De acuerdo con el dirigente estudiantil del grupo Pensamiento y Acción Transformadora (PAT), Francis Muñoz, la manifestación pacífica de ayer, es una advertencia para el Gobierno de que los universitarios, independientemente de que no están en clases, aún recuerdan la "masacre" del 20 de diciembre de 1989.
El dirigente pidió al Estado que exija una indemnización para los familiares de los muertos y desaparecidos por esta invasión y que además, solicite la limpieza de los polígonos de tiro.
Los universitarios también gritaron consignas en contra del alto costo de la vida y en rechazo del anunciado aumento de la energía eléctrica, a partir del próximo año.
"Este es un mensaje para el mandatario Martín Torrijos de que los universitarios velamos los 365 días del año, por los intereses del pueblo panameño", indicó Muñoz, quien no descartó medidas más "drásticas" en los próximos días, si no se hace justicia para los muertos y desaparecidos por la invasión.
Por su parte Greta Ávila apuntó que el miedo y la penumbra se apoderaron, por casi seis horas del populoso barrio. "Mucho dolor, gente muerta, niños corriendo como locos, es algo que no quiero volver a vivir, ni se lo deseo a ningún país", acotó.
Lo que más lamenta son las secuelas psicológicas que se hacían evidentes en la miradas de los más pequeños quienes decían lo que sentían en ese momento: asombro, tristeza, temor y espanto ante una situación desconocida. "Tenían los nervios destrozado" narra.
"Yo vi a personas con los ojos fuera de su lugar, otros bajo las tanquetas militares, fue algo horrible que vivimos nosotros los de El Chorrillo, en aquella triste ocasión", añadió.
De acuerdo a Greta, en la actualidad no han hecho nada por ellos, ya que los dejaron a la interperie y sólo le dieron limosnas, para luego decirles adiós. Resalta que "los ladrones encorbatados" de aquel momento se quedaron con todo el dinero.
Greta Ávila no cree que el Panamá de ahora sea mejor que el de antes. "Hoy en día todo el mundo en este país tiene armas, hasta los niños, por lo que este país está peor que en el año 1989".
No obstante en su desgarrado corazón por aquella oscura etapa del país, luego de 16 años, nunca pensó que amaría tanto su barrio, país, amigos, vecinos y hasta su propia familia.
Si alguna enseñanza dejó aquella noche en los residentes de El Chorrillo es que algo se aprecia verdaderamente cuando se está en peligro. Es cierto, perdieron hasta la sonrisa, pero hoy poco a poco recuperan la fe, confianza, humanidad y el deseo de superarse.