Un viejo caserón sirve de cuartel de bomberos en San Miguel para atender las emergencias.
Son pocos los incendios o conatos que atienden y cuando les ha tocado lo han apagado con el apoyo de la comunidad, donde la mayoría de sus moradores se vuelven bomberos voluntarios que apunta de cubetas sofocan el fuego.
La falta de agua, sobre todo en horas de la tarde, y el problema con algunos hidrantes que no funcionan, son algunos de los inconvenientes que afrontan cuando se registra algún hecho.
El cuartel lleva el nombre de José Irene Muñoz, al igual que el colegio, en honor a un docente que perdió la vida en un naufragio en Guinea y quien dedicó su vida a servir a la comunidad e impulsó la labor bomberil en el poblado de San Miguel.