Nación

Impacto de una tragedia que terminó con un padre e hijo

Sin la participación de las autoridades del Gobierno, ayer se dieron las honras fúnebres de las víctimas de Capira. El Ejecutivo se comprometió en proporcionar la ayuda a los sobrevivientes y damnificados en el distrito.


Gilberto Soto (gilberto.soto@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Capira espera ayuda estatal

  • Las condiciones del tiempo dejaron a varias comunidades incomunicadas por los deslizamientos y a un centenar de familias afectadas en las áreas montañosas de Capira.

El silencio era impenetrable. En la El silencio era impenetrable. En la iglesia Santísima Trinidad de Nueva Arenosa de Capira yacían los cuerpos sin vida de  Santos y Domiciano Medina. Rodeados de amigos, vecinos y familiares, la consternación por lo ocurrido arropaba a los presentes que aún no aceptaban la magnitud de la tragedia.
"Habíamos planeado que para hoy (ayer) limpiaríamos la finca, y mire a dónde estamos. Dándole la despedida", compartía como si estuviera anestesiado por el dolor, Leonicio Medina, hermano menor de Santos e hijo de Domiciano.
Al sufrimiento de los familiares el párroco Mirope Polanco, quien presidió el acto funeral, hacía alusión a la palabra de Dios como "el único bálsamo que alivia el dolor por la pérdida de un ser  querido. Para los cristianos no debe ser una desgracia, sino un proyecto de vida que apenas se inicia".
El sábado, horas antes de lo ocurrido, Santos dejó algo que contar. "Él era un tipo callado, pero ese día llegó contento, salomando, cuando nunca". Le pregunté qué le había pasado, y me dijo ”que se sentía contento", relató Leonicio, con evidencia de golpes en la nariz.
Su esposa, Inés Morán le cocinó lo que pidió.  Arroz con macarrones y gallina de patio. "Era  como si presintiera el suceso. Antes de dormir le dijo a la hija: ‘hasta hoy te compro leche, y en su lugar le dio jugo’". Las palabras de Santos quedaron marcadas en la mente de Inés, a quien ahora le toca lidiar con su hija Roxeli, de tres años. En la casa donde vivían lo perdieron  todo.
Ambas son sobrevivientes del desastre, que gracias a la rápida acción de Leonicio, pueden contar lo ocurrido. "No sé de dónde saqué fuerzas, pero logré sacar a tiempo a la niña y después a mi hermana y a mi cuñada. Fue cuestión de segundos cuando la masa de  lodo barrió con la casa".
La pericia de Leonicio llegó hasta donde pudo.  Cuando volteó a buscar a su padre de 74 años que media hora antes  había buscado refugio en la casa de Santos, lo que divisó fue tierra y escombros.  Los dos estaban sepultados por el lodo.
Cuatro días después de aquella escena, los familiares llevaron a  las víctimas  a sus casas. "Es el último paseo que se acostumbra dar a las personas cuando mueren", contó Eleuteria Morán,  vecina más cercana de los Medina. Eleuteria compartió que "aquella noche nos avisaron de lo ocurrido, pero como nunca había ocurrido algo semejante, fue difícil creer. Bajamos  como a las doce medianoche (sábado), pero ya era tarde".
En la finca del vicepresidente de la Asamblea Nacional, Abraham Martínez, a pocos metros de la casa de los Medina, en La Pita 2 donde vivían, quedó una par de botas de caucho sin usar. El viernes me dijo: ”Jefe, cómpreme un par de botas que yo se las pago poco a poco. El lunes  se las traje y me encuentro con la sorpresa", describe Jesús Ureña, capataz de la finca donde laboraba Santos.
Antonina Medina, hija de Domiciano, quedó en muletas, a  consecuencia del deslave. Pide que la ayuda prometida por el Gobierno para reubicarlos en un lugar más seguro, se cumpla cuanto antes. La confianza de seguir viviendo en las faldas del cerro La Pita la perdió, y prefiere conservar el recuerdo de su padre y hermano en un lugar más seguro.

 

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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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