Jóvenes que en la calle hallaron un sitio, que aunque ácido, era más dulce del que podían encontrar en sus hogares.
De hecho los testimonios lo confirman. Franklin (nombre ficticio de un ex pandillero) nos indicó que su inicio en estos grupos a la edad de 13 años, se debió a problemas familiares.
Aunque no quiso revelar a qué se debían, aseguró que con su ingreso a la pandilla quería hacerse respetar, porque ya no soportaba que alguien "quisiera dársela de vivo".
Sólo basta con echar una mirada a las cifras que maneja el Comité Nacional de Estadística Criminal (CONADEC) para afirmar que la institución llamada familia, está equivocando su misión.
En el año 2002, el 58% de los jóvenes detenidos provenían de hogares incompletos, es decir, donde faltaba una o las dos figuras paternas. Pero otro aspecto más grave y que le da respuesta al por qué los jóvenes delinquen actualmente, es el hecho de que estos menores están siendo maltratados y abusados desde niños por personas incluso cercanas a su entorno familiar y de las que se supone deben recibir los ejemplos.
La Encuesta Social realizada en el año 2003 por la Defensoría del Pueblo a los 10,688 detenidos en las cárceles panameñas arrojó datos muy interesantes, como por ejemplo, que sólo 46% de ellos se crió en presencia de la figura paterna y materna; el resto, 54% se crió o sólo con su madre, con otros familiares o con su padre.
No obstante, hay planteamientos mucho más amplios sobre esto. El pensamiento de un niño a partir de un panorama no alentador evoluciona a un joven cuya conducta riñe con lo que establecen las normas de la sociedad y es aquí donde aparece el rechazo social por parte de quienes lo rodean: maestros, compañeros, padres, familiares.
Así un joven rechazado por la sociedad, con baja autoestima e ideas de venganza y que sumado a ello no respeta los derechos de los demás, se convierte en un joven delincuente que no tendrá remordimientos por cometer un delito y hasta asesinar por conseguir lo que quiere.
Finalmente, hay quienes aseguran que la delincuencia en Panamá no está en aumento, sino que es proporcional al crecimiento de la población. No hay que ser un especialista en sociología para asegurar que los problemas de la delincuencia de jóvenes está asociada a la estructura social en la que le ha tocado desarrollarse.
Una estructura social cada vez más compleja y que por lo tanto, requiere de medidas complejas para solucionarlos.
Así por ejemplo, factores como los niveles de miseria o pobreza, desempleo, narcotráfico, concentración urbana, baja escolaridad o analfabetismo, agresiones sexuales y desintegración familiar, forman parte de esa complejidad que lleva a muchos jóvenes a delinquir.
No obstante, tanto los investigadores del tema, así como las personas entrevistadas por El Panamá América indicaron que la delincuencia no es inherente a las clases sociales bajas. La conducta antisocial se puede presentar en todos los niveles de la sociedad, aunque la pobreza y pobreza extrema pueden ser condicionantes.
No obstante, son los grupos de economía alta los que aparecen como los verdaderos controladores de los hechos delictivos (cantidad de droga, armas, etc.). Es decir, como en las historias de la mafia, el gran jefe nadie lo conoce y la justicia parece que sólo alcanza a los ejecutantes.
Para el investigador en sociología, Gilberto Toro, la sociedad consumista en la que vivimos tiene su cuota de responsabilidad en este tema. Según explicó, la sociedad hace a muchos entrar en esa vorágine de la compra y venta, predisponiéndonos a querer y tener cosas.
En su opinión, durante los años siguientes a la invasión norteamericana el gobierno no prestó atención a los menores que en esa ocasión tenían cuatro o cinco años, y hoy son adolescentes. Ellos fueron testigos de este acontecimiento violento ocurrido sobre todo en barrios como El Chorrillo, San Felipe, el distrito de San Miguelito y la provincia de Colón.
Explicó que las estadísticas comprueban que en esos sectores la delincuencia ha aumentado. El bautizo fue el saqueo, en donde los niños vieron cómo los adultos corrían a desvalijar la propiedad ajena.