de la mañana cuando José Nelson Urrego logró divisar la lancha de la policía que se acercaba a la isla Chapera. Su residencia se ubica en un punto estratégico de la cima que permite ubicar a quien se acerque a ella.
Vestido de "short" blanco, camiseta y unas chanclas cualesquiera, él mismo bajó a recibir a los pertrechados negros, sin sospechar que mas tarde, esposarían sus manos.
Su cara notaba espanto que disimuló con la clásica atención colombiana: "Siga, siga, por favor" le decía a los uniformados. Arriba se cocinaban huevos, café y pan. Marisol, su novia, esperaba a su hombre.
Una jovencita como de veinte años, cuya firma supuestamente es la que aparece en los bancos. "Yo sabía que ustedes iban a venir porque piensan que todo es mío (refiriéndose a la isla), pero no, nada mas la casa". Fueron las palabras de Nelson, según un guardia que presenció el operativo.
Todos siguieron a la casa rectangular estilo colonial. Como era sábado, los trabajadores limpiaban los exteriores de la propiedad, tal como lo marcaba el calendario escrito a mano que detenía un imán en el refrigerador de la cocina: lunes limpiar neveras, sacudir polvo, martes lavar baños, asear afuera, miércoles arreglar trastos de cocina, y así todos los días de la semana.
La sonrisa de Nelson se convirtió en mueca en el momento en que las autoridades le pidieron a Marisol que preparara alguna ropita para el viaje.
El experto en comunicaciones se enrojeció y ella con un sobresalto exclamó: "¿Pero yo también?, ¿por qué?"
Ambos caminaron hacia la lancha, agarraditos como dos enamorados. Ni el fuerte aguacero los separó.
Fue hasta que llegaron al puerto de Diablo, donde empezó el melodrama, contaba un guardia, ella lloraba y le gritaba: "papi, papi".
Mientras se hacía el recorrido por una de las cinco recámaras de la propiedad, el fiscal primero de drogas, José Abel Almengor, manifestó que "el colombiano colocaba dinero de procedencia dudosa en inversiones a través de inmuebles, vehículos, fincas y propiedades en Panamá".
Es un hombre al que se le vincula con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Su tarea consistía primordialmente en coordinar los embarques de droga del Cartel del Norte del Valle que se movían por mar en lanchas rápidas, a través de comunicación satelital de punta.
En su habitación se encontró un equipo de comunicación que tuvo tiempo de instalar. Su dormitorio no contaba con grandes lujos al estilo de Pablo Escobar, aunque comodidades no faltaban.
La finca tenía todo lo necesario para vivir. Un panel de energía solar, un sistema de recolección de agua con filtro para su consumo, una planta de diesel que proporcionaba energía. En la parte posterior de la casa, ya adentrada la densa vegetación, había una retroexcavadora y un tractor que utilizaba un equipo de agrimensores y topógrafos para abrir trecho.
Al parecer la intención de Urrego era vender la isla en lotes o iniciar el complejo turístico. Algunos expertos consideran que el metro cuadrado hoy puede tener un costo hasta de 400 dólares.
El conversador de 53 años como lo describen sus empleados, movió 12 millones de dólares en el sistema bancario panameño, que al parecer, ahora se encuentran en bancos estadounidenses.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América