La enfermedad de los ricos, como la denominan algunos galenos por lo caro de su tratamiento, no lo es tal, cuando ya es considerada una “epidemia” por las autoridades de salud panameñas, mientras que en el ámbito mundial se observa un “crecimiento” de la enfermedad, que en la actualidad ya no discrimina entre adultos y menores de edad.
“Ahora mismo estamos teniendo problemas con la insulina lenta”, manifestó Octavio Rodríguez, asegurado con quince años de padecer diabetes y que ante las dificultades de atención en la CSS, ha optado por asistir al Hospital Santo Tomás que tiene disponible una clínica para la atención de diabéticos.
“Muchas veces confrontamos problemas en el Seguro Social para lograr los medicamentos requeridos para el control de la enfermedad. Gracias a Dios, en este momento no utilizo insulina rápida, la cual me fue eliminada recientemente por el endocrinólogo porque me cuido, pero me ha costado mucho sacrificio hablando económicamente”, declaró Rodríguez a El Panamá América.
Relató que a pesar de una pensión relativamente baja que percibe por su problema de salud, con la ayuda de sus familiares, el apoyo de su esposa y la ayuda de los médicos y enfermeras, ha podido seguir luchando para poder mantener su nivel de vida. Rodríguez considera que el precio de la insulina es bastante alto, ya que en las farmacias privadas oscila entre 16 y 18 balboas un frasco pequeño. Explicó que se hace más caro el tratamiento cuando el paciente tiene que aplicarse más dosis que otros, puesto que la cantidad varía en cada persona dependiendo de cómo lleva el control de la enfermedad.
En su caso ha tenido que incurrir en gastos medicinales hasta de 72 balboas por mes, sin incluir un problema visual (retinopatía) que lo mantiene incapacitado para trabajar ya que tiene dificultades para leer, pero que no se desanima para seguir luchando por su bienestar físico y el de su familia.
Rodríguez, casado y con dos hijos, fue inspector de Aduanas, desempeñándose como entrenador y guía de perros en la búsqueda de narcóticos. Posteriormente, ejerció esta labor en el ámbito privado, hasta que por la diabetes fue pensionado, sin desempeñar ocupación particular en la actualidad.
Además de la insulina, Rodríguez utiliza otro medicamento (Actos) que le recetó el endocrinólogo y que es nuevo en el mercado.
“También es bastante caro, la tableta me vale 4 balboas con 58 centésimos y sólo lo venden en farmacias ubicadas en lugares exclusivos, en las demás no se consigue”, puntualizó Rodríguez.
Esta tableta la utiliza una por día, acompañada de tres más que sí son proporcionadas por el Seguro Social, pero es una odisea el llegar allá. “Muchas veces hay que pelear para que te den la receta completa. Ellos (en la CSS) dicen que cuando se están quedando sin medicamentos la distribuyen equitativamente, lo cual encuentro mal porque si el médico me receta 60 tabletas en el mes, es porque las necesito y no encuentro justo que se nos haga este tipo de recortes”, dijo Rodríguez.
Añadió que no se atiende en la CSS, desde el inicio de su enfermedad asiste al Santo Tomás donde “la atención es superior”, y las medicinas, si hay, las saca en la CSS.
Según Rodríguez, en el Santo Tomás hay mucha migración de pacientes diabéticos de la CSS, por la mejor atención que se brinda. En la clínica destinada para estos pacientes hay endocrinólogos, enfermeras, psicólogas, nutricionistas y odontólogos, toda una gama de profesionales que necesitan para mejorar su estándar de vida.
Otra paciente de diabetes que se atiende en el Santo Tomás, Doris Rodríguez, está muy preocupada ya que este mes se le vence el Seguro Social a su esposo, ya que no tiene trabajo permanente en estos momentos, lo que le hará difícil conseguir las medicinas ya que las tendría que comprar en farmacias privadas.
“Uso dos tipos de insulinas (lenta y rápida), siempre vengo al control en el Santo Tomás, pero a partir de este mes no puedo ir al Seguro Social, donde la insulina lenta no hay”, declaró Rodríguez a El Panamá América, quien tiene diabetes desde hace siete años.
Casada y con dos hijos, uno de cuatro años y una bebé de seis meses, Rodríguez relató que hubo un tiempo que tuvo que comprar la insulina lenta en farmacias privadas a un precio de 16 balboas, la cual le dura un mes.
“Es el único medicamento que estoy tomando, pero estoy preocupada por como adquirirlo en el futuro”, subrayó Rodríguez.
“Antes me atendía en el Seguro Social, pero al ver que no tenía buenos resultados decidí llegar al Hospital Santo Tomás donde me atienden muy bien”, comentó Gutiérrez, que a su edad, con siete hijos y varios nietos, está próxima a elaborar su tesis de grado en Trabajo Social en la Universidad de Panamá, y cuyo tema, destacó, será precisamente sobre la situación de la diabetes en el país.
Gutiérrez, que está jubilada, utiliza dos tipos de insulina (rápida y lenta), y recordó que en el mes de abril pasado, recorrió varias farmacias, incluso fue hasta La Chorrera y no encontraba la insulina rápida.
“En el Seguro Social me dijeron libremente que tenía que comprarla y si uno se siente mal, entonces hay que buscarla aunque tenga un precio alto para nosotros”, anotó.
A Gutiérrez el frasco de insulina no le dura porque lo usa en la mañana, la tarde y en la noche, además de una pastilla que le dan en la CSS, y que afortunadamente no ha tenido que comprarla en las farmacias privadas.
“Me dan dos recetas, dos frascos de insulina rápida y dos de insulina lenta, pero en el expediente queda que me dieron cuatro, pero cuando voy a la farmacia, no hay. Entonces te ponen en la receta que vence en un mes, período en el que uno se cansa de ir hasta Chepo, y no hay, pero te anotan en el expediente que te la dieron”, dijo Gutiérrez.
Añadió que inclusive, en la CSS le dan al paciente los teléfonos de las distintas farmacias de la entidad (San Miguelito, Cerro Batea o San Francisco), pero en ninguna hay. Para el subjefe a nivel nacional del Programa de Atención de Adultos de la Caja de Seguro Social (CSS), Eduardo Dominici, la causa de la falta de medicamentos para los diabéticos en las farmacias de la institución se debe en gran medida a que estos productos se compran en forma programada.
“A manera de ejemplo, si la proyección anual es de mil pacientes se compran los medicamentos para este número de personas, pero resulta que al transcurrir el año, la cifra de enfermos por diabetes sube a mil trescientos y se genera la escasez”, indicó Dominici a El Panamá América.
Otra causa pudiera ser la compra de medicamentos genéricos más baratos, que los pacientes al no sentir que los mejora, no los usan y posteriormente tienen recaídas.
Dominici recordó que quienes deciden la compra de medicinas en la entidad son los miembros de la Comisión Nacional de Medicamentos.
Explicó que actualmente la diabetes es considerada una epidemia en salud, con una tendencia mundial de crecimiento de la enfermedad. En Panamá, no se tiene cuantificado cuántos enfermos hay, pero se estima que del total de habitantes en el país, un 5 a 7% es diabético, de los cuales, de 2 al 5 % utilizan insulina.
Hay dos clases de pacientes diabéticos, los que no usan insulina y los que sí. Se considera una enfermedad completa porque tiene cuatro fases: 1) Promoción -riesgo de diabetes- 2) Prevención -trabajo con familias- 3) Recuperación -enfermedad avanza rápida o lenta- y 4) Rehabilitación -cuando se corta una pierna por gangrena, el paciente tiene que hacerse diálisis por riñones afectados, tiene que ser operado de la vista, problemas de corazón, la piel o úlceras. La prevención implica que si hay un diabético en la familia, todos deben hacer la misma dieta, ya que la enfermedad es “hereditaria”. Se requiere un estilo de vida saludable (alimentación adecuada).
Según Dominici, la tercera (recuperación) y cuarta fase (rehabilitación), son las más caras para su tratamiento, ya que el paciente tiene que tratarse con insulina y no con pastillas.
Hay tres tipos de insulina: 1) rápida- en menos de dos horas baja el nivel de azúcar, se usa en urgencias- 2) intermedia - es para pacientes controlados, dura entre 8 a 12 horas- 3) lenta - dura entre 24 a 36 horas-.
La insulina se inyecta ya sea en el abdomen, muslo, brazo, siendo recomendable que después que un paciente pase los 50 años lo haga un familiar, ya que tienden a tener problemas de mala visión. Las jeringuillas que utilizan deben ser desechables y tienen un costo superior a los 10 balboas la caja de cien unidades.
El nivel de glucosa en las personas debe ser entre 80 y 110 en ayunas, o por debajo de 200 si se mide dos horas después del desayuno, de lo contrario la persona es diabética.
Además de los varios tipos de insulina, los pacientes diabéticos tienden a utilizar los siguientes hipoglumeciantes orales: Glibendamida (5 mg), Glicazida (80 mg), Metformina (500 mg y 850 mg) y Gliburide (2 mg y 4 mg).
Los pacientes de diabetes, muchos de ellos miembros de la Asociación Panameña de Diabéticos (APADI), son del criterio de que las autoridades gubernamentales deben darle un poquito más de apoyo, ya que cada día se dan más casos de la enfermedad en el país.
Se recuerda que sin insulina, la persona puede morir a las cuatro horas porque sube la glucosa hasta 400 ó 500, teniendo que ir de inmediato a un cuarto de urgencia, si no hay, corre peligro de muerte.