Nación

La arquitectura panameña no tiene fronteras


Hoy se celebra en el planeta, el día mundial de la arquitectura, y Panamá es testigo desde su propia perspectiva, historia y realidad, de las profundas transformaciones que viene sufriendo el hábitat, su entorno, en las ciudades del planeta.
La ciudad de Panamá, no escapa de esta observación, de las ventajas, negligencias, temores y "modernidad", que sufre cada día uno de los mayores inventos humanos: la ciudad. Terreno único, sitio fértil para nuestras relaciones, lugar de convivencia, la ciudad crece como un gran chicle, siempre a punto de cortarse o extenderse un poco más hacia arriba o en pos de la conquista de un espacio vacío.
El Panamá América no ha querido dejar pasar la fecha sin referirse al tema de la arquitectura, de cual todos somos testigos y actores. Para ello hemos incluido las declaraciones y el enfoque acerca de la profesión de un arquitecto panameño, que construye cada día la nueva Panamá.
La arquitectura es la menos ajena a cuanto está sucediendo en el vertiginoso mundo global y se abre, como muchas mercancías, negocios relacionados con las finanzas, la información, a este estallido de las comunicaciones que nos conecta con la más lejana, próxima capital o sitio en el planeta.
Como pocas veces, quizás única en la historia de la humanidad, la arquitectura estuvo más expuesta que ahora a la contaminación, mixtura y a un múltiple entrelazamiento de culturas y paisajes y materiales, que señalan un derrotero sin fronteras.
Esta es la filosofía del VIII Congreso Nacional de Arquitectura, concluido recientemente en ciudad de Panamá, con la participación de países de Asia, Europa y el hemisferio americano, y del mensaje de fondo del arquitecto Ignacio Mallol III, a los futuros profesionales y a las 600 personas que asistieron a su inauguración.
Mallol, quien agradeció la designación de la Sociedad de Ingenieros y Arquitectos (SPIA) como Presidente Honorario del congreso, reflexionó sobre sus más de 20 años de profesional y concluyó que durante ese tiempo, ha ejercido con amor, honestidad e intensidad una profesión que la consideró la mejor del mundo, donde se realiza plenamente cada día.
En su mensaje dirigido a los futuros y jóvenes arquitectos, Ignacio Mallol, quien cree en la libertad del hombre frente a la obra que construye, instó a los estudiantes de la Universidad de Panamá y de la USMA, a "creer también más en nuestra profesión que en el dinero, porque en lo que hacemos con entusiasmo y transparencia está nuestra felicidad".
La vida viaja aceleradamente y ello es peligroso para el arquitecto, quien debe reflexionar y pensar en todo momento, para hacer una obra digna, acotó.
Es conocido como el arquitecto global por sus proyectos transfronterizos, allende el istmo, su visión y práctica de una arquitectura sin fronteras, alejada de los istmos, inserta en una época que busca su propio lenguaje, donde no existen verdades totales, sino búsqueda reafirmada en el contacto diario con la obra y su entorno, como de la dimensión de cada una de sus posibilidades.
Vivimos nuevos tiempos, dijo Mallol ante el VIII Congreso Nacional de Arquitectos, debemos probar la arquitectura de todo este siglo, y a mi modo de ver, Le Corbussier señaló una ruta, la arquitectura internacional, y hoy, varias décadas después, la globalización le da la razón al maestro franco-suizo, en oposición al regionalismo.
Ya no sabemos, precisó, dónde está la nueva arquitectura, porque cada día se expande más, y si esta ciencia y arte cada vez se generaliza más en su enfoque, el arquitecto actual, le pertenece al mundo, enfatizó Ignacio Mallol.
Dijo Mallol, en parte de su emotiva alocución, que la responsabilidad de tener una ciudad bella, confortable, vivible, funcional y estéticamente habitable, les pertenece a ustedes y a todos los arquitectos, porque la ciudad está en nuestras manos, si los que la dirigen nos lo permiten.
En su intervención docente y amical, conversación franca con las cosas sentidas de su profesión, el arquitecto panameño Ignacio Mallol sostuvo que la arquitectura se lleva adentro, es una formación que no se puede, ni debe abandonar, y nuestro trabajo, sugirió, debemos realizarnos como si no cargáramos peso alguno.
En compartir estos tres días con los arquitectos visitantes de Estados Unidos, India, España, Costa Rica, Puerto Rico, Brasil, México, está la clave del éxito de este VIII Congreso, subrayó, el que fue abierto, sin fronteras, una ventana para ver el mundo desde una nueva perspectiva.
"Preparémonos para un debate global con firmas internacionales -instó Mallol a la audiencia- tratemos de construir una arquitectura en armonía con el mundo y confraternicemos nuestro espíritu con nuestra profesión".
Sin duda, la arquitectura atraviesa por un verdadero síndrome de autenticidad y de pertenencia, en no pocas oportunidades, y muchas veces empujada por el mercado demandante, y al igual que en otros temas, se le abren grandes interrogantes al hombre de fin de siglo.
Panamá fue la capital de la arquitectura durante tres días, donde hubo propuestas y debates, críticas, reafirmaciones, búsqueda, inquietudes y se dio un vistazo a la arquitectura de siempre, la que se renueva en sí misma, la moderna, postmoderna, ecléctica, a lo que se hace hoy en otros continentes, a la mítica Barcelona, a nuestra Panamá, enfatizó Mallol.
Quedan enseñanzas para todos sin excepción, visitantes y panameños, estudiantes, para la arquitectura del siglo XXI, al cual ya ingresamos-sostuvo Ignacio Mallol- y que pareciera que lo hacemos de manera titubeante, porque la arquitectura es búsqueda incesante.
La SPIA, los arquitectos panameños, estudiantes y Panamá, hemos cumplido, dijo Mallol, una jornada más en la dirección correcta de nuestro "oficio mayor", la arquitectura, que no es otro que el confrontar ideas y proyectos bajo el alero indiscutido del diálogo franco y profesional.
Sin Fronteras es más que un término acuñado al paso, en este istmo de tránsito y rutas o una frase para jaquear corrientes, escuelas o ismos. Sin fronteras no es la moda que hoy nos acomoda, ni dos palabras mágicas, que no dejan de tener sus propias alas. Sin fronteras pareciera ser la negación de algo, pero invoca más a la negación de los límites, a una suerte de oxígeno mundial, un sitio donde no existe el horizonte.
Sin Fronteras fueron hace dos mil años, Alejandría, capital de Egipto, Córdoba, España, hace mil años y hoy Nueva York, Estados Unidos cumple ese papel, como bien señala el National Geographic, aunque las dos primeras fueron faro, "jardín de los frutos e ideas" de tiempos ya idos, y la gran manzana conoce el oficio de la publicidad y la imagen, como pocas.
Sin embargo, en el siglo XII, se dijo: "El hombre que encuentra dulce su patria no es más que un tierno principiante, aquel para el cual toda tierra es como la propia es ya un hombre fuerte; pero sólo es perfecto aquel para el cual todo el mundo no es más que un país extranjero".


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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