Con sus malabares Adrián González Fonseca, se gana honradamente la vida.
Este joven costarricense tiene un mes de estar en Panamá y desde que llegó se ha dedicado a entretener a los diferentes conductores que transitan por la ciudad capital.
El semáforo marca rojo, enseguida Adrián comienza a lanzar los tacos sin dejarlos caer. Antes de que vuelva la luz verde, recorre todos los vehículos en busca de propinas.
"Aquí no tengo familiares, pero no me siento triste. Mi familia y mi esposa están en Costa Rica, pero siempre me apoyan", indica.
Este joven trabaja de lunes a domingo en diferentes semáforos, entre los que destacan Calle 50, Tumba Muerto, Calle Manuel Espinosa Batista, entre otros.
Además de practicar esta actividad durante tres años, él también es un artista de la pintura, escultor, decorador y ebanista.
Confiesa que en Costa Rica ha montado exposiciones individuales de pintura, donde plasma un estilo romántico y subjetivo.
Adrián sostiene que continuará ejerciendo el arte circense, pues en Europa esta es una actividad reconocida en la que se puede obtener un título universitario, así que viajará hacia Alemania.
Recalca que en Panamá no apoyan al artista joven.
Invasión de malabaristas
Extranjeros ofrecen espectáculos callejeros para sobrevivir en la que han llamado, la ciudad de oportunidades.