UNAS 118 personas resultaron damnificadas, luego que un incendio consumiera en su totalidad a 18 humildes viviendas en Isla Armila, en Kuna Yala.
Informes del Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC) indican que el incendio empezó a las 3 de la madrugada de ayer, en una de las viviendas, pero debido a que todas son de madera y pencas, las llamas se propagaron rápidamente.
Los datos preliminares de SINAPROC fueron proporcionados por los moradores y afectados, según indicó el director de esa entidad, Roberto Velázquez.
El director de SINAPROC, dijo que hoy un equipo asistirá al área del siniestro, entre ellos, la ministra Balbina Herrera.
Agregó que hubo dificultades para obtener información sobre los daños y el estado de los afectados, pues el lugar del siniestro es de difícil acceso y sólo pueden llegar por helicóptero.
Además de las viviendas incendiadas, la escuela del lugar también fue afectada, así como la sede en donde se realiza el Congreso Kuna (SAILATURA).
Pero, Guaynora sintió este lunes la oportunidad ideal para alzar la voz ante las autoridades, como pocas veces pueden y pedir.
Fue una petición particular. En una hoja de cuaderno con una letra al mejor estilo de los libros de caligrafía en tinta azul le hicieron saber a Juan Carlos Brin, director regional del Fondo de Inversión Social (FIS) en Darién que necesitan bloques, cemento, zinc, cerraduras para la "nueva tienda".
Guaynora había guardado la nota en su paruma, (falda típica de las indígenas emberá ) a la altura de la cintura.
Sin mucho preámbulo se levantó la blusa y se la entregó a Brin, quien la recibió y prometió estudiarla.
La tienda, como ellos le llaman, estaba habilitada para vender collares, envases y artesanías típicas de los indígenas emberá - wounaán, así como alimentos.
Ofelina Rosales, otra de las socias, comentó tambíén que lo que buscan es "sacar alguito para vivir".
Todo aquello surgió en medio de la entrega de las bolsas de comida por parte del Sistema Nacional de Protección Civil, el Despacho de la Primera Dama y el FIS.
Hubo bailes tradicionales, gestos de agradecimiento y la promesa de los indígenas de no dejarse morir, al fin y al cabo así ha sido siempre.