Panamá es un país de contrastes. Mientras se estima que el turismo generará importantes ingresos económicos en el 2007, la cifra de indigentes sigue también un "crecimiento acelerado".
Esta desigualdad tiene a un 40% de la población (de 3 millones de habitantes) viviendo en condiciones de pobreza y a una sexta parte de ella en la indigencia, según informes.
Panamá América estuvo recientemente en el sector de Automotor, distrito de San Miguelito.
Allá, como en otros tantos sitios de la ciudad, la indigencia camina libremente por las calles.
Un indigente descansaba plácidamente en una banca del parque que está ubicado justo frente de las oficinas del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), en la entrada de Automotor.
"Qué pena", dijo una señora que pasaba por el área y se encontró con ese panorama desolador, incluso ella ha visto que la situación se registra a diario.
En ese sentido, la Alcaldía de Panamá firmó en el 2001, un convenio con la fundación REMAR, para darle un subsidio a los indigentes.
En el 2002, terminó el contrato y se suscribió un convenio con el Ministerio Iglesia Ejército de Dios, que en la actualidad se encarga de los indigentes de la ciudad capital mediante subsidios pagados mensualmente.
El censo de población del 2000, reveló que en la ciudad de Panamá había unos 1, 500 indigentes.
Las autoridades realizan operativos para detectar a estas personas e incluirlas en el programa de rescate.
Felipe Quirós Rodríguez no dudó en pedir ayuda cuando conversó con Panamá América recientemente.
Fue su oportunidad para expresar su sentir y salir del anonimato.
"Quiero salir de las calles, ayúdenme", repitió en medio de palabras de auxilio.
Es veragüense y tiene 39 años, lleva dos años de su vida en la indigencia.
La fiebre, los dolores de cabeza y el hambre están acabando con su vida. Lo mantiene vivo el recuerdo de su pequeña hija, que vive en Antón, provincia de Coclé, con su esposa.
Se notaba temeroso, pero pasivo, a tal punto que narró que tuvo problemas familiares, específicamente con la que fue su esposa porque ella quería "controlarlo".
Quirós, con lágrimas en los ojos, relató que sus amigos y familiares le han dado la espalda, "ya no quieren saber de mí".
Lo más lamentable ha sido aguantar hambre y sentir el frío retorcerle los huesos, al igual que las duras palabras de quienes pasan a su lado.