Con la advertencia de que la sociedad panameña podría enfrentar “una peligrosa desestabilización” concluyó la 189 Asamblea Ordinaria de la jerarquía de la Iglesia católica de Panamá.
Mediante un comunicado, la Conferencia Episcopal Panameña (CEP) apunta que ha podido constatar que “las tensiones vividas en las últimas semanas han generado preocupación por la institucionalidad del país”.
Esto, sostiene la Iglesia católica, podría “causar una polarización entre los sectores sociales y políticos y llevarnos a una peligrosa desestabilización”.
En el trasfondo, según la CEP, predominan “la pérdida de valores y la búsqueda desenfrenada de estatus social, que genera una red de valores, intereses y prebendas que violan las leyes nacionales, afectan el presupuesto del Estado y fomentan la impunidad”.
Para los Obispos, es “urgente” una reflexión entre todos los sectores de la sociedad, aplicar los mecanismos de control y vigilancia y, sobre todo, cumplir las leyes y respetar las reglas sociales de la convivencia.
La CEP solicita también de manera “urgente” que se promueva una “ética pública que no dependa de las pasiones de los gobernantes”.
El objetivo sería despertar conciencia entre losservidores del Estado que ellos “trabajan para la comunidad” y que atiendan con dignidad a las personas y las necesidades de la población.
Proyectos.
Igualmente, solicitó a las autoridades la atención de las reclamaciones de las comunidades indígenas por el desarrollo de proyectos mineros e hidroeléctricos y establecer las políticas para beneficio de la población en general, especialmente, de las mayorías marginadas.
En el comunicado que fue leído por monseñor José Domingo Ulloa, la CEP sostiene que la Iglesia no puede ser indiferente ante las vergonzosas cifras del bajo nivel de vida de muchos panameños y la necesidad de aplicar políticas para mejorar la educación, la salud y generar nuevos empleos. También califica como alarmantes los índices de criminalidad que se están reflejando en el hogar, donde las agresiones contra las mujeres y los niños van en aumento, lo que afecta la estabilidad emocional de la población.
La Iglesia católica afirma que es imperativo que se haga una evaluación profunda de las causas de esta conmoción y se adopten acciones para encontrar la paz y la concordia.