Luego de las inundaciones en Arraiján muchos son los casos que se han reportado de efectos psicológicos producto del desastre, manifestados, principalmente, en niños, adolescentes y otras personas que presentan problemas como el no poder dormir y temores.
En estas situaciones, los niños y adolescentes tienen mayores riesgos de ser víctimas y sufrir las pérdidas que se producen como consecuencia de estos eventos. Pues, tras una catástrofe las personas pueden desarrollar trastornos de estrés agudo o postraumático como resultado de haber sido testigo, experimentado o participado en un evento de esta naturaleza.
En el sector de Arraiján estos casos no han sido atendidos, porque aún no se tiene un equipo preparado para ello, reveló el director del Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC), Arturo Alvarado.
Históricamente, indica, se le ha dado poca importancia a los efectos que sobre la salud mental tienen los desastres, la manera de prevenirlos y eliminarlos. Pero ante lo sucedido recientemente se decidió integrar la atención en salud mental en el Plan Nacional de Emergencias y Desastres de Panamá que será entregado en el mes de noviembre.
Para hacer frente a esta situación UNICEF y SINAPROC desarrollan un seminario sobre los efectos psicosociales en situaciones de emergencias y desastres en niños, niñas, adolescentes y rescatistas después de una emergencia. Esperándose tras su culminación contar con un grupo preparado para enfrentar esta situación.
Lo que se busca --explica el director del SINAPROC, Arturo Alvarado-- es formar un equipo que nos permita estar preparados para después de cualquier desastre y poder atender a los niños y personas afectadas, ya que muchos son participes de situaciones muy fuertes lo que trae efectos que preocupan.
Es necesario estar preparados pues en estos momentos, tenemos una época lluviosa bastante fuerte que ha estado afectando el país teniendo algunas consecuencias graves, indicó Alvarado.
Por su parte Cristóbal Martínez G., jefe del Grupo Nacional de Psiquiatría Infantil de Cuba que participa como expositor, señala que el no atender este problema tiene efectos en el niño que le pueden afectar su desarrollo personal y el rendimiento en la escuela.
Los niños con estos desórdenes tienen episodios repetitivos en los que vuelven a sufrir la experiencia traumática tendiendo a revivirlo en sus juegos y en los más pequeños los sueños desconcertados acerca del evento pueden convertirse en pesadillas o amenazas hacia sí mismo.
El representante de UNICEF en Panamá, Miguel Cuéllar, señala que en nuestro país son las personas y menores que viven en condiciones de pobreza los que presentan una mayor vulnerabilidad, pues no son quienes viven en lugares ni infraestructuras seguras, sino más bien, los que habitan en las laderas de las montañas, a orillas de los ríos y sus viviendas no cumplen con las medidas de seguridad.
Si tomamos en cuenta que los pobres en lugar de ir disminuyendo han ido aumentando podemos ver que la población en la línea de vulnerabilidad en los últimos años ha aumentado.
Sumado a la continua agresión humana mediante la deforestación, erosión y la contaminación de los elementos básicos para la vida humana, han provocado la aparición de nuevos fenómenos como inundaciones, sequías y el incremento de los desastres.
Para UNICEF, sostiene Cuéllar, cuando ocurre un desastre es importante no sólo la atención inmediata a la salud, la nutrición y la provisión de agua segura, sino también las necesidades familiares, psicológicas y emocionales de los niños y sus padres para permitir el restablecimiento de una vida normal como son el juego y las actividades escolares.
Con este paso, manifiesta, se persigue el establecimiento de mecanismos de coordinación entre los diferentes miembros del sistema para promover y reforzar los factores protectores de la salud mental infanto juvenil, durante y después de un desastre.