Nación

Kunas cambian redes por pacas de cocaína

Los indígenas se quejan de la poca vigilancia policial y aseguran que esto permite actividades ilícitas.


LOS INDÍGENAS de la comarca Kuna Yala han abandonado el comercio de coco, la pesca, la confección de molas y el turismo para esperar que las olas del archipiélago les traigan noticias.
Enormes pacas de cocaína son encontradas constantemente en el mar por hombres y mujeres, quienes luego la venden, resultando una actividad económicamente más rentable.
Eso le ocurrió al pequeño Olmos. Una vez, parado frente a la playa, vio la que creía que era una "enorme tortuga".
"Papá, mira.. es una tortuga", le gritó Olmos a su padre. El señor no tardó en averiguar que era cocaína y rápidamente la vendió a un gringo dentro de la comarca por B/. 17 mil. Eran 19 kilos.
Ese indígena kuna sirvió como guía a Panamá América durante el recorrido por senderos escabrosos de Ustupu, una de las islas.
En Kuna Yala todo indígena sueña con encontrarse un bulto de cocaína, lo que llaman el "oro blanco". No les importa que se trata de un delito, siempre que les funcione para salir de la extrema pobreza.
Cuenta el guía de nuestra historia que apenas tomó el bulto aquel comenzó a temblar, ya que tenía miedo de que lo arrestaran los dos policías que custodian el área.
Pero, sacó fuerzas y en dos días comercializó la ilícita mercancía debido a que dentro del archipiélago hay gringos y colombianos que demandan la droga.
"La mitad se la vendí a un gringo y la otra parte a los colombianos que nos vienen a comprar el coco", revela el padre de Olmos, un señor que supera los 50 años.
Y es que en esta parte del país, la venta de coco parece ser la fachada de la ruta ilegal de la coca y sus derivados.
El guía pensó en ese momento que su estilo de vida cambiaría, aunque la felicidad le duró poco. Un vecino indígena, por envidia según él, lo denunció ante las autoridades.
De inmediato le allanaron la casa, pero con algo de tiempo y astucia escondió el dinero entre pescado, caracoles y las pencas de su viejo rancho.
Hoy día cuenta con B/. 10 mil, ya que gastó B/. 7 mil en comida, alcohol y otros deleites. "Con todo ese dinero no quería ir al monte, por lo que compraba la leña y los cangrejos".
Los B/.10 mil que le quedaron los destinó a la educación del pequeño Olmos, para enviarlo a Panamá, narró el padre de familia sin aparente sentido de culpa o arrepentimiento.
  • Los colombianos viajan todas las semanas a Kuna Yala y pueden circular por la zona para cobrar sus cuentas hasta las 5: 00 de la tarde, luego de allí deben regresar a sus gigantes embarcaciones como lo establecen las leyes de Congreso General Kuna.

  • Esas mismas normas no dicen que las indígenas no puedan pasar luego de las 5: 00 p.m. a las naves de los colombianos.


Kuna Yala es una zona rica en flora y fauna, con un espléndido mar, hoy día se ha convertido en punto de paso para la droga.
En comunidades como Mamartupo, Wichi Huala, Río Sidra, Ustupu y otras, según autoridades de la comarca, es donde se maneja la sustancia ilegal, que generalmente es vendida.
Pero, esta triste realidad va más allá. Los maestros y autoridades de salud dicen que les han comentado sobre casos en los que utilizan a los niños y niñas para el tráfico de drogas.
Esto fue confirmado por un indígena de nombre Pedro, quien explicó a Panamá América, cómo trasladan la droga desde la comarca en avionetas hasta el Aeropuerto Marcos A. Gelabert para luego venderla.
Los niños son mulas o medios claves. Muchas veces sin saberlo llevan en sus manos canastas o tanques de pescados y cangrejos, cargados de droga.
Sudando por el sofocante calor, Pedro aseguró que el mejor método para transportar la cocaína es llevarla entre cangrejos, debido a que los "guagas", como llaman a los latinos, tienen miedo de tocarlos.
"A muchos niños y niñas Aduana no los revisa, incluso a los adultos", resalta.
Lo que Pedro contó a este medio, en el mismo momento que escuchaba una canción de despecho en un viejo restaurante del abandonado archipiélago, lo avisó la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su informe titulado "Trabajo Infantil y los Pueblos Indígenas: El caso de Panamá".
El estudio de OIT señala en uno de sus puntos: "Los resultados de los trabajos de grupo, que tenían como objetivo la detección de trabajos y zonas en las comarcas y comunidades indígenas con alta incidencia de trabajo infantil en sus peores formas, ha dado resultados alarmantes, ya que al parecer, poco se sabía de la existencia de niños empleados en la venta de drogas (comarca de Kuna Yala)". Esa información fue dada por el Congreso General Kuna y la Coordinadora Nacional de Mujeres indígenas de Panamá-CONAMUIP.
Pero, ellos no están solos. Desde el golfo de Urabá llegan grandes embarcaciones de comerciantes colombianos quienes se convierten en los grandes socios de los indígenas kunas.
Ellos cambian mercancía de contrabando en diferentes islas de San Blas, por coco, ya que son conocidos como los mejores y más enormes del Caribe.
Tanto para los indios como para los colombianos, en sus palabras, ganan más con la coca. "Tres racimos grandes de coco dejan unos cuantos dólares que no alcanzan ni para los gastos de la familia".
Segunda y última entrega


fecha edicion
old id
281299
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América