Los indígenas heridos durante los hechos violentos de la semana pasada en la provincia de Bocas del Toro exigirán a la Caja de Seguro Social (CSS) y al Gobierno Nacional que los indemnicen de por vida, y no descartan la posibilidad de demandar al Estado por los daños sufridos.
En tono enardecido, catalogaron a la ministra de Trabajo, Alma Cortés, y al ministro de Seguridad, José Raúl Mulino, de “irrespetuosos y racistas”, por referirse a ellos como “indígenas ebrios”.
Advirtieron a estos ministros que dejaran de hablar así “porque ellos no han visto a un indio berraco”.
Los dirigentes Ernesto Chirica y Alberto Ábrego denunciaron que tienen varios días de estar hospedados en un hotel en la capital y han solicitado hablar con el presidente, Ricardo Martinelli, pero no los ha atendido.
Se preguntan qué va hacer el Presidente a Bocas del Toro, si ellos están aquí porque tienen a sus familiares en el hospital y el Presidente no los ha atendido.
Igual piensa el secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Industria Bananera (SITRAIBANA), Genaro Bennet, quien afirmó que no se reunirá hoy con Martinelli cuando llegue a Changuinola, porque debe dialogar con los trabajadores y conocer cuál es el sentimiento tras los hechos ocurridos.
Este malestar se extiende a Changuinola donde en Las Tablas y Finca 03, los residentes prefirieron seguir comiendo banano salcochado antes que recibir los saquitos de comida que les llevaron.
Los dirigentes no se dejan ver, no acuden a llamados de las autoridades.
Los indígenas que están en un hotel de la ciudad capital sostienen que el Gobierno corre con los gastos de alimentación, hospedaje y los traslada a los hospitales, pero no tienen dinero para pagar el pasaje ni ropa para cambiarse, además sus hijos y familiares en Bocas del Toro están solos.
Están preocupados de que cuando les den de alta, no les entreguen medicinas, recetas, ni les informen qué tratamiento deban seguir.
Denunciaron que hay más de 40 personas en diferentes hospitales públicos de la capital y están por llegar otros 20.
Abogan por la pensión vitalicia porque no confían que empleen a sus esposas, ya que es probable que en algunos meses, las despidan y queden sin sustento.