"Es triste cuando tú realizas una labor social y no recibes el apoyo", comentó en tono decepcionado el reverendo, quien a pesar de los obstáculos, no se da por vencido.
Panamá América hizo un recorrido por la Casa del alfarero, nombre que se le ha asignado a este albergue.
En este lugar se observó cómo las personas tratan de salir de los vicios de las drogas y el alcohol, además de que hay familias que tratan de superarse y tener una vida con un mejor futuro. Pero son evidentes las necesidades que se tienen en el lugar, ya que se trabaja con las uñas.
Frazadas, colchones, alimentos secos como arroz, harina y otros, son algunas de las peticiones que citaron los internos mencionaron que cualquier interesado en apoyar esta obra puede comunicarse al 661-5893. La ayuda es necesaria porque estas personas por lo general provienen de estratos humildes y no se les cobra por la estadía en el campamento.
¿Pero, cómo se mantiene este centro de rehabilitación? Pues bien, el pastor Pacheco y las personas que están dentro del programa, se las arreglan para sufragar todos los gastos que requiere mantener este lugar.
Ellos se dedican a la venta de cloro y desinfectantes en diferentes comunidades del distrito capital. Las responsabilidades son compartidas. Mientras los hombres salen a las calles a vender los productos, las mujeres se quedan en el campamento a realizar los oficios domésticos. El objetivo es que no sean una carga para la sociedad ni para sus familias", indicó. Además de las ganancias que son utilizadas para los gastos del centro, los vendedores reciben una ayuda económica por su colaboración.
En la Casa del Alfarero están recluídos 56 personas entre hombres, mujeres y niños.
Este lugar, ubicado en el corregimiento de Alcalde Díaz, cuenta con cocina, dormitorios, capilla y un terreno donde se disfruta de paz.
Para el pastor Raúl Pacheco, el problema de las personas que caen en las drogas y el alcohol, tiene su origen en la familia, ya que se desintegra a menudo.