Los "crackers" o "destructores" en Internet podrían ser calificados como criminales porque los daños que causan en los sistemas de computación son comparables al ataque de un terrorista cualquiera aunque, a diferencia de éste, no son tan fáciles de rastrear y capturar, por lo menos no sin las herramientas adecuadas.
Algunos de estos terroristas anónimos son adolescentes que se resguardan en la oscuridad de sus habitaciones desde donde destruyen sitios en la red y desarticulan códigos de seguridad de oficinas gubernamentales, sin que sus padres se enteren de lo que planean.
No es de extrañar que algunos adolescentes se dediquen a estos menesteres, ya que por lo general son personas con mucho tiempo disponible frente a sus ordenadores, quienes crecen y "se educan" en Internet.
Tampoco es raro encontrar verdaderas escuelas del crimen en Internet, donde se enseña cómo ingresar a direcciones de e - mail ajenas para leerlas o destruirlas, enviar mensajes insultantes con otras direcciones, para no ser descubierto.
Algunos de estos sitios inician con recomendaciones como "no me responsabilizo por el mal uso de esta página y los programas que se encuentren tienen fines educativos".
Es común encontrar nombres en código para denominar las herramientas utilizadas por los atacantes, los cuales se asocian a la muerte y la destrucción como "explosión", "el bombardero de los correos electrónicos", "el asesino de la caja de correos", que funciona para borrar todos los mensajes que las víctimas poseen en su computadora y el no menos sugestivo "eutanasia".
El mundo del crimen en la red es un fenómeno interesante, ya que por las características globales de esta herramienta y los niveles desiguales de desarrollo sobre la informática que existen, algunos países aún no contemplan legislaciones claras con respecto al uso irresponsable de este medio de comunicación.