Nación

Kathia no logra aceptar la muerte de su niño


Se niega a aceptarlo. Sólo el día anterior lo había vestido, le había preparado su desayuno y habían bajado juntos las escaleras de uno de los edificios Santa María en Tumba Muerto, como lo hacían a menudo, rumbo a una cita médica en la Caja de Seguro Social.
No llegaron muy lejos. La transitada vía, justo al frente de la Universidad Tecnológica, se convirtió en el lecho de muerte de "Giovannito", como lo recuerdan sus familiares.
Kathia Rosalía Guerra Vega, de 28 años, despertó ayer con la trágica noticia de que su único hijo había muerto en un atropello, del que ella, se salvó milagrosamente.
A la llegada de El Panamá América a la Sala 7 del Hospital Santo Tomás, este martes a eso de las 11:00 a.m., la joven madre se mantenía aún ajena al fatal destino de Giovanni, de 3 años.
Los médicos habían recomendado que su mamá, en compañía de una enfermera de Psiquiatría, notificara a Kathia sobre lo sucedido porque "podría reaccionar de cualquier forma".
Y es que más que agobiarla el dolor producido por las fracturas en su brazo y pierna, la trastornaba no saber qué había sido de su pequeño.
Poco después llegó Nery, madre de Kathia, sumida en llanto. Apenas lograba estar en pie. Ismael, su otro hijo, la sostenía de la mano intentando darle valor para el difícil momento al que se enfrentaría en breve.
La enfermera de Psiquiatría salió a su encuentro, mientras Ismael era consolado por el resto de la familia que hacía guardia en las inmediaciones de la sala.
Sus tías, sus tíos y sus primos se abrazaban y lloraban juntos. "Todos somos muy unidos", nos dijo Ilka Castañedas, una de ellos.
Saltaba a la vista. Habían viajado desde el sur de Veraguas, de Arenas, así como de Santiago, desde que les avisaron del atropello.
Juan Madrid, uno de sus primos y corresponsal de este diario, no dudó en corroborar lo dicho por Ilka. "Desde que nos enteramos salimos corriendo para acá. Algunos llegaron a la medianoche porque venían de muy lejos y hay lugares donde el transporte demora".

Pasaron varios minutos y no se oyeron gritos. Afuera, los familiares dudaban que ya la hubieran puesto al tanto, a pesar de que la mamá de Kathia y la enfermera entraron con ese propósito.
Sin embargo, ya sabía pero guardó silencio. Sus ojos miraban fijamente al fondo y sus labios permanecieron sellados. Parecía resignada.
Los médicos le proporcionaron un sedante para mantenerla relajada, pero la enfermera explicó a la familia que se trataba de una reacción normal y que las cosas podrían cambiar luego.
Nery salió de la sala desconsolada. Lloraba y se lamentaba por lo sucedido a su hija y a su nieto. La escena era conmovedora. Las palabras no lograban aliviar aquel sentimiento.

Kathia se preparaba para otro verano en la comunidad de Arenas. Después de la cita, en la que le harían unos exámenes de laboratorio a Giovanni por una infección en los oídos, viajarían a Veraguas, de vacaciones, como todos los años.
Kathia estudia Contabilidad en la Universidad de Panamá y le encanta la vida del interior. Giovanni lo aprendió de ella y disfrutaba cada minuto en Arenas.
Sus tíos lo describieron como "un niño inquieto, muy inteligente y muy cariñoso. Se alegraba mucho cuando nos veía".

 
Para la tarde, luego de reaccionar a los sedantes, Kathia se mostró incrédula. Preguntaba descontrolada por Giovanni y repetía: "traíganme a mi hijo, quiero verlo.. tiene hambre, tiene sed".
Según explicó una enfermera consultada, quien prefirió reserva, generalmente cuando una persona pierde a un familiar muy cercano se registran "reacciones de duelo" que forman parte de un proceso que conlleva sentimientos diversos: incredulidad, negación, enojo.
La recuperación es paulatina y se requiere del apoyo de los familiares para que se acepte lo sucedido, porque "el dolor no se elimina".
Pero, ya no había forma de complacer a Kathia. No volverá a ver a su hijo, al menos con vida y por su estado, tampoco logrará despedirlo en la Iglesia Santa María, donde se realizará hoy la misa.
"Cómo explicarle que su niño lo atropellaron. Ojalá que esa persona aparezca porque lo que hizo no tiene nombre", coincidieron todos, en una que otra palabra. Mantienen la esperanza de que se haga justicia en nombre del pequeño Giovanni.

Una joven de 17 años podría ser la responsable del fatídico atropello que se produjo el pasado martes en la vía Ricardo J. Alfaro y que cobró la vida del niño Giovanni, de tres años, y mantiene en estado delicado a su madre, la joven de 28 años, Kathia Guerra.
Ayer, la dirección de Tránsito de la Policía Nacional halló en una residencia ubicada en La Alameda, el vehículo BMW blanco que atropelló a Guerra y a su hijo, ambos residentes en los edificios Santa María, ubicados en la misma calle donde ocurrieron los hechos.
Según informes policiales, las autoridades ubicaron el BMW luego que una fuente anónima reportó que el auto fue estacionado en la vivienda en muy malas condiciones, luego retirado y regresado a las horas, con todas las reparaciones. Para no ser identificado se había retirado la placa.
Unidades de la dirección de Criminalística de la Policía Técnica Judicial (PTJ) procedieron ayer a realizar los exámenes periciales al vehículo y se comprobó que parte de la carrocería afectada por el impacto del atropello, incluyendo el parabrisas, fue reemplazada para ocultar cualquier evidencia.
Las lámparas delanteras, al igual que las defensas y la tapa del motor mostraban indicios de haber sido retocadas en un taller de chapistería. Incluso, se determinó la presencia del llamado "compom", utilizados en talleres para borrar rayaduras, generalmente de choques.
El vehículo fue llevado a los talleres de la Policía Nacional para examinar si en su parte posterior se conservaban rastros de sangre, pero se conoció que no hallaron nada.
Por lo rápido con que se reparó el vehículo, las autoridades no descartan que la menor haya contado con la complicidad de sus familiares.
La presunta responsable, atropelló a Kathia y a su pequeño Giovanni, de tan solo tres años de edad, cuando éstos cruzaban la vía por la línea de seguridad y con la anuencia de un conductor que les había cedido el paso.
Cuando la menor intentó rebasar al vehículo que se había detenido, golpeó con tanta fuerza a Kathia que la elevó por los aires y la arrojó a 40 metros del sitio inicial de im


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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