ESTA NO es una historia de amor. Es el relato de una aventura que dos amantes furtivos vivieron en una comunidad que se expande en la ciudad de Panamá y que no necesita de letreros ni de campañas publicitarias para anunciarse.
Las luces de neón, los nombres sugestivos y hasta la decoración lo hacen todo para atraer a quienes necesitan espacio para escaparse entre sábanas de ilusión y compartir momentos íntimos en los que actualmente se añaden artículos y equipos que incrementan la fantasía, cual "parque de diversiones para adultos".
Llámense moteles, casas de alojamiento temporal o mejor conocidos como "push button", las parejas se pierden en este mundo anónimo, de secretos y discreción en el que abundan los que no tienen nombre y que se hacen los ciegos, sordos, mudos y hasta locos al atravesar la puerta de un garaje, que una vez tocado el timbre y cerradas las compuertas desata más que un mundo de pasiones y fantasía, porque mientras dos se demuestran cariño un centenar de personas labora tras bastidores, caminan y corren entre corredores llevando sábanas o trasladando licores para garantizar que la estadía de sus clientes sea además de grata y placentera, segura.
Motivados por el relato del "Sr. Gálvez" y su pareja, Panamá América realizó un recorrido en las "casas de alojamiento temporal" -como indica su patente de registro ante el Ministerio de Comercio e Industrias- más reconocidas con la finalidad de descubrir cómo operan y qué hacen para garantizarle a sus clientes la seguridad y respeto a la intimidad que piden.
Esto, porque abundan las leyendas urbanas, y las historias de amantes en apuros secretamente son comentadas, y no es para menos si según estadísticas de la Asociación Iberoamericana de Panamá (ASIPA), agrupación a la que pertenecen los "push botton", hay más de 20 locales que operan como una comunidad secreta en la ciudad capital y se incrementa su número.
Sin tabúes, Alejandro Alonso, representante de ASIPA, señaló que los locales que pertenecen a la asociación se rigen bajo los más estrictos estándares de seguridad e higiene como lo exige el Ministerio de Salud, el Municipio de Panamá o San Miguelito y la Oficina de Seguridad del Cuerpo de Bomberos.
Indicó que no resulta fácil montar este tipo de negocios, ya que hay que cumplir con una serie de parámetros para garantizar la privacidad, tranquilidad y seguridad de los clientes , hasta ocultar su identidad.
Por ello se han esmerado en hacer de estos locales "fortalezas de amor seguras" en la que no se escatima en colocar sofisticados dispositivos de seguridad como cámaras en el área administrativa, detectores de humo, censores de calor y movimiento, y para sorpresa los locales están inscritos en servicios de emergencia médicos privados para salvaguardar la vida de sus clientes.
Era lunes y pasadas las 7 de la noche. Culminado el encuentro amoroso y por la prisa que ambos tenían por regresar a sus respectivos hogares, el "Sr. Gálvez" y "Lorena" decidieron llamar a la recepción de la "Casa del Amor" para retirarse.
Había prisa, porque era tarde. Y como de costumbre con la misma velocidad que fueron recibidos, así mismo, y en menos de dos minutos, fueron despachados del nido de amor.
Una vez se elevaron las cómplices compuertas del dormitorio, todo cambió. El auto del "Sr. Gálvez" no quiso arrancar, al paso que el reloj aceleró su recorrido y se hacía tarde.
¿Qué hacer, cómo salir, a dónde llamar? Era evidente que ni el Chapulín Colorado los podría rescatar y que había comenzado una emergencia de amor.
Lamentablemente tenía que prevalecer la discreción, porque así como ellos llegaron entraban constantemente "las parejas" en busca de una cueva donde esconderse.
Por suerte un curioso dependiente decidió solidarizarse y como pudieron empujaron el vehículo en medio del jardín porque la recepción los obligaba a salir.
"Lorena", más controlada que el "Sr. Gálvez" solicitó un teléfono, pero ya estaban fuera y las llamadas no eran permitidas y para colmo, el dependiente se esfumó.
Había que enfrentar la realidad: estaban atrapados y el tiempo transcurría para hacerlos presos de su propia fantasía.
Sólo una loca y descabellada idea los podía salvar de que por un lado quedaran varados en la isla de la fantasía o bien que ambos salieran y enfrentaran la "calle de los locos" caminando.
Transcurrieron dos horas y la angustia se acentuó porque el "Sr. Gálvez", a pesar de saber de todo, desconoce cómo funciona el motor de su auto.
Gracias a Dios existen las llamadas de emergencia vía celular y lograron localizar un servicio discreto de grúas que llegó rápidamente porque la recepcionista de donde ofrecen el servicio comprendió la urgencia y en menos de 15 minutos envió el remolque para que pudieran escapar. Pero la salida no fue fácil. Para sorpresa, por su tamaño la grúa no pudo atravesar los muros del portón del amor y hasta "Lorena" tuvo que empujar. Sin duda es una aventura que jamás olvidarán, porque a diferencia de otros, esta vez lograron salir ilesos en una grúa y no en una ambulancia o peor, en el carro fúnebre como lamentablemente les ha sucedido a otras parejas.
La comunidad del amor
Detrás de una pequeña puerta de servicio crece un mundo de fantasía que cada día se expande en la ciudad de Panamá por la demanda de clientes.