La vida con sus complicaciones, muchas veces no es aceptada por todos, pero muy pocos reflexionan sobre la importancia de esforzarse para romper barreras.
Las personas con discapacidad son discriminadas continuamente, ya que algunos aseguran que no pueden ser tan eficientes como para realizar ciertos trabajos.
A sus 23 años, Rosaura Anabel Villarreal es un claro ejemplo de que querer es poder, y así es como ella describe la vida, "a pesar de mis limitaciones, siempre he dado lo mejor de mí para que todos vean que sí se puede", expresa Rosaura, quien nació sin sus dos brazos.
A pesar de esta condición, actualmente Rosaura labora en el departamento de Relaciones Públicas de la Policía Nacional en David, donde realiza despachos para los medios de comunicación social, y cualquier trabajo de oficina propia de una institución como ésta.
Muchos han quedado asombrados por la habilidad de esta chica de contestar teléfonos y escribir en computadora con sus pies.
"Entré a este departamento a realizar mi práctica profesional, ya al año me dieron el puesto, nunca imaginé que trabajaría con la Policía y la verdad aquí he aprendido mucho, y lo mejor de todo me he ganado el aprecio de mis compañeros", afirma
Rosaura cada mañana se arregla por sí sola. Su maquillaje es impecable, y es difícil para muchos creer que ella se arregla con sus pies. Para vestirse su madre la ayuda y también le arregla el cabello.
Su historia.
La historia de Rosi, apodo con el que la conocen sus amigos, se inicia cuando su madre tomó unas pastillas para su afección en los riñones, estando embarazada, situación que desconocía hasta que fue al doctor a chequearse unos dolores que tenía en el vientre; después de un mes, el médico le dijo que estas pastillas podían causar algún estrago en su embarazo. Este medicamento fue sacado del mercado.
"La sorpresa fue cuando nací sin mis dos brazos", comenta Rosi, quien a pesar de esto, desde muy pequeña siempre mostró interés por hacer las cosas, "usaba mis pies para jugar y agarrar todo lo que quería, nadie me ha enseñado a usarlos, sola aprendí".
A los tres años de edad, Rosaura viajó hasta los Estados Unidos para que le pusieran su primera prótesis, ésta la obtuvo en la Fundación para Niños Discapacitados Shiners, ubicada en Lousiana, Houston, la que desde ese entonces le dio continuidad a su caso hasta los 16 años donde la prótesis se la cambiaban cada dos años.
Su última prótesis fue donada por el Despacho de la Primera Dama hace cuatro meses, ella viajó hasta México, donde pudo comprarlas a un costo de 23 mil dólares.
Rosi es la segunda de cuatro hermanas, quienes la han ayudado y apoyado en todo momento. "No tengo queja de ninguna de ellas, mi madre siempre está allí".