El boxeador Guillermo Jones debía consumir dos tabletas diarias de un diurético para perder peso, pero el púgil ingería ocho pastillas, lo cual le causó trastornos en su salud y finalmente fue a parar al hospital.
Su entrenador Francisco Arroyo aseguró "que en esta cuadra nadie toma nada para rebajar de peso; cuando esa situación se presenta, los boxeadores trabajan el doble".
Según Arroyo, Jones miente.