Nación

La libertad sin justicia no tiene sentido


Los derechos fundamentales, los derechos humanos, son de hombres y de mujeres.
Teresita de Arias está presente en el quehacer público de Panamá desde hace años. Su militancia en la Democracia Cristiana, primero, y su participación en las grandes jornadas por la democratización del país, después, han hecho de ella una figura destacada y de proyección nacional. Los últimos años ha dedicado sus mejores esfuerzos a impulsar tareas tendientes a saldar en Panamá lo que ella llama "la deuda milenaria" de la sociedad con las mujeres. Ahora es candidata a legisladora por el Circuito 8.9 en la papeleta del Partido Demócrata Cristiano, en la Alianza Acción Opositora, de Alberto Vallarino. Al entrevistar hoy a Teresita de Arias, El Panamá América reproduce la voz de una mujer que habla por muchas mujeres y que cree, por igual, en los derechos de todas las mujeres y de todos los hombres a vivir plenamente y con dignidad su sagrada condición humana.
El Panamá América : ¿Cuándo nace tu interés por la política?
T. Arias : Tuve conciencia de lo que era la vida política cuando era una niña, como a los 9 ó 10 años. Porque nací en una familia numerosa y pluralista, en la que podían convivir personas de muy diversas ideologías y militancias políticas sin olvidar nunca los vínculos del afecto, me vi inmersa desde muy joven en las discusiones políticas. Uno de los recuerdos más vívidos de mi infancia es ver pasar, en La Habana, acompañada de mi padre y de mi hermano Rodolfo, los tanques que iban del Campamento Militar de Columbia al Palacio Presidencial, cuando el Golpe de Estado del 10 de marzo de 1952. Como me tocó vivir la niñez y la adolescencia en medio de la turbulencia de una sociedad privada de libertades y corrupta que fue la Cuba de 1959, el valor que le he dado siempre a la libertad es grande. Después pude ver la esperanza, con el triunfo de la Revolución Cubana y, dos años después, ver aquel sueño de tanta gente convertirse en un régimen totalitario en el que una tenía que hacer renunciación absoluta de creencias fundamentales, hipotecando esas creencias a un futuro que nunca llegó. Siempre he tenido conciencia, pues, de la importancia de la política en la vida de todas las personas.
El Panamá América: En nuestro medio se habla, a menudo, de "los políticos" como de una raza aparte y de la política como algo que sólo interesa a "los políticos"....
T. Arias : No se pueda ser simple espectador de la vida política del país sin convertirse en cómplice de las cosas que están mal en la sociedad. Empecé desde muy joven a trabajar en ese sentido, primero en actividades de la Iglesia; fui catequista en barrios marginales y conocí muy de cerca la pobreza ajena. Trabajé con grupos de sindicatos y terminé viniendo a Panamá en el año 1963, casi que por accidente, en el marco de la fundación de una residencia universitaria para muchachas que venían del interior a estudiar en la capital y que en aquel entonces se tenían que alojar en pensiones o en casas de familia porque no se disponía de un sitio más acorde con las necesidades de jóvenes universitarias. Esa casa fue una experiencia interesante porque reunió a mujeres -la lista es interminable- de muy diversas procedencias, muchas de las cuales son hoy en día personajes importantes. Posteriormente he participado en la vida política panameña acompañando a Ricardo, mi marido, durante treinta y tantos años.
El Panamá América : ¿Sólo acompañándolo?
T. Arias : Ese acompañarlo a él ya tenía en mi caso particular un punto de referencia que era mi experiencia personal, centrada en dos convicciones que puedo precisar. Uno, que la libertad es una necesidad del ser humano; que esa libertad sin justicia no tiene ningún sentido. De allí que muchas veces, cuando se vive en sociedades donde vastos sectores de la población se ven reducidos a situaciones de injusticia, inhumanas, haya quien llegue a pensar que se puede sacrificar la libertad para encontrar la justicia. Pero la libertad es imprescindible para el desarrollo y la vida de los seres humanos y tiene que ir acompañada de la justicia, y en este pensamiento puedo fijar lo que ha sido el Norte de mi vida. Dentro de esa visión he vivido, junto a Ricardo, el compromiso político de construir un mundo mejor, el compromiso con causas de las mujeres, con causas de grupos que han pasado por graves dificultades, como el caso de los chorrilleros. Pero llega un momento en el que te das cuenta de que el trabajo desde organizaciones religiosas, cívicas o no gubernamentales en general, aunque tienen un ámbito importante en el que te puedes mover, tiene límites y terminas siempre atendiendo casos individuales, más que resolviendo los problemas de fondo que originan las situaciones de injusticia y de falta de equidad que te motivan a trabajar.
El Panamá América : ¿Cuándo y cómo llegó para ti ese momento?
T. Arias : Hoy, cuando Ricardo está retirado de la política activa, que no va a volver a ser candidato por una decisión personal que tiene muchas causas; cuando mis hijos y mis hijas están grandes, yo tengo el tiempo y el sentido de que me falta por cumplir una tarea y es que el aporte que yo haya rendido, pequeño o grande, se tiene que concretar con una labor que atienda a la solución de problemas que son nacionales. Siento que hay que ir más allá de la atención de un caso aquí o de aquel problemita allá; de lo que se trata es de impulsar la construcción de una nueva sociedad. Así surge la idea de mi candidatura a legisladora, cuando varias personas se me acercan con la propuesta de correr por el circuito. Y bueno, en esa carrera estoy.
El Panamá América : ¿Cuál es el plan que desarrollarás desde la Asamblea, será el tema de la mujer tu prioridad?
T. Arias : Mira, yo comencé a trabajar el tema de las mujeres con un grupo de mujeres que creíamos que era necesario divulgar los derechos que teníamos. En el proceso surgieron dos problemas. El primero, que una vez que la gente conoce sus derechos quiere saber cómo defenderlos, cómo hacerlos valer. En esa línea, había que ofrecer asistencia legal y así se creó el Centro de Asistencia Legal Thelma King. El segundo, que había una serie de leyes que tenían que cambiarse, que tenían que adecuarse, por lo que había que ir entonces a la actividad legislativa. Producto de ese convencimiento, a través de la Fundación para la Promoción de la Mujer y con el apoyo y la participación de Mery Alfaro de Villageliú que era entonces legisladora, se lograron importantes modificaciones en materia legal, como en el caso de las causales de divorcio; quince artículos del Código Civil fueron modificados o derogados por obsoletos y trabajamos en el Código de la Familia, introduciendo allí el cambio de régimen de bienes en el matrimonio y el reconocimiento de los hijos de la mujer casada, por ejemplo. Después trabajamos en torno a la ley 17, sobre violencia intrafamiliar y abuso de menores. Toda la experiencia acumulada hasta aquí me lleva, con respecto a la Asamblea, a un compromiso que tiene que ver con el respeto a los derechos, no sólo de las mujeres, sino de todos los miembros de esta sociedad. Si bien al estudiar la legislación hay cosas que específicamente atañen a la mujer, como el fuero maternal, la realidad es que los derechos fundamentales, los derechos humanos, son de hombres y de mujeres. No hay la menor duda. Entonces, la lucha por los derechos de las mujeres para mi es importante porque hay una deuda milenaria con las mujeres, una deuda milenaria en el reconocimiento de lo que somos genuinamente, no contraponiéndonos a los hombres, sino reconociendo lo que somos capaces de hacer de nosotras mismas y abriendo la puerta de las oportunidades a las mujeres más jóvenes y a las niñas en un mundo que ha cambiado dramáticamente durante el último siglo. La sociedad, tarde o temprano, tiene que aceptar esos cambios, que pueden resumirse muy generalmente como la incorporación plena de las mujeres a la vida política, a la vida religiosa, a la vida cultural, a la vida socio-económica y, también, a la vida deportiva.
El Panamá América : ¿La vida deportiva?
T. Arias : Hace unas semanas estuve en un campo de juego en Panamá Viejo y había unas veinte muchachas jóvenes sentadas; yo les pregunté que si ellas no jugaban y me respondieron: "¿Aquí? ¡Aquí solamente juegan los hombres!". "Hasta el año que viene", les dije, "el año que viene ustedes también van a jugar".
¿Cómo es posible que no haya programas deportivos para las niñas?
El Panamá América : Pero, ¿cómo se proyectas el trabajo con las mujeres hacia el conjunto de la sociedad?
T. Arias: Que nadie se equivoque, el trabajo con las mujeres significa un trabajo por toda la sociedad. Todavía no hay nadie que no haya nacido de una mujer, todavía no se han inventado máquinas que nos sustituyan en esa función así que, en definitiva, el trabajo con las mujeres es un trabajo por toda la sociedad. Cuando las mujeres se superan intelectual y económicamente mejora la familia, y al decir que la familia mejora, decimos que mejoran los hombres y los hijos igual que las hijas.
El Panamá América : ¿Cómo piensas que será el día a día de tu tarea como legisladora?
T. Arias : Desde hace aproximadamente quince años el Estado panameño se ha divorciado progresivamente de sus responsabilidades sociales. Organizaciones religiosas, cívicas y no gubernamentales han ido poniendo parches para atajar la miseria que se ha generado a partir de la tacañería del Estado en materia de inversión social. Esto es inaceptable. Nos hemos "copiado" un discurso de países donde el gasto social era desmesurado y se ha planteado su reducción y lo hemos aplicado a un país donde nunca ha habido un exceso de inversión social. El cumplimiento de esa deuda social debe ser responsabilidad de la Asamblea, que tiene que garantizar que en la confección y en la ejecución del presupuesto las partidas relacionadas con la atención a los sectores sociales se asignen y se ejecuten. Ese es un compromiso de los legisladores. A otro nivel, el legislador tiene que organizarse de manera efectiva con los representantes de corregimiento de su circuito y asegurarse de que se den las partidas del MOP, del Ministerio de Educación, del Ministerio de Salud y que esas partidas se ejecuten. Su papel no es convertirse en una especie de super representante de corregimiento, haciendo veredas, arreglando escuelas y dotando los centros de salud. Su trabajo es garantizar que las partidas correspondientes estén allí y que los organismos respectivos las ejecuten adecuadamente.
El Panamá América : Existe una expectativa de cambio a nivel institucional, de cambios en la estructura jurídico política del país, ¿cuál es tu posición al respecto?
T. Arias : Yo creo que tiene que haber una atención muy particular de la Asamblea al aspecto que podríamos llamar macro, al ordenamiento jurídico fundamental del Estado panameño. Una constituyente basada en los mecanismos constitucionales que están al alcance es una necesidad. No solamente para producir una nueva Constitución, sino para darnos un espacio de reflexión en el que todos los panameñas y las panameñas definamos qué queremos como pueblo y como nación. Eso correspondería al ordenamiento macro, de toda la institucionalidad jurídica panameña. Pero la tarea no termina allí, hay que ocuparse de lo micro, lo pequeño, de lo de todos los días, porque mientras se debaten los grandes temas de Estado, la gente tiene que seguir trabajando y comiendo, la gente sigue naciendo y la gente sigue muriendo. Combinar en una actividad legislativa las dos cosas es lo que corresponde.
El Panamá América : ¿Cómo ves la reversión del canal en esa reflexión?
T. Arias : En el año 1999 vamos a cerrar un capítulo de nuestra historia, el de la presencia física de los norteamericanos en el territorio panameño. Entonces tendremos que buscar dentro de nosotros mismos los recursos que nos permitan saber quiénes somos sin tener que referirnos permanentemente al enfrentamiento con el extranjero. ¿Qué somos en nuestras propias raíces? ¿A dónde tenemos que mirar para saber cómo hemos llegado hasta aquí? Porque el episodio de la presencia norteamericana es un trozo de la historia, cien años, pero tenemos antes cuatrocientos años durante los cuales en este Istmo sucedieron cosas y vivió gente que un poco nos hizo lo que hoy somos, y tenemos por delante miles de años más.
El Panamá América : Hay otros problemas... La pobreza, por ejemplo.
T. Arias : En efecto, al lado de ese capítulo del canal, hay problemas que son el producto de fenómenos del fin de este siglo, de políticas equivocadas de los dos últimos gobiernos y que están afectando la vida de la mayoría de los panameños. Aquí hay que enfrentar el tema de la pobreza, ligado al del desempleo. Estos temas tienen que enfocarse de manera profunda. El país se ha fracturado y esa fractura podría ser irreparable, dejarnos como un cuerpo mutilado. Hasta hace 35 años las diferencias entre pobres y ricos era una diferencia cuantitativa: Quién tenía más recursos materiales. Hoy la pobreza es cualitativa. Ya no es un problema de quién tiene más recursos materiales, sino de quién tiene más acceso al conocimiento, al tipo determinado de conocimiento que es una clave para entender el mundo, una clave para entender la vida. Estamos frente al hecho de que a fines de este siglo las carencias en materia educativa no son ya sólo una dificultad para encontrar un empleo, ahora constituyen una insuficiencia que impide entender la propia vida y el entorno en el que vivimos. Yo tengo una amiga que dice muy acertadamente que la forma moderna de la esclavitud es la ignorancia. La persona ignorante -no importa cuánto dinero tenga- es prisionera de sus prejuicios, de sus temores, de sus supersticiones; ya no se trata solamente de cuánto tienes tú, sino de cuál es la calidad de vida que tienes.
Encuentro vergonzoso que en un país de 2,5 millones de habitantes, menos que un suburbio de México, de París o de Nueva York en cuanto a número de habitantes, nosotros no estemos viviendo en una sociedad en la que todos tengamos acceso a una vida digna. No debería haber ninguna razón para que así no fuera. Pero hemos entrado en contradicciones tremendas. Existe un divorcio entre el discurso y los hechos, entre el discurso y la vida. ¿De qué sirve que la deuda externa suba o baje si, en un sentido o en otro, ha seguido el deterioro de la calidad de vida de los panameños? Los centros de salud son una vergüenza, las escuelas son una vergüenza y vastos sectores de la población están sometidos a esas privaciones. ¿Cómo es que queremos vidas dignas, de familia, en gente que no puede tener una casa en la que desarrollar una vida humana con dignidad? ¿Cómo esperar que la gente funcione racionalmente en un régimen democrático, si nuestros niños deben asistir a escuelas en las que no se puede aprender absolutamente nada? ¿Cómo pretender que nuestra gente rinda, que sea productiva, si está enferma, si no tiene transporte, si no tiene cómo comer?
El Panamá América: Los problemas son enormes y las soluciones difíciles pero, ¿por dónde empezamos?
T. Arias: Esa reflexión macro quizás permita entender que para que en este país todos y todas podamos vivir en paz tiene que darse un acuerdo nacional en el que comprendamos que bajo esta bandera y en este territorio tenemos que caber dos millones y medio de personas viviendo de una manera cónsona con la dignidad de persona humana. Que no puede haber gente que viva en la opulencia ofensiva y gente que viva en la más absoluta de las miserias. Hace 35 años en Panamá quienes eran ricos no tenían la cantidad de riquezas que hoy vemos. Esa fractura de la que hablaba antes puedes verla en la opulencia de las residencias que se construyen, en el tipo de actividades sociales que se promueven. Había diferencias entre pobres y ricos, pero no la diferencia tan abismal que vemos ahora. Después que tienes un techo sobre tu cabeza, un plato de comida sobre tu mesa, que tus hijos se educan y tienes garantizado buen acceso a servicios de salud, ¿cuántos pares de zapatos puedes usar, cuántas prendas te puedes echar encima, en cuántos carros puedes trasladarte, en cuántos aviones puedes volar? Pero cuando tu no tienes nada y pasas a tener ese poquito que te permite cubrir tus necesidades fundamentales, das un paso tremendo. Somos tan pocos que deberíamos estar en capacidad de dar ese paso de la nada a lo mínimo accesible a todos los panameños y panameños.
El Panamá América : Hay muchos que creen que eso es imposible...
T. Arias : No creo que sea imposible. Se necesita voluntad y capacidad para hacerlo. A mí me sorprende que en estas elecciones mucha gente se presente sin incluir en su curriculum referencias de trabajo para que todos puedan verificar dónde trabajaron, qué han hecho, en qué han sido exitosos. ¿Cómo puedo yo presentarme a una empresa a pedir que me nombren gerente si yo no he podido ser ni director de departamento? Estas y otras cosas obligan a usar la cabeza a la hora de votar. Los retos son enormes y de salida, nosotros estamos planteando una política de creación de empleo muy realista porque queremos -y el país necesita- incorporar a amplios sectores a la fuerza laboral en condiciones dignas. La meta son 250,000 empleos. Para ello crearemos con carácter urgente un sistema de capacitación para el empleo que se vincule esencialmente a aquellas actividades económicas más dinámicas, en especial a las que se generarán en torno al eje canalero. Nosotros aceptamos estos retos porque somos parte de una propuesta seria y coherente, junto a hombres y mujeres con una visión responsable del ejercicio del poder y de la funciones del Estado.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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