Nación

La agonía del padre de una guerrillera


Por una incursión ilegal a territorio panameño, Gladys Goes Varela fue detenida en junio, y a finales de septiembre deportada a su país, acusada de pertenecer al Frente 57 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Su padre Antonio, de 51 años, se resiste a creer que ella decidió este destino. Antonio Goes Varela no se imagina cómo una niña buena se pudo convertir en irregular. Paradójicamente, es uno de los cientos de desplazados que la violencia armada en Colombia han obligado a refugiarse en suelo panameño.
El, como padre, la cree y la siente inocente. Su dolor logra un repentino alivio, si se convence que por error las autoridades panameñas confundieron a su hija, Gladys Goes Varela, con una guerrillera colombiana, por lo que fue deportada a su país de origen. Paradójicamente, la presencia de insurgentes en el vecino país de Colombia, provocó hace cinco años, que Antonio de Jesús Goes abandonara el municipio de Hunguía, en busca de sosiego. Es uno de los tantos desplazados que se encuentran en la fronteriza provincia de Darién.
Hoy, las amenazas de las que ha sido víctima, luego que estallara el caso de Gladys y el peligro que a cada minuto corre su seguridad, impiden revelar su ubicación. El no ha sabido nada de su hija desde que el Gobierno de Panamá autorizó su deportación, hace dos semanas. Antonio, de 51 años, se dedica a las labores agrícolas. Aunque es poco de lo que dispone, mostró orgulloso la cosecha de arroz, lograda con la ayuda del mayor de sus cinco hijos, Dahiro, de 15 años y que según su maestro, Reymar González, "es el mejor de su clase".
Su contextura delgada, especialmente las piernas, le valieron el apodo de "Pata de lata". Su elocuencia no le permite ocultar el acento que los años fuera del suelo natal, sólo han apaciguado. Cuatro varones, una simpática niña y la que actualmente es su compañera, María Elena Urrego, escucharon atentos cada segundo de la entrevista y en el caso de la última, las añoranzas de aquella pequeña que ella crió, a pesar de no ser su hija, revolvían un sentimiento desgarrador.
"UNA NIÑA OBEDIENTE"
Cuando Antonio abandonó su terruño, tenía ya nueve años de no conocer el paradero de Gladys, sin embargo, conservaba los recuerdos de su infancia; de los días que pasó junto a ella. "Gladys se fue a vivir con nosotros desde los seis años", recuerda Antonio, mientras María Elena, con mirada fija, asienta con la cabeza. El apego de la muchacha, hoy de 28 años, a su progenitor y su madrastra fue tal, que a los seis años prefirió estar con ellos y no así con su madre Gilma Rosa Varela, quien vivía en Apartadó, y su hermana menor Omayra, también hija de Antonio.
"Ella era obediente, era buena, yo la quería mucho", expresa María Elena, y luego de una pausa, prosigue, "era como una hija para mí"... Su padre no tiene dudas de ello. "Siempre le enseñamos buenas cosas, no salía si no era con nosotros, ni siquiera le conocimos novio", aclaró de inmediato, ante los rumores de que Gladys mantenía una relación sentimental con un comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) al momento de ser detenida.
Justamente a María Elena le tocó verla por última vez. Aquella tarde, hace 14 años, la adolescente que había aprendido a llamarla mamá, sólo le comunicó que viajaría a casa de su abuela en Medellín, "a visitarla". Coincidentemente, tenía 14 años de edad. "Yo qué podía decirle. Ella se fue y supimos después que estaba con una prima", sostiene y sus ojos pierden de momento el brillo y se nublan por el llanto que había contenido hasta entonces. Varios años después les envió dos fotografías, lo único que conservan hoy de ella.
UNA NOTICIA FUNESTA
Y como dicen: "lo malo siempre llega a saberse". Al principio sólo sabían que había sido detenida una muchacha "por guerrillera", "pero yo no relacionaba el nombre con el de mi hija", señala "Pata de lata". Aquejado por una enfermedad viajó a la ciudad de Panamá, donde le dijeron que, en efecto, se trataba de su Gladys, a la que creía lejos, "tal vez casada y usted sabe mi"ja, mi apellido no es común por estos lados, así que seguro era ella". Un sargento lo confirmaría luego: "nosotros la agarramos".
Pero la carga de Antonio y María Elena va más allá de no saber dónde fue llevada su hija luego de ser deportada. Para entonces la pesadilla apenas empezaba. Ahora se les tildaría "de contacto con la guerrilla" y las advertencias de "cuidado", de las autoridades, podrían sonar más a amenazas.
Pese a que Gladys, esta vez en medio de su detención, estaba más cerca que antes, Antonio no pudo verla, porque por su estatus - refugiado temporal - no puede salir del sitio donde vive, sin embargo, recibió una carta que deja constancia de una hija arrepentida en busca del perdón de su progenitor, aunque él jamás hubiese dudado de su inocencia.
"Estoy muy preocupada porque no sé lo que me va a pasar, si los voy a volver a ver o no", escribió Gladys durante su encierro. Con una ortografía deficiente, pero cargada de nostalgia, en un papel arrugado por haberse mantenido celosamente guardado entre las páginas de una libreta, Gladys expresó: "Me siento muy sola enfrentando este problema".
De pronto, un lapso de ira parece haber envuelto a la joven y un reproche ocupó las siguientes líneas. "Usted no ha sido capaz de escribirme, el único que se preocupa por mí es Rubén". Al preguntársele sobre la identidad de Rubén, un gesto de asombro precedió a un "yo no lo conozco, pero creo que se trata de un esposo que ella tenía", sin embargo, la profunda herida que clavaron estas palabras en el corazón de Antonio eran evidentes.
Gladys siguió: "Rubén es el único con el que cuento, aunque sea dándome ánimos, aunque eso ya no importa porque usted está en otro país y ya todo es más difícil", al tiempo que le pidió a su papá que le enviara el número de teléfono de un tío en Medellín para hablar con él cuando la deportaran. Mientras leíamos la nota, Antonio se llevaba las manos a la cabeza, apesadumbrado por una tristeza de la que quizás no se libere en muchos años.
¿DONDE ESTA GLADYS?
Lo cierto es que


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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