Nación

Jóvenes regresan a su patria


Con una mala imagen de Pakistán y sin gratos recuerdos, regresaron en la noche del pasado jueves, al Aeropuerto Internacional de Tocumen, los cuatro jóvenes panameños que estuvieron retenidos dos años en ese país, período en el cual vieron interrumpida su formación escolar y fueron mudos testigos de una gran cultura de corrupción oficial.
Abdul Hafiz Rashif Solís, de 15 años; Shayda Semya Rashid Solís, de 14; Claudette del Rosario Robles Solís, 22; y Genand Shanerys Alcántara Robles, 3, lloraron de alegría al ver a sus familiares panameños en la terminal aérea de Tocumen, dramático encuentro donde narraron las precarias condiciones y malos tratos que recibieron en Pakistán.
"La sociedad pakistaní es muy corrupta, no se respetan las leyes. Allá solamente basta con darle dinero a las personas para que te vendan o compren. Utilizan mucho la coima", manifestó Abdul Hafiz.
Aunque en estos momentos no tienen una religión definida, Abdul Hafiz indicó que todo el tiempo rezaron, lloraron y pensaron en Panamá, porque saben que hay un Dios y porque "no hay ningún país que sea mejor que el tuyo".
Calificó lo que les aconteció como una historia de novela y que en estos momentos no tiene nada pensado sobre su futuro, aunque le gustaría ser abogado para ayudar a su mamá en el futuro.
Abdul Hafiz antes de partir a Pakistán cursaba estudios en el Instituto Omar Torrijos Herrera de la ciudad de Santiago de Veraguas, pero nunca pensó que los dos años siguientes vería interrumpidos sus estudios.
Estos jóvenes fueron llevados de paseo a la casa de sus abuelos paternos en Pakistán, sin imaginarse que iban a ser retenidos por ellos, sin posibilidad de regresar al país, hasta que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Panamá intervino desde septiembre del año pasado, luego que su madre, Clementina Solís, solicitó su repatriación.
Según Abdul Hafiz, a un agente de inteligencia del gobierno su tío lo sobornaba, solamente le daba unas 200 rupias, o sea, 2 dólares y "se iba feliz, eso es una coima".
"Allá todo es corrupción, tú das dinero y ellos (los funcionarios) hacen lo demás. Nunca llevaron a una autoridad pakistaní a averiguar lo que nos pasaba", dijo Abdul Hafiz.
Para su hermana Shayda Semya, la experiencia vivida en Pakistán la ayudó a madurar porque estaba sola, sin su mamá, se sentía desesperada y con ganas de regresar al país.
Comentó que no tenían acceso a medios de comunicación, ni siquiera la televisión, pero que sí se enteraron, porque la gente lo comentaba, de la posibilidad de una guerra nuclear entre Pakistán y la India por diferencias limítrofes (Cachemira).
A pesar de los rumores de enfrentamientos a gran escala entre ambas naciones "no es algo emocionante para ellos, es un país tan diferente, raro", expresó Shayda Semya.
Contenta por su regreso a Panamá, Shayda Semya dijo que pretende seguir sus estudios y nunca más separarse de su familia, ni alejarse de su país natal.
"Me gustaría ser en el futuro una científica", manifestó Shayda Semya, quien junto a sus hermanos, madre y demás familiares, viajaron ayer a su casa en Santiago de Veraguas.
Su madre Clementina, todavía emocionada por el regreso de sus hijos a Panamá, declaró que lo primero que hará será matricularlos. "Han perdido bastante tiempo, vamos a tratar de recuperarlo, gracias a Dios son buenos estudiantes y sé que lo vamos a lograr", subrayó Clementina.
En el Aeropuerto Internacional de Tocumen también estuvieron presentes durante la llegada de estos cuatro panameños, el ministro de Relaciones Exteriores, José Miguel Alemán, el Defensor del Pueblo, Juan Antonio Tejada, y la periodista Marta Alvarado.
El ministro Alemán reconoció la labor del embajador de Panamá ante la India, Alejandro Garrido, de quien dijo "arriesgó su vida y con su propio dinero se trasladó a Pakistán donde estaban los muchachos para organizar todo lo relacionado con su salida hacia Londres y posteriormente a Nueva York, para de allí retornarlos a Panamá".


fecha edicion
old id
86346
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América