Nación

Homenaje a un ciudadano y presidente excepcional


Al haberse cumplido el sábado 3 de julio del presente, 113 años del nacimiento del Dr. Harmodio Arias Madrid, ex Presidente de la República, destacado jurista, ciudadano notable, fundador de la Universidad de Panamá y periodista de gran valía, reproducimos en esta fecha el discurso pronunciado por el abogado y ex rector de la Universidad de Panamá, Dr. Carlos Iván Zúñiga, con motivo del centenario de su nacimiento, (1886-1986), y el que toca temas de gran vigencia.
A CONTINUACION SU INTRODUCCION Y PALABRAS DE FONDO:
Señores Miembros de la Familia Arias Madrid,
Señores Miembros de la Familia Arias Guardia,
Señor Presidente del Comité Organizador,
Señores Invitados,
Damas y Caballeros todos:
Debo decir, y no lo puedo ocultar, que ocupo esta tribuna con mucho orgullo. Traigo la representación de mi pueblo para rendir homenaje al muy ilustre Dr. Harmodio Arias Madrid en el centenario de su nacimiento. Me he de ocupar del pensamiento y de su acción constructiva como Presidente de la República, sobre todo de sus tareas nacionalistas, civilizadoras o culturales y que dejaron huellas que ni el olvido deliberado han podido borrar.
El Dr. Harmodio Arias fue un Presidente excepcional durante una etapa de crisis económica y fiscal. Al asumir el mando en 1932 la situación del país la dibujó su antecesor con particular realismo:
"Falta de capital, falta de confianza, falta de crédito, decaimiento en el comercio, languidez en las industrias, miseria en las masas, inquietud en los espíritus, desasosiego general ante el malestar general, tales son los factores que amontonan ante la patria los problemas, los obstáculos, las complicaciones y las dificultades".
Era la conocida crisis mundial que azotaba a todos nuestros países y que sólo se podía resolver mediante la adopción de planes económicos de emergencia, que implicaban sacrificios colectivos y austeridad gubernamental sin precedentes. El Dr. Arias enfrentó la bancarrota de la Nación panameña usando un lenguaje franco y transparente y poniendo en vigencia principios nuevos sobre la función del Estado. Dejó de lado el concepto clásico del liberalismo, que ponía en manos del individuo exclusivamente el desarrollo de la economía, y se inclinó por un moderado y justiciero intervencionismo estatal para evitar durante la crisis los conflictos del libre juego de las actividades privadas que podían causar daño a la economía nacional.
Se apresta a la reconstrucción nacional adoptando medidas fiscales que abarcan la reorganización de la Hacienda Pública, la percepción adecuada de los impuestos, el estímulo para aumentar las rentas, la economía en los gastos y fija pautas legislativas para convertir la burocracia nacional en un aparato modesto y eficiente. En primera instancia dicta la Ley 11 de 1932, a escasos treinta días de haber asumido el mando, y diseña la nomenclatura del personal administrativo de las oficinas públicas y le fija sueldos y asignaciones. Todos los nuevos sueldos implicaban recortes drásticos y ningún funcionario público recibía por motivo de esa Ley privilegio alguno. Es que el Dr. Arias era un convencido que sólo se puede exigir sacrificio a una sociedad si los mandatarios adoptan conductas ejemplares; si los hombres que gobiernan o los que constituyen las altas esferas oficiales se despojan de los odiosos privilegios. Una sociedad llena de privaciones no podrá jamás consentir sacrificios ilimitados si los gobernantes no los comparten en igual proporción.
En la nueva política intervencionista, de drásticos sacrificios, el Dr. Arias no dejó de pensar en las reacciones bruscas de sus críticos. Pero cultor como era de la Ciencia Política sabía perfectamente bien que los planes de reconstrucción nacional o que conlleven medidas en extremas severas, sólo puede implantarlos un Gobierno surgido legítimamente de las urnas. Porque la legitimidad del sufragio es la madre de la credibilidad de los pueblos.
El país fue afortunado al encontrar en medio de la crisis de 1932 una salida política democrática, lo que permitió el desarrollo inicial, sin contratiempos, de la acción de gobierno para superar la miseria colectiva. E hizo posible, igualmente, que el nuevo gobierno pudiera de modo paralelo dar cumplimiento a su programa nacionalista, civilizador y docente. Pero estos programas sólo se podían desarrollar si previamente se obtenían algunos presupuestos o caracterizaciones propios del Estado Moderno.
"Para el bienestar de un país, decía el Dr. Arias, es indispensable conseguir el afianzamiento de su personalidad internacional, su independencia económica y una gran fuerza moral que le sirva de estímulo para el bien y de coraza invulnerable contra el mal. Pero es imposible, en las intrincadísimas complejidades de la vida moderna, amparar la nacionalidad, provocar el desarrollo material y gozar en su fecunda amplitud de esa influencia moral, si no existe la base de todas las bases que se llama cultura".
En tan apretada síntesis, de rígido corte cerebral, compendió lo que constituía el objetivo de su gobierno:

Afianzar la personalidad internacional, que es tanto como luchar por una soberanía real;
Conseguir la independencia económica, que es tanto como luchar por un modelo económico nacionalista;
Obtener una gran fuerza moral, que es tanto como elevar a la quinta potencia de la decencia nuestras virtudes domésticas; y
Descansar en la base de todas las bases que se llama cultura, que es tanto como crear universidades para saber entonar el himno a la ciencia y de la vida.

LA LUCHA POR LA PERSONALIDAD INTERNACIONAL
El Dr. Harmodio Arias antes de llegar a la Presidencia de la República era conocido por su línea revisionista del Tratado de 1903. Sus críticas al pacto canalero arrancan de su tesis "El Canal de Panamá: Estudio sobre la Diplomacia Americana", sustentada en la Universidad de Cambridge. Su tarea divulgadora se registra en ensayos, discursos, artículos, todos tendientes a crear un alma nueva en el país. Brillantes panameños, luego unidos en Acción Comunal, escribieron imperecederas jornadas patrióticas que determinaron la evolución del nacionalismo panameño. En los primeros años de República la conciencia nacional no demandaba mayormente la revisión del Tratado a pesar de que desde 1904, Panamá oficialmente dejó constancia en memorable documento de su insatisfacción por los términos del mismo. Belisario Porras intenta una revisión y no logra sus propósitos. Establece, sin embargo, los puntos básicos de esa revisión, lo que concreta un gobierno posterior y algunos se materializan, con otras contrapropuestas, en el Tratado de 1926. Para entonces Acción Comunal había creado una conciencia nacional robusta y definida sobre los objetivos de la nacionalidad. No se podía concebir un Estado panameño que mantuviese sobre sus entrañas la espada de la intervención, no sólo como un abuso de los Estados Unidos, sino como una facultad consagrada en el texto de Bunau Varilla. Y tal texto, decía Harmodio Arias, concedió también el "uso, ocupación y control de cualesquiera otras tierras y aguas situadas fuera de la Zona del Canal que pueden ser necesarias y convenientes "para la construcción, conservación, servicio, sanidad y protección del Canal".
Para el Dr. Arias esa disposición debía ser analizada no independientemente del texto del Tratado, sino inmersa en el mismo, definida por el objeto del tratado, que se celebró con el propósito de construir un Canal para naves a través del Istmo de Panamá. El Dr. Arias sentía una gran aprensión por esta cláusula porque interpretándola los Estados Unidos habían tomado, unilateralmente, muchas tierras fuera de los perímetros de la Zona del Canal. Por ello creó conciencia sobre la necesidad de un nuevo pacto que declarara terminada la construcción del Canal, para evitar la creciente toma de nuestras tierras. Para la generación que comandaba Acción Comunal eran lemas usuales la nulidad del tratado, la no perpetuidad y la neutralización cierta. Y dentro del análisis de la neutralización no podían caber las bases militares. Era una generación revisionista. No levantó la bandera de la nacionalización del canal. Para esa época las luchas nacionalistas de nuestro pueblo eran solitarias. Ni existía un mundo solidario a las justas aspiraciones panameñas ni las grandes potencias pensaban en un proceso de descolonización. No existían Naciones Unidas postulando y acordando la descolonización del mundo. En la década del veinte, cuando Harmodio Arias y muchos otros con su pluma y verbo arreciaban la lucha revisionista, solo el Partido Aprista, de modo orgánico, se opuso al status del canal como vía al servicio de los intereses de los Estados Unidos y levantó la bandera de un canal interamericano, como vía de servicio público. Con estos antecedentes, llega el tratado Alfaro-Kellog al seno de la Asamblea Nacional. Allí lo espera el Dr. Harmodio Arias, Diputado a la Asamblea Nacional; lo critica por contener cláusulas que afectan la dignidad de la nación y tras recios debates redacta de su puño y letra la moción que le dio sepultura en medio del regocijo nacional.
En la Presidencia de la República, seis años después, tenía el Dr. Harmodio Arias Madrid la oportunidad de materializar los objetivos centrales de la lucha nacionalista de su generación, sobre todo los objetivos que dicen relación con la no intervención, con la no perpetuidad, con la neutralización efectiva, y otros, que también se refieren al perfeccionamiento de la independencia nacional.
En medio de la crisis fiscal y económica que castigaba al país, el Dr. Harmodio Arias Madrid inició gestiones directas ante el Presidente de los Estados Unidos a efecto de que entre ambos gobiernos y pueblos renaciera un espíritu de comprensión que hiciera posible la revisión del tratado de 1903. En el mensaje Presidencial de 1934 el Dr. Harmodio Arias Madrid enumera los puntos que debieran satisfacerse para que surgiera la comprensión referida.
Posteriormente y estimulado sin duda por el viaje del Dr. Harmodio Arias Madrid el Gobierno de los Estados Unidos comunica al de Panamá el interés de revisar el Tratado de 1903. El Dr. Harmodio Arias adopta una línea cautelosa y se inician las negociaciones atendiendo los objetivos diseñados por el Dr. Arias.
Tras largas negociaciones se suscribe el Tratado Arias-Roosevelt que logra algunas aspiraciones fundamentales de la nación panameña. Se elimina la facultad otorgada a los Estados Unidos para intervenir con su fuerza pública a Panamá. La vigencia de esa cláusula odiosa hizo daño enorme al país porque a más de mediatizarnos como Estado, cada ocupación humillaba al hombre panameño, el que tenía que contener su ira al compás de la impotencia. Se eliminó la cláusula que daba pie a los Estados Unidos para interpretar, en pugna con la tesis panameña, que podía tomar nuevas aguas y tierras, unilateralmente, para la construcción del canal. Se lograron otras ventajas de tipo comercial. No se obtuvieron otros objetivos nacionalistas como la garantía de la neutralización efectiva y el cese de la perpetuidad y se incorporaron algunas cláusulas, como la X, que mereció enconados debates en la Asamblea Nacional y cuyas observaciones expuestas por los cuatro diputados que adversaron el texto han tenido la personal adhesión de quien les dirige la palabra. Empero tuvo el Dr. Harmodio Arias el mérito de eliminar disposiciones que lesionaban nuestra soberanía y a partir de ese momento la personalidad internacional del Estado panameño adquirió otra categoría.
LA LUCHA POR LA INDEPENDENCIA ECONOMICA
En su lucha por implantar un modelo económico nacionalista que pudiera lograr la independencia económica del país, el Dr. Arias adopta un programa de ejecuciones en el campo de la economía nacional y precisa los parámetros dentro de los cuales debe moverse la capacidad creadora de nuestro pueblo. Seis sectores importantes de la sociedad son estimulados por el pensamiento del Estadista que gobierna. La agricultura, la ganadería, la pequeña industria, el comercio, el obrero y las actividades de carácter general son sometidas a la embrionaria planificación estatal que inaugura el Dr. Arias y se fija para cada una de estas dedicaciones una política precisa. A modo de ilustración y como prueba de la visión del mandatario reseñemos apenas unas cuantas medidas para cada actividad. En la agricultura, fijación de gravámenes sobre importación de arroz, papas, etc.; campaña pro-cultivo de arroz; suministro de semillas, establecimiento de colonias agrícolas; compra de granos para estabilizar los precios; adquisición de tierras para el pequeño agricultor, etc. En la ganadería, garantía de compra de leche fresca por el Estado para uso en los establecimientos oficiales, compra de sementales; gravamen especial a la leche evaporada y a la leche en polvo; gravamen especial a la importación de carnes de toda clase; gestiones para la venta de ganado en la Zona del Canal, etc. En la pequeña industria, disponía gravámenes especiales para la importación de zapatos, sombreros, pastas alimenticias, hierro acanalado, lociones, pastillas, queso, leche, mantequilla, carnes preparadas, aceites que puedan sustituir la manteca; gravámenes a la pesca en grande escala; gestiones ante el gobierno de los Estados Unidos para el uso y consumo de materiales panameños en la Zona del Canal, etc. En el campo del comercio, postulaba la persecución del fraude, reglamentación del cierre del comercio con sujeción a la jornada de ocho horas; rebaja del impuesto de introducción de artículos de turismo, etc. En la línea de la ayuda obrera estableció la rebaja del arrendamiento de casas de inquilinato y destinaba las propias economías del Estado y los dineros provenientes del fondo obrero a un programa de obras públicas que aliviara el drama del desempleo. En las medidas de carácter general el Plan Económico del Dr. Arias comprometía la suspensión de los remates en ciertos casos, la reducción del interés bancario, la reducción de las tarifas por consumo de gas y de electricidad, el establecimiento de la Caja de Ahorros para la familia panameña de escasos recursos y la vigilancia sobre cupo de empleados panameños y la jornada de ocho horas, etc.
Evidentemente y así lo confiesa el Dr. Arias en su mensaje de 1936, la crisis fiscal y económica del país impidió la realización plena de todo su proyecto económico, pero quedó la iniciativa que fue tomando cuerpo en el transcurso del tiempo y que se perfeccionó en acciones de posteriores gobernantes.
En materia de empréstitos, el Dr. Arias era cauteloso. Llegó a afirmar en su mensaje de 1934 que los empréstitos para solventar la crisis fiscal en el fondo posponían las soluciones y se endeudaba más el país. Todo endeudamiento procura una dependencia y si este endeudamiento es creciente, creciente resulta la dependencia. El Dr. Arias fue consecuente con sus lineamientos de luchar por la independencia económica del país, no sólo al establecer el plan económico preciso para la época, sino estableciendo una política con relación a los empréstitos. En su mensaje de 1934, en la ola mayor de la crisis, expresó por alguna razón de su genio político: "A partir del 1". de octubre de 1932 no se ha contratado empréstito alguno".
Decía el Dr. Arias, para la misma época que la Nación panameña tenía que pagar en intereses por los empréstitos de arrastre la suma de dos mil balboas diarios. ¿Qué nos diría el Dr. Arias si llegara a saber que cincuenta años después el pago diario de intereses de la Nación panameña es de más de dos millones de balboas por deudas adquiridas en los últimos diecisiete años de Gobierno?
Evidentemente, su plan económico no logró la independencia económica y ella constituye en todas las naciones un esfuerzo constante de varias generaciones. Pero su política no nos hizo más dependientes, se hizo llevadera la crisis y logró establecer principios generales para superarla.
"El país se ha dado cuenta, decía el Dr. Arias, de que si se disminuyen los gastos del erario, se recaudan las rentas sin discriminación y se administra la cosa pública con la mayor honradez y eficiencia posibles en nuestro ambiente, no es difícil mantener el orden, tranquilidad y seguridad sociales y hay los medios de estimular las actividades creadoras de la comunidad, de otorgar trabajo al obrero para librarlo de las garras de la cesantía y hasta de pagar parte considerable de las deudas contraídas durante las épocas de la abundancia".
LA LUCHA POR LA FUERZA MORAL
Solicitaba el Dr. Arias luchar por adquirir una gran fuerza moral que sirva de estímulo para el bien y de coraza invulnerable contra el mal.
¿En qué momento adquiere un pueblo una gran fuerza moral? Se podría contestar en el momento en que todo el pueblo tenga la convicción de que Dios reside en la Sala de Acuerdos de la Corte Suprema de Justicia. Cuando se tenga esa convicción habrá moral y paz social porque implica la existencia de un cuerpo de administradores de justicia probo e independiente. Bien lo decía el Dr. Arias: "No puede haber tranquilidad social si no existe probidad e independencia por parte de los encargados de administrar justicia".
El panameño de hoy sabe que Dios no reside en la Sala de Acuerdos de la Corte Suprema de Justicia y sabe que existe una lucha histórica, tenaz, dura, indesmayable, para lograr la fuerza moral que compendie las virtudes domésticas del panameño.
El panameño de hoy sabe que usurpación y moral no nacieron hermanas y que cuando se enfrentan en la lucha por el poder real, la moral se va volando al cielo.
Desde hace algún tiempo el país está a la intemperie y no se ha logrado el retorno de la moral. Tal vez los principios bolivarianos, por los que profesó gran devoción el Dr. Arias, deban ser invocados al menos en los momentos de crisis o en los momentos de usurpación. El genio de Bolívar no decía nada intrascendente cuando recomendaba el destino de las misiones: "Los militares a los cuarteles, los civiles al Poder".
El Dr. Harmodio Arias, uno de los pocos Presidentes de la República que salió ileso cuando ejerció el derecho constitucional de destituir a un Comandante de la Policía Nacional, decía en su mensaje de 1934, en medio de la vorágine atroz de la crisis:
"Y mientras se aleje a la Policía de las luchas partidaristas, mayor efectividad y mayor eficiencia habrá en los servicios que presta".
Era aún más severo. Se oponía al voto electoral de la Policía porque implicaba deliberar, lo que le estaba vedado por razones de moral política.
La usurpación vigente en nuestro país ha impedido hasta la fecha el logro de la fuerza moral que haga posible la vigencia plena de la justicia.
LA LUCHA POR LA CULTURA
La función civilizadora del Dr. Arias lo llevó a expresar que este país debía descansar en la base de todas las bases, que es la cultura.
Este pueblo, desde sus inicios como Nación, sometido a los rigores del transitismo, ha permanecido mucho tiempo desamparado. ¿Cuál ha sido el milagro para que sus costumbres ancestrales hayan subsistido a través de los años? No lo sé. Solo sé que ningún pueblo ha estado sometido a mayores fuerzas disolventes, de sus valores, de su pasado, de sus ideales, que este pueblo panameño. Y de las duras pruebas ha permanecido. El hecho lo configuró en el pasado como una nación, con sus atributos, para convertirlo luego en virtud de la hazaña de la libertad, en un Estado. Todo esto lo comprendía el Dr. Harmodio Arias y su conocimiento lo llevó a dar conferencias sobre la enseñanza del patriotismo y sobre la influencia extranjera en la cultura nacional con el propósito de lograr una conciencia nueva en el viejo esqueleto del Istmo.
Harmodio Arias llega a la Presidencia y crea la base de todas las bases de la cultura que es la Universidad. La funda con orgullo. Usa un lenguaje grácil, pero a su vez denso y profundo sobre el destino de la Universidad. La funda en plena crisis. Había que vestir de cultura a un pueblo a la intemperie. Había que crear una coraza contra las fuerzas disolventes. Lo hizo con orgullo y hasta con graciosa vanidad, a sabiendas que sembraba para la eternidad.
"Yo estoy plenamente convencido, decía, de que la Universidad de Panamá que estamos inaugurando con la sencillísima modestia que las estrecheces fiscales hoy permiten, ha de hacer un largo y provechoso recorrido por el camino que brevemente he bosquejado. Las consideraciones en que me he detenido se deben no al mero hecho de hacer frases, que es ajeno a mi temperamento y a mi educación, sino a la firme convicción que tengo de que se trata de algo grande, realmente transcendental. Hay razón para que mi gobierno sienta legítimo orgullo por haber ordenado la fundación de la Universidad, y yo no hago más que obedecer, con profunda emoción, el decreto del destino que a mí me ha deparado la suerte -que la posteridad juzgará envidiable- de estar colocando junto con vosotros esta noche una verdadera piedra miliar en la senda por donde se deslizará nuestra historia nacional".
Ante esta extraordinaria creación del Dr. Arias, el juicio de la posteridad ha sido egoísta. Se ha pretendido desconocer su obra, creando una artificial competencia de méritos con el apostolado de su primer rector, el Dr. Octavio Méndez Pereira. En Chile ocurrió otro tanto con el Presidente fundador de la Universidad de Chile y su primer Rector, Andrés Bello. Méndez Pereira y Bello llevaron de la mano con la mayor ternura, consagración y eficiencia a la criatura que daba sus primeros pasos.
Nunca pudieron encontrar lazarillos más luminosos para estas casas de cultura. Harmodio Arias creó la arcilla, le dio color de patria, y la entregó a Méndez Pereira para que moldeara al nuevo hombre panameño.
¡Esa es la verdad irrebatible y eterna!
De Ricardo Miró se dijo que un par de versos de su inspiración bastaban para consagrarlo como poeta:
"Era dolorosa y muda, lo mismo que una herida"
"Brillaba sin saberlo, lo mismo que una estrella".
Y de Harmodio Arias podríamos decir con firmeza que la sola fundación de la Universidad lo ha consagrado como uno de los grandes estadistas de la República.
Su tarea civilizadora lo lleva a resolver los problemas de la salubridad, a la siembra de alcantarillados, de escuelas, de centros de salud, de hospitales, y de toda la infraestructura que en su hora e inmerso en la crisis reclamaba el país panameño. Crea un Banco para el pueblo, la Caja de Ahorros, y a pesar del centenario de su fundador pesa más la mediocridad que ha rodado por años para negar u olvidar una paternidad histórica. Funda el Instituto Pedagógico, el Centro de Estudio Pedagógico Hispanoamericano. Establece la radiodifusión, la reglamenta, y exhorta a los Municipios a comprar aparatos receptores, reorganiza la Contraloría Nacional y coloca al frente de la misma a funcionarios independientes y honorables, con autoridad para fiscalizar al propio Presidente.
SEÑORAS Y SEÑORES:
A una distancia de cincuenta años de haber dejado el Poder el Dr. Harmodio Arias, cualquier análisis de su obra no puede pecar de subjetivo. Existe en cuanto a su obra la perspectiva del tiempo que reduce todo a su real dimensión. El país y sus gobernantes bien pudieron obtener provechosas lecciones de la experiencia administrativa del Dr. Arias. Sobre todo si hoy como ayer podríamos calificar de crítica la vida nacional y repetir con Ricardo J. Alfaro lo que dijo en su mensaje presidencial de 1932 que también nos define hoy dramáticamente:
"Falta de capital, falta de confianza, falta de crédito, decaimiento en el comercio, languidez en las industrias, miseria en las masas, inquietud en los espíritus, desasosiego general ante el malestar general, tales son los factores que amontonan ante la patria los problemas, los obstáculos, las complicaciones y las dificultades".
Sin embargo, no queremos aprender la lección ni queremos aceptar que el pasado es el mejor profeta del futuro ni tenemos la prudencia de iniciar la reconstrucción nacional con austeridad. Por el contrario, al país lo cubre una maraña de incertidumbre y de mediocridad y bajo sus palios prospera el despilfarro, la impunidad y el desasosiego general. Ni se toman medidas legislativas autónomas y sensatas ni se busca la reconciliación entre los panameños por la vía de la Democracia y de la legitimidad ni surgen conductas ejemplares de estadistas ni, por tanto, se posee una fuerza moral que nos estimule para el bien y sea coraza contra el mal.
Si ayer estuvimos en nuestras luchas a la intemperie hoy estamos en nuestras esperanzas a la deriva. El país presenta la imagen de un barco que se hunde y cada cual salva todo lo que puede ante naufragio tan colectivo. Pero no salva lo propio, se apertrecha de lo ajeno siguiendo pautas oficiales.
No se busca una Ley de Sueldos de austeridad. En el Perú, Alan García, sin conocer a Harmodio Arias, implanta al amparo de su legitimidad un plan de emergencia semejante y dice solemne: "Somos un país pobre. En el Perú nadie puede devengar un salario mayor de B/.1,500.00 mensuales". En el Panamá de hoy tenemos Presupuestos de opulencia. Se juega así con la miseria cierta del pueblo y ese juego tienta la violencia dormida. Si el Dr. Arias fijó salarios de B/.350.00 mensuales para los magistrados de la Corte Suprema de Justicia hoy, en medio de la crisis, devengan salarios que van llegando a los B/.6,000.00 mensuales y se les rodea adicionalmente de privilegios irritantes. Igual ocurre con los Ministros de Estado, con los ingresos de los Diputados, con los ingresos de la cúpula militar, con los ingresos de la alta burocracia. Esa real situación de irresponsabilidad oficial es lo que tiene perturbado al pueblo y es lo que obliga a los gobernantes a meter la mano en el bolsillo de la sociedad, como en el caso del combustible, para subsistir en el privilegio y en el desorden institucional.
Si no volvemos los ojos al pasado para iniciar las rectificaciones de rigor, si no logramos el establecimiento de un sistema democrático que genere Presidentes de verdad, elegidos por el pueblo como a Harmodio Arias, Panamá no sólo caerá en la violencia, caerá en algo peor, caerá en la miseria colectiva que es tanto como caer en la antesala de la esclavitud.
SEÑORAS Y SEÑORES:
Lo que viene expuesto es una breve exposición de una dilatada y afanosa vida. Evidentemente el Dr. Arias, como hombre público cometió sus errores, dada su naturaleza humana. Este acto no está destinado a discutirlos. La Historia siempre otorga su veredicto inapelable y a ella estamos sujetos todos los mortales.
Fue Harmodio Arias un hombre de controversias. Inicia su gestión de Gobierno con la aparición de una nueva clase política que reemplaza a la primera generación republicana de gobernantes. Se rompió con la clase que declinaba. Surgieron nuevos dirigentes, nuevos métodos y nuevas proclamas. Los hombres que transforman sociedades o que reemplazan clases tradicionales en el ejercicio del poder y crean nuevos líderes son discutidos más allá de sus tumbas. Un juicio imparcial sobre esos líderes, esos métodos y esas proclamas sólo vendrá con el tiempo y con la quietud del rencor. A Harmodio Arias como a Rafael Núñez en Colombia aún se le elogia o se le ataca como si estuviera actuando en el escenario nacional. ºTan profundas fueron sus huellas!
Este busto que el pueblo de Penonomé consagra al recuerdo imperecedero del Dr. Harmodio Arias Madrid y que hoy se inaugura bajo un sol tan canicular, ocupa la misma tierra penonomeña que ha recogido los despojos mortales de sus extraordinarios padres, quienes tuvieron el providencial privilegio de procrear dos Presidentes de la República. A su lado, este mismo pueblo ha levantado, ha muchos años, la estatua de otro expresidente de la República, de esta misma tierra, el Dr. Ramón Maximiliano Valdés, fundador de la Facultad de Derecho cuando ejercía la Presidencia en 1918 y en cuyas aulas impartió enseñanzas el Dr. Harmodio Arias.
El monumento que hoy se inaugura será punto de referencia para los caminantes. Los que conozcan la historia de este hombre, a los pies de su estatua podrán dialogar con él sobre el Derecho, sobre la personalidad internacional de la patria, sobre la independencia política y económica, sobre la cultura y sobre la misión de la Universidad en los pueblos débiles.
A nombre del pueblo de Penonomé, que me ha honrado tan espléndidamente designándome su vocero en este merecido homenaje al insigne estadista Dr. Harmodio Arias, aseguro que este pueblo orgulloso y agradecido no permitirá que mueran en el olvido sus muertos ilustres.
Muchas gracias.
Licdo. Carlos Iván Zúñiga


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101 años de Panamá América

 
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