Su familia afirma que Alexandro les dejó una enseñanza: "Luchar hasta lo último, porque a pesar del calvario que vivió con su enfermedad, siempre mantuvo la esperanza de que se recuperaría".
Alicia Camaño, su madre, espera que la dolorosa experiencia que ella y su familia vivieron, no se repita con otros panameños que padecen esta enfermedad. Su mensaje a las autoridades fue simple: "Por favor no dejen de comprar medicamentos". Incluso pidió que los que vienen en camino sean entregados a otras personas que los necesiten.
El calvario de Alexandro inició el 11 de junio del 2002, cuando fue trasladado al Hospital Santo Tomás. En diciembre del 2003, su familia empezó a solicitar a las autoridades de Salud la compra de los medicamentos.
En agosto del 2005 se le pidió ayuda a la doctora Cecilia Arango, jefa del Programa Nacional de Tuberculosis. La familia agregaba que el costo era muy alto.
Se mandaron otras notas a funcionarios de salud, pero nadie respondió. Incluso cuando este medio publicó la situación, se tuvo que enviar copias de las misivas al ministro de Salud, Camilo Alleyne, quien desconocía el hecho.