Aunque Ismael Cala durante 20 años fue profeta en su tierra, soñó con serlo fuera de Cuba. Cruzó el mar y conquistó audiencia en otros continentes.
Había sido “descubierto” cuando cursaba el IV grado. Bastaron cinco palabras para cambiar su futuro: “yo lo quiero a él”.Fueron pronunciadas por una conocedora, Gilda G. Alemán, de 78 años.
“Lo que soy yo, lo sembró esa mujer en mí a los ocho años”, afirma. Explica que ella era la directora de Programas Infantiles de la radio cubana y lo escuchó y le gustó su voz en una prueba de lectura, en uno de los Círculos de interés vocacional, especie de ferias para captación de oficios en las que participan los niños que se visten de médico, ingeniero, carpintero y actúan como si lo fuesen.
Así fue como empezó todo. Se le pidió permiso a sus padres para que lo llevaran de nueve a cinco los sábados, a la emisora, que estaba a seis kilómetros de donde él vivía.
Con todo y los problemas de transporte y la distancia, la madre de Ismael aceptó, lo cual él le agradecerá toda la vida.
Desde entonces él dejó de lado las pelotas, los bates, los camioncitos. Los reemplazó por cocos y cintas magnetofónicas, con los que aprendió a hacer efectos especiales en la emisora de radio.
“Desde los 8 hasta los 28 años, ininterrumpidamente hice radio. Crecí en una emisora de radio. Me decían ratón de emisora”, afirma.
Agrega que su padre era ingeniero químico y quería que él lo emulara. No pudo complacerlo. A los 17 años Ismael supo que su pasión estaba en la radio.
Se desempeñó con éxito en la radio y TV cubanas, donde era una figura reconocida, pero quería recorrer mundo y dejó todo para iniciar una aventura. Esa decisión le amplió su visión del mundo y su horizonte.
Pasó trabajo dos años y medio, en Canadá (Toronto), país que eligió para iniciar una nueva vida, pero se fortaleció, estudió periodismo, aprendió inglés, interactuó con gente de otras latitudes y adquirió un bagaje cultural que le ha permitido descollar como comunicador social.
Le faltaba dinero, pero tenía de sobra ganas de surgir, por cuanto recibió de buena gana todas las experiencias: dormir los primeros 15 días sobre la alfombra, rebuscar en la basura cosas que le pudieran ser de utilidad (como una TV, una mesita de noche y una zapatera); aceptar un sofá cama que le regaló un amigo y que casi le causa una escoliosis en la columna porque tenía un tubo atravesado y trabajar dos años como mesero.
“Era el peor mesero del mundo”, nos dice riéndose. Explica que como no sabía inglés no entendía el trago que le ordenaban, así que nadie le daba propinas. Pero él tragó saliva y siguió adelante, sin quejarse.
También fue cinco veces en Toronto a un centro caritativo donde le daban una bolsita con comida.
A los dos años retomó el control de su vida y volvió a la TV. Siempre tendrá una deuda con Canadá, a la que adoptó como segunda Patria, porque le dio la oportunidad de “recomenzar su vida, tener una educación, estudiar periodismo y producción de televisión, aprender inglés, insertarme en una sociedad cosmopolita, sentir que ya no era una persona que vivía en una isla y no conocía nada del mundo”.
Tenía 28 años entonces. Ismael Cala se siente orgulloso de sus raíces. “Soy un mestizo, hay África y España dentro de mí”, dice. Ya ha estado en España (sus tatarabuelos eran Canarios). Tiene pendiente visitar África.
De seguro lo hará, siendo como es, una especie de trotamundos, debido a que su trabajo le brinda esa oportunidad de viajar, conocer e interactuar con otras culturas, en América y otros continentes.
Ismael no cree ni en la astrología ni en la numerología. Pero, enfatiza que “Sí creo en que hay algo. Yo creo en Dios y creo en las fuerzas cósmicas”. Opina que el Dios que conoció siendo adulto es distinto al Dios castigador que le enseñaron a amar cuando era niño. Este, el de ahora, el que conoció después de los once años es un Dios más tolerante, menos rígido, que no necesita intermediarios, que no lo manda al infierno.
Cuando le preguntamos en una entrevista cara a cara con Dios que le preguntaría, Ismael respondió que “por qué se suicidió mi abuelo, por qué no hizo nada para detenerlo. Por qué se suicidó mi tío cuando yo tenía 17 años y por qué cuando yo tenía siete años le quitó un brazo a mi papá.”
Por otra parte, un excelente ejemplo de inclusión social es, a juicio del presentador de CNN en Español, Ismael Cala, el Concurso Nacional de Oratoria, porque permite que por su capacidad un joven tenga la misma oportunidad de participar y ganar dinero, bienestar y autoestima.
Expresó su agradecimiento a Cable & Wireless y que se siente honrado de ser jurado del certamen (cuya final es este domingo 30 desde las 7:00 p.m. en el Teatro Anayansi, ATLAPA ) y agregó que ojalá en cada país existiera un concurso tan respetado como este. Lo comparó con lo que es para Venezuela el Miss Universo.
A los periodistas que sólo quieran serlo porque piensan que esta profesión les dará dinero, fama, o porque les gustan las cámaras de televisión les aconseja dedicarse a otra cosa, porque el periodismo es una profesión donde se sirve a la sociedad y a la verdad y no a intereses personales.
Más datos
Le gustan los deportes, practica Yoga (90 minutos, 26 posturas, que repite, en una sala caliente), le encanta viajar, es virgo, apuesta por el periodismo objetivo, donde sólo hay lealtad hacia la verdad, por eso es que sus entrevistas no las edita.
No se niega a creer en la reencarnación, cree en el espíritu, que hay una fuerza interior. Cree en la ley de la atracción y la practica.
Aboga por una sociedad justa, tolerante, solidaria, donde todos piensen en el bienestar colectivo y trabajen en esa dirección.
Prefiere invertir en viajar, en turismo, que en ropa.
En el siguiente enlace, al hacer click, encontrará otros detalles de la entrevista de Ismael, donde encontrará impresiones sobre la intolerancia en nuestro mundo: (VER VIDEO)