Se trata de investigaciones tendientes a descubrir una vacuna contra la malaria, enfermedad que registra anualmente 100 millones de nuevos casos alrededor del mundo y 3 millones de muertes por año. Sólo en Panamá se presentan 600 casos cada año.
En entrevista con El Panamá América, Obaldía III indicó que los estudios que se realizan en el país son parte de una red internacional de investigadores que incluye a estadounidenses, latinoamericanos, europeos, africanos, asiáticos y australianos, interesados en lograr una vacuna contra la malaria.
Y la razón de tanto interés es que cada hora mueren cientos de personas por la enfermedad, incluso, puede que en este preciso momento alguien esté falleciendo. Para los investigadores es un reto, debido a que las inmunizaciones tradicionales ya no están dando los mismos resultados. Y es que el parásito de la malaria, que se transmite por la picadura del mosquito hembra anófeles, se ha hecho resistente a las drogas. El doctor colombiano Manuel Elkin Patarroyo logró la vacuna SPf66, no obstante, cuando ésta fue utilizada en áreas endémicas de Asia y Africa, los resultados de protección eran de 0 a 30 %, debido a la resistencia múltiple del parásito.
El entrevistado explicó que a la fecha no se ha logrado una vacuna que sea protectora en un 100%. Actualmente, el centro Walter Reed, de Investigaciones Medicas del Army, está realizando las pruebas clínicas en una vacuna que se le ha denominado RTSS y que está en fase de prueba en seres humanos. Esta ha resultado muy prometedora al haber logrado una efectividad de protección mayor de 60%.
Otra inmunización ha sido lograda por investigadores de este mismo instituto quienes, utilizando una bomba de cobalto, irradiaron con radiaciones gama a los mosquitos de la malaria. Posteriormente, esos mosquitos vivos se ponen a alimentarse del cuerpo humano, produciendo una vacunación natural que ha logrado un 100% de efectividad.
Obaldía III explicó que esta vacuna no es factible porque no se puede ir a todos lados con los mosquitos vivos, vacunado a una gran cantidad de población, cuando lo ideal es lograr una vacuna que se emplee de forma masiva.
En ese sentido, el grupo de investigadores panameños está trabajando con biotecnología, empleando los plásmidos del DNA.
Señaló que se trata del plásmido circular del DNA de una bacteria porque, como se sabe, las bacterias se transmiten entre ellas resistencia a los antibióticos. Es precisamente usando esa propiedad que se logra, mediante la ingeniería genética, introducirle a ese plásmido proteínas del parásito de la malaria.
Explicó que al romperse en varias partes el parásito de la malaria, se consigue en ellas las que producen inmunidad. Si ese DNA se inyecta de forma intradérmica o intramuscular, éste se multiplica en las células del huésped, produce las proteínas del parásito y las expone al sistema inmune del individuo, que reacciona, logrando así la protección contra la malaria.
Esta tecnología de plásmidos de DNA se realiza en Panamá desde 1994. Obaldía III, junto a los otros científicos panameños, han publicado varios artículos sobre el tema, con lo que han logrado colocar al Instituto Conmemorativo Gorgas como líder mundial en la prueba de vacunas contra la malaria, en conjunto con el Instituto Walter Reed de Investigaciones Medicas del Army, de Estados Unidos.
El plásmido de DNA ha logrado protección en animales de un 33%. Ya ha sido inyectado en personas, probándose que no tiene efectos secundarios en los seres humanos, dijo Obaldía III.
Esa tecnología, según el científico, permite producir vacunas contra cualquier enfermedad, e incluso, está siendo utilizando por el Ejército Norteamericano en el Centro de Estudios Biológicos de Bioterrorismo en Fort Detrick, Maryland , para lograr una vacuna contra el mortal ébola.
Otra investigación realizada en Panamá se desarrolla con derivados de la planta china Qinghaosu (Artemisia annua), de la que se ha logrado obtener un derivado de la droga artesunate. Esta, al ser inyectada, logra que los parásitos que se encuentran en los capilares sean eliminados en cuestión de 12 a 24 horas. No obstante, según Obaldía III, dentro de unos años el parásito puede desarrollar resistencia contra esta droga.
Una droga similar y que también ha sido probada en el Gorgas es el ácido artelínico, demostrando la misma efectividad delartesunate.
La tafenoquina, derivada de la primaquina es otra droga probada primero en Panamá y luego en Africa dando muy buenos resultados. Según el investigador, esta droga al igual que el ácido artelínico, tienen una efectividad de curacion del 100%, por lo que se espera que en el 2005 sean comercializadas para América Latina y Africa.
Por otra parte, en enero de este año el doctor Obaldía III presentó por primera vez en Tailandia los logros de una investigación donde se revirtió la resistencia a la cloroquina de una cepa de Plasmodium vivax proveniente de Papua, Nueva-Guinea, mediante la combinación de la droga prochlorperazine (antialérgico) con la cloroquina, lo que la constituye en un hallazgo muy importante para la ciencia. El Plasmodium (parásito de la malaria) tiene unas 150 especies que atacan a los vertebrados, pero de éstas, sólo cuatro infectan al hombre (Plasmodium falciparum, Plasmodium vivax, Plasmodium ovale y Plasmodium malariae). De ellas, el Plasmodium falciparum y Plasmodium vivax son las más comunes.
Mientras la especie Plasmodium vivax causa infecciones debilitantes, recurrentes, pero raramente mata, el falciparum es más patógeno y es el causante de la mayor cantidad de muertes en el mundo, según explicó el científico.
En Panamá, el principal parásito es el Plasmodium vivax, que se encuentra en áreas de migración en las fronteras con Costa Rica y Colombia. Sin embargo, en Colombia y Darién hay mosquitos con cepas de Plasmodium falciparum, que es múltiple resistente a las drogas, especialmente a la cloroquina (droga convencional para combatir la malaria).
Obaldía III señaló que se han presentado casos en la periferia de la ciudad (Arraiján), debido a la migración de personas de áreas de Darién o indígenas de Bocas del Toro. Afortunadamente, dijo, el Ministerio de Salud actúa inmediatamente y los combate. Pero a pesar de ello, la amenaza de que se implante dentro de la ciudad existe.
De igual forma, por concurso, obtuvo el financiamiento de un millón de dólares del Instituto Nacional de Salud (NIH), de Bethesda, Maryland. Así, en total, las investigaciones que lleva a cabo desde 1996 tienen un financiamiento de 3 millones de dólares.
Señaló que este es un gran logro para Panamá porque es muy difícil para un investigador latinoamericano conseguir fondos internacionales, sobre todo, de esas instituciones.
Actualmente, está trabajando con un grupo de expertos australianos y norteamericanos con el objetivo de lograr un financiamiento de un millón de dólares del ejército australiano. El entrevistado indicó que si un investigador panameño trata de sobrevivir de fondos panameños, sólo va a conseguir, probablemente, la infraestructura, pero no el dinero para financiar el proyecto en sí.
Sentenció que para que un investigador pueda subsistir en Panamá y convertirse en principal en un proyecto, además de buscar financiamiento exterior, deberá llegar a una madurez, tener varios contactos internacionales y publicar artículos.
Señaló que Panamá no puede pagar los salarios de los investigadores, y es por ello que hay limitantes para poder competir en el ámbito internacional. En su caso, sus ingresos parten de los proyectos que lleva adelante.
Destacó que, aunque falta mucho para lograr que Panamá sea un país dedicado a las investigaciones, es esperanzador que se está avanzando, por lo que hizo un llamado al Estado para que vele por seguir ese camino.