Ciudad de México- Con la llegada de centenares de observadores del extranjero y millares de mexicanos que los tres partidos en competencia asignaron a las 114,000 casillas en las que votarán unos 40 millones de ciudadanos, crece la convicción de que las elecciones del domingo serán las más limpias desde que el gobernante Partido Revolucionario Institucional llegó al poder en 1929.
La pregunta ahora es qué pasa si el oficialista candidato Francisco Labastida llegara a ganar por un margen estrecho, de uno o dos puntos, con las previsibles acusaciones de la oposición de que el PRI podría haber logrado ese margen recurriendo a la compra de votos y coerción que ha usado en el pasado.
Podría llegar a la violencia si el opositor Vicente Fox se montara en su caballo y convoque a los fieles del Partido de Acción Nacional (PAN) para que "tomen la calle" como en algunos momentos de fulgor había amenazado.
Quien responde con calma a este escenario alarmante es José Woldenberg, el presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), que en pocos años ha ganado un sólido prestigio por su fiabilidad e independencia.
"Confío en que todos los candidatos acaten los resultados", declaró en una entrevista. "Aunque la diferencia sea por un solo voto, la victoria del ganador será legítima. Este proceso ha sido sin duda el más equitativo y limpio en la historia del país. La gobernabilidad no está en riesgo", dijo.
Aun críticos del gobierno y del PRI tienen confianza en la labor de Woldenberg y del IFE. Tras una reciente visita a México, el profesor Ricardo Arias Calderón, ex presidente de la Internacional Demócrata Cristiana y un aliado ideológico de Fox, dijo que aunque en el pasado el PRI se mantuvo en el poder con "una interminable lista de trucos, trampas y fraudes", hoy, sin embargo, "hay esperanzas".
"Desde 1988 se han introducido cambios importantes en la legislación electoral", escribió Arias en su columna en El Panamá América. "Muy especialmente, se creó el IFE que goza de credibilidad por la independencia de sus integrantes".
Este análisis es compartido por el gobierno de Estados Unidos que ha contribuido con fondos para el envío de 600 observadores que incluyen al ex presidente Jimmy Carter y un equipo de voluntarios con experiencia en Haití, Centroamérica y Perú, organizados por Robert Pastor, profesor de ciencias políticas de Emory College de Atlanta, Georgia, sede del Centro Carter.
La fe que los observadores ponen en el IFE también se aplica al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que le toca resolver cualquier impugnación. Aunque ya actuó en la elección federal legislativa de 1997, ésta es la primera vez que el Tribunal realizará el cómputo de la elección presidencial, declarará válidos los comicios y emitirá la declaratoria de presidente electo en vez de que lo hagan los 500 diputados de partidos diversos, como todavía ocurrió en 1994.
Aunque las últimas encuestas indican un empate técnico entre Labastida y Fox, de entre 42 y 39 por ciento cada uno con Cuahtemoc Cárdenas de la Alianza por México con apenas un 16 por ciento, no todos confían en la veracidad de los sondeos.
Mucho dependerá de un 20 por ciento del electorado que se considera indeciso. "La respuesta de lo que va a pasar el domingo la tienen los indecisos. En este momento me atrevo a pronosticar que el ganador va a ser Vicente Fox porque pareciera que los indecisos se están inclinando por él", señaló el analista político Sergio Aguayo, fundador de la izquierdista Alianza Cívica hablando con el periódico chileno "El Mercurio".
Pero para el director de la empresa encuestadora Alduncin y Asociados, una de las más serias de México, lo que ocurre con los indecisos es que muchos resisten de revelar sus verdaderos propósitos.
"Si al margen del error estadístico de las encuestas le añadimos un elemento de incertidumbre que es este porcentaje de casi 12 millones de personas que no dice por quién votará, entonces puede haber una gran sorpresa con los resultados", explica.
Ante esto, Alduncin ve tres posibles escenarios: que uno de los dos candidatos gane por un muy estrecho margen, como se ha venido señalando; que Labastida triunfe y gane el gobierno por un margen considerable; o que la gente, aunque no sea del PAN, pero que sí desean el cambio, se incline masivamente por Fox.
En tanto, un comunicado de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo (AID) reveló hace pocos días que asignó más de 3.7 millones de dólares para apoyar las instituciones democráticas en México. En una información que parece más destinada al Congreso de Estados Unidos que autorizó la partida que al público mexicano, el comunicado sentenció: "Una prueba crucial de la madurez del sistema (mexicano) serán las elecciones presidenciales del 2000, en las que la oposición tiene una real oportunidad de asumir el poder del gobierno federal.
"Después de décadas de elecciones corruptas", añadió "México ha registrado importantes avances hacia la transferencia ordenada del poder entre distintos partidos", destacó la agencia, aparentemente en un informe destinado más para la lectura del Congreso, que autorizó la partida, que del publico mexicano.
Según la AID, el gobierno de Estados Unidos ha impulsado proyectos para fortalecer las instituciones democráticas de México desde 1997 a través de diferentes organizaciones no gubernamentales, y que espera que este proceso pudiese culminar a más tardar en el año 2003.
Otras fuentes oficiales informaron a este corresponsal que sólo los observadores que llegaron de Estados Unidos absorben un presupuesto de 730,000 dólares de esa suma.