Washington- El rechazo por el Senado del tratado que prohíbe las pruebas nucleares, así como las denuncias de que la reversión del Canal a Panamá podría poner en peligro la seguridad hemisférica demuestra hasta qué grado la guerra política entre el presidente Bill Clinton y el Congreso están influyendo y marginando a las relaciones exteriores.
Esta situación fue denunciada por el connotado ex canciller Henry Kissinger en un extraordinario discurso en el que criticó a sus copartidarios por el grado de "irresponsabilidad" al que han llegado en su oposición a Clinton.
Para encontrar una humillación política semejante propinada a un presidente hay que remontarse a 1919 cuando el Senador rechazó la propuesta de Woodrow Wilson para que aprobara el Tratado de Versailles y la creación de la Sociedad de Naciones.
Pero la oposición a Clinton rebasa con mucho el ámbito del Tratado de Prohibición Completa de Pruebas Nucleares (TPCPN).
Los núcleos más conservadores de los legisladores republicanos también han convertido en botín a los Tratados Torrijos-Carter, maniobra que ha provocado las críticas de Kissinger, que fungió como secretario de Estado durante las presidencias de Richard Nixon y Gerald Ford.
Estos núcleos han esgrimido que la licitación ganada por una compañía mundialmente famosa de Hong Kong para operar dos puertos cerca del Canal representa no solo una amenaza a la vía interoceánica sino a la seguridad de todo el continente americano.
"Es necesario que en estas pugnas de política interna no inventemos imaginarias influencias foráneas que presuntamente amenazan la seguridad del Canal", apuntó en un discurso el viernes en un almuerzo de la "Semana Panameña", organizado por el Consejo Empresarial Estados Unidos-Panamá.
Esa misma noche en el baile de gala que clausuró el programa, Robert Pastor, asesor de Jimmy Carter, leyó una carta del ex presidente que exhortaba al pueblo estadounidense a "sentir el mismo orgullo por la transferencia del Canal como el que tuvieron por su construcción".
En su discurso ante altos funcionarios estadounidenses y panameños, Kissinger se encaminó decididamente a darle una lección de historia y probidad a un Congreso que pareciera se hubiera olvidado de ambos.
El acto se realizó en el salón de banquetes del Ronald Reagan Federal Building, el flamante edificio de concreto en estilo posmoderno, en presencia de los dos vicepresidentes, Arturo Vallarino y D. Kaiser Bazán, los miembros de la Comisión del Canal y el vicecanciller Harmodio Arias, más unos 700 empresarios de ambos países.
"Para ser consecuentes con nuestros ideales democráticos fue absolutamente necesario que Estados Unidos gestionara la devolución del Canal", manifestó. "Y puedo afirmar con completa certeza que la evolución de las relaciones hemisféricas hubieran sido mucho menos benignas si no hubiésemos tomado esa orientación".
A continuación el ex canciller desarrolló la historia de las negociaciones, desde su viaje a Panamá en 1973 para iniciar las conversaciones con su homólogo panameño Juan Antonio Tack, hasta su terminación con la firma de los tratados por el presidente Carter. A través de su presentación, Kissinger enfatizaba el carácter bipartidista de las gestiones, así como la "loable paciencia del pueblo panameño mientras tomábamos nuestro tiempo en crear las condiciones para que los tratados fueran aceptados por ambos partidos en el Congreso".
Para subrayar la diferencia entre las acrimoniosas relaciones que existen hoy entre la Casa Blanca y la actitud que él dice haber retenido desde el periodo cuando fue secretario de Estado, Kissinger señaló que a pesar de tener diferencias con Clinton en muchos aspectos de política nacional, lo acompaña no solo en sus esfuerzos por cumplir con los Tratados Torrijos- Carter, sino también en lo que respecta a la política de apertura hacia China Comunista, el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas y el NAFTA.
Tanto por el tono y la sustancia de sus alusiones a Panamá muchos asistentes quedaron con la impresión de que Kissinger está a favor de que Clinton concurra personalmente a la ceremonia de la entrega del Canal el próximo 14 de diciembre.
Preguntado por este corresponsal, el ex canciller y Premio Nobel de la Paz, declaró: "Me parece que sería un lindo gesto".
Sin embargo, Thomas "Mack" McLarty el ex enviado especial de Clinton para Latinoamérica, insistió en que el primer mandatario aún no ha decidido si puede ir. "Sé que el presidente quisiera ir, pero aún no está claro si su programa se lo permite", confió a El Panamá América.
Por otro lado, Kissinger se mostró partidario de que Estados Unidos aporte una ayuda a la limpieza de los explosivos sin detonar que quedaron en las bases militares que revirtieron a la soberanía panameña, lo que algunos consideraron como un estudiado espaldarazo a la agenda de la presidenta Mireya Moscoso en su reunión el próximo martes con el presidente Bill Clinton, Kissinger.
"Hay temas que quedaron sin resolver, como por ejemplo los que afectan el medio ambiente por lo que es importante que Estados Unidos debe ayudar a la solución de los problemas a los que ha contribuido", declaró ante un público panameño enterado que le dio una cerrada ovación.
Aunque el viernes en la tarde la Casa Blanca y el gobierno panameño emitieron el anuncio oficial de la visita de la presidenta Moscoso a la Casa Blanca el 19 de octubre, aún no ha salido un programa definitivo de la visita que durará apenas dos días.
El único acto social del que se enteró este corresponsal es una cena en casa de Francisco Aguirre, copropietario del periódico Las Américas de Miami y un viejo amigo de la mandataria panameña.
Aunque la sustancia de la presentación de Kissinger fue una dura denuncia del alejamiento de los republicanos del bipartidismo en cuestiones fundamentales que el ex canciller considera esencial para una política exterior coherente con las necesidades de fin de siglo, su tono estuvo marcado de un fino humor, porque este político sabe reírse de sí mismo.
Por ejemplo, relató su primer acción como secretario de Estado en Latinoamérica fue el viaje que realizó a Panamá para reunirse con Tack, siguiendo la recomendación de William D. Rogers, quien en ese entonces era secretario adjunto para Asuntos Latinoamericanos.
"Por cierto me había olvidado de que Rogers era Demócrata e ignoraba las pasiones que el tema del Canal despertaba en ambos países. Por un tiempo pensé que sus consejos eran parte de un complot demócrata pero al final el viaje a Panamá me sirvió para unir al país, ya que fui atacado con igual dureza por las izquierdas así como la derecha".
Tampoco pudo resistir llamar la atención a la presencia del general Barry McCaffrey y a los comandantes y oficiales del Comando Sur para recordar que "las negociaciones más difíciles que yo recuerdo con respecto a la devolución del Canal fue con nuestro propio Pentágono".