Naciones Unidas.- A menos de dos meses ante la "Cumbre del Milenio", Richard C. Holbrooke, el aguerrido embajador de Estados Unidos ante la ONU, enfrenta una nueva prueba a su talento de negociador que puede ser tan compleja y desafiante como sus negociaciones para llevar la paz a Bosnia y Kosovo. Se trata de convencer a los otros miembros de las Naciones Unidas de aumentar sus contribuciones a las operaciones de paz que considera la misión más crítica de una ONU de la postguerra fría y que corre el peligro de "venirse abajo".
Con las misiones de paz en Sierra Leona, el Congo, Etiopia, Timor Oriental y el Líbano, entre otras, las operaciones de paz no sólo carecen de tropas adecuadas, sino también de recursos adecuados.
"Debemos tener lista una nueva escala de aportaciones para cuando se reúna la Asamblea General," expresó un vocero de la delegación de Estados Unidos, refiriéndose a la reunión que se inicia a mediados de septiembre, inmediatamente después de la "Cumbre del Milenio" que se celebrará del 6 al 9 de septiembre con la presencia de unos 140 jefes de Estado y Gobierno.
Panamá estará representada por la presidenta Mireya Moscoso, quien hablará en una de las mesas redondas que organiza el secretario general de la ONU, Kofi Annan, informó a El Panamá América el embajador panameño, Rafael Morales Quijano.
Holbrooke combina su lucha por un incremento en el fondo actual de 2,000 millones de dólares para las operaciones de paz con un ambicioso y controvertido plan para establecer un comando militar internacional que responda directamente al Consejo de Seguridad y al Secretario General de la ONU.
La lucha por estos dos objetivos ya tiene dos contrincantes: El primero es el grupo de países que consideran injusto que el país económicamente más fuerte del mundo y que más atrasado está en pagar sus cuotas a la ONU.
El segundo, y quizás el más formidable, es del frente interno encabezado por Jesse Helms y otros senadores conservadores, y algunos no tan conservadores, que desprecian a la ONU, especialmente a las operaciones de paz, y que ni remotamente quieren que un sólo soldado de Estados Unidos tenga que obedecer órdenes que emanen de un oficial que no pertenezca a las fuerzas armadas de este país.
Pero Holbrooke, un veterano diplomático que se perfila como el próximo secretario de Estado en caso de que el vicepresidente Al Gore gane las elecciones presidenciales el próximo noviembre, parece gozar de este tipo de enfrentamientos.
Además, de estar convencido de que muchos comparten su temor de que sin un "estado mayor" militar la ONU continuará enfrentando un desastre tras otro en el mantenimiento de la paz mundial, el embajador cuenta con un aliado tácito en el secretario general, Kofi Annan, que teme que el "nuevo milenio" requiere un organismo internacional con "más dientes" que la cúpula cívico-militar que reacciona ante cada crisis de manera improvisada. "El departamento de las operaciones de paz es el ministerio de Defensa de la ONU", Holbrooke declaró en una entrevista con Barbara Crossette, la experta corresponsal en la ONU del The New York Times.
"Está manejando operaciones en todo el mundo las 24 horas del día y los recursos ya no dan para más. Tampoco cuentan con suficiente capacidad técnica".
En Latinoamérica, el embajador puede contar con el apoyo de Argentina, que ha actualmente contribuye con casi 600 "cascos azules" a las fuerzas de paz, así como Chile, que también piensa enviar más voluntarios a las áreas necesitadas bajo la bandera de la ONU.
"Dick jamás le huye a una buena lucha," declara un diplomático amigo de Holbrooke, "Eso lo vimos en Bosnia y Kosovo donde todos pensaban que iba a fracasar".
Brasil es uno de los países que comparte la alarma que siente Holbrooke después de las dudosas experiencias que las fuerzas de paz sostuvieron en Africa, notablemente en Somalia y Sierra Leona. No obstante, considera que la escala de aumentos presentada por Estados Unidos es exagerada.
"Brasil quisiera ver una propuesta más gradual," confió un diplomático brasilero compenetrado en la materia.
Otras fuentes fueron más categóricas. "Brasil simplemente no la acepta", expresó otro diplomático sudamericano que pidió que no se utilizara su nombre.
Aunque el impacto principal de la revisión de las cuotas recae sobre los países más industrializados como Alemania, Japón y Rusia, en el caso de Argentina, Brasil y México, multiplicaría por diez las contribuciones actuales. Por lo que las cuotas actuales de Brasil aumentarían de cuatro millones de dólares a 40 millones, de Argentina de dos millones a 20 millones y de Chile de 226 mil dólares a más de dos millones.
Pero el país que ha sido más tajante en oponerse a la propuesta de Holbrooke es Nueva Zelandia. "No podemos tolerar que el país más poderoso del mundo y que más endeudado está con nuestro organismo nos exija que incrementemos la ayuda a las operaciones de paz, mientras ellos no cumplen con los compromisos esenciales contraídos en la Carta", sentenció un diplomático de ese país.