AL CAER la tarde, las luces y los colores se pierden para vestirse de fiesta y deslumbrar en un paseo por las riberas de la ciudad de Panamá, a todo aquel que se moviliza desde un extremo en el Causeway de Amador hasta Punta Paitilla.
Los puertos, edificios y hasta los puentes se engalanan al unísono, vestidos de mil colores que estimulan a propios y extraños a disfrutar de la noche, en una ciudad que no duerme.