CRISTINA de Lasso es una mujer decidida. Se aventuró en un oficio poco común que hoy disfruta plenamente.
Desde hace 34 años maneja buses "diablo rojo" y pese a las duras críticas que recibió en los años 70 cuando empezó, pues era una de las pocas mujeres en este oficio, decidió continuar con el trabajo.
Ella contó su historia a Panamá América, mientras levantaba la tapa del motor para cambiar el aceite del vehículo.
Recuerda que todo inició cuando en 1972 laboraba como chequeadora en la piquera de Transportes Unidos de Panamá Viejo S.A (TUPASA) y un buen día el encargado decidió entrenar a todas las mujeres para que manejaran buses.
Así fue como aprendió a ganarse la vida conduciendo.
Sencilla y poco conversadora, pero con una sonrisa amable, la encontramos hace unos días.
Siempre está anuente a atender al público y según señaló, los mismos compañeros fueron quienes la ayudaron a aprender a manejar bus, lo que desde aquel entonces se convirtió en su fuente de ingresos.
Para Cristina, un día de trabajo inicia a las 2: 30 de la mañana, cuando sale de su casa ubicada en San Joaquín, rumbo a la piquera ubicada en el sector de Villa Lorena, para ofrecerle al público su servicio.
Luego de una jornada de 14 horas, la ardua faena de Cristina culmina a las 4: 30 de la tarde, cuando se dirige a su casa para dedicarle lo que resta del día a sus familiares.
La humilde mujer contó con orgullo que gracias al trabajo que realiza ha logrado graduar a sus tres hijas, "a punta de esfuerzo y sacrificio".
Explica que hoy día la menor de ellas tiene 23 años y le ha mencionado en reiteradas ocasiones que se siente orgullosa de su madre.
Detrás de la alegría que reflejaba su rostro, cansado por la labor diaria, hizo una pausa para explicar que los años de trabajo no han sido fáciles, sobre todo por las duras críticas y estereotipos que ha tenido que enfrentar por la imprudencia de personas que se sorprenden al ver que una mujer es la que conduce.
"Algunas personas al montarse el bus y ver que es una mujer la que está detrás del volante, se extrañan y muchas veces sale la interrogante de si sabrá o no hacer el trabajo", indicó.
Esta valiente mujer conoce su bus y sabe cambiarle las llantas y el aceite, lo que considera como "algo sencillo".
Cristina contó que cada vez que el carro se le queda parado en la calle, ella misma logra arrancarlo, siempre y cuando se trate de un daño menor.
Al igual que ella, tres mujeres más se han encargado de que el manejar buses de la ruta Panamá Viejo- Albrook no sea una actividad exclusiva para los hombres.
La mujer del volante
Conduciendo estos buses, Cristina ha logrado sacar adelante a toda su familia.