Nación

La propuesta de Marcela Lagarde


"En este fin de milenio las mujeres que hemos sido educadas, pensadas y convocadas para actuar siempre como seres idénticos, ya no somos más idénticas, somos seres en transición, en proceso de cambio, en movimiento,
en transfiguración, que nos disputamos la ciudadanía plena y ya no nos sentimos extranjeras en la política".
A su manera, unas silenciadas, otras con discurso, unas organizadas, otras aisladas, en las postrimerías del Siglo XX las mujeres apuestan a la libertad, respondiendo así a la interrogante que se planteara hace años Rosario Castellanos respecto a si para la mujer podría haber otra manera de ser, dijo la Dra. Marcela Lagarde, etnóloga y antropóloga mexicana, en su conferencia magistral: "Mujer y poder" que ella retituló "Mujer y los poderes" porque, dijo, "son varios poderes: los poderes que queremos, los poderes que tenemos y los que no queremos". Posteriormente explicaría cada tipo de poderes.
Lagarde dictó su conferencia el jueves de la semana pasada -5 de febrero- en el Auditorio de la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá, atendiendo a invitación del Foro Mujer y Desarrollo y la Coordinadora de Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo Integral de la Mujer (CODIM), en el marco del Proyecto Formación en Género, FORGEN.
Lagarde también dictó el Seminario "Análisis de Género y su Aplicación en Políticas, Planes y Estrategias de Desarrollo", del 4 al 6 de los corrientes.
Experta internacional
Etnóloga, doctora en Antropología, profesora de post-grado en la Universidad Autónoma de México, Marcela Lagarde es a nivel internacional una autoridad en el tema de género. Es una de las conferencistas más solicitadas en la materia a nivel regional. También es autora de libros, investigaciones en género y consultora de importantes organismos del mundo que trabajan en asuntos femeninos, por, con y para la mujer.
En "Mujer y los poderes" siguió diciendo que "las mujeres contemporáneas ya no cumplimos con los estereotipos tradicionales".
Resaltó la diversidad entre las mujeres y la diversidad de cada mujer consigo misma. Sobre este último aspecto manifestó: "Cada una de nosotras somos en parte parecidas al proyecto con que fuimos educadas, pero cada una de nosotras es distinta".
También dijo que "a diario inventamos maneras inéditas de ser y de sentir. Algunas no tenemos modelos y otras miramos a otras mujeres en busca de respuestas a nuestras dudas, de caminos...para no repetir los errores y lo vivido".
No más sumisión
Puso de manifiesto que pese a que "todavía las mujeres somos pensadas por muchos como seres para ser mandatadas, sumisas, obedientes, las mujeres ya no somos más maleables ni dúctiles y en este final de milenio y principio del próximo milenio la sociedad será testigo del renacimiento de la mujer, el que se leerá en la historia".
"Ese renacimiento que se inició hace cien años y cuyas pioneras son nuestras compañeras de rutas. Ese renacimiento que sólo ahora condensa , cuaja, fragua en nosotras".
Invitó: "Mirémonos en el espejo de Rosario Castellanos, quien apostaba a la libertad, quien, con dolor, en su obra "Meditación en el Umbral" se preguntaba si para la mujer podría haber otra manera de ser".
No más pobreza
"En el umbral del milenio nosotras nos reflexionamos, nosotras nos activamos en busca de la libertad para vivir, para pensar, para dudar, para actuar, para movernos, para ser mujer, sin ser seres de segunda", dijo. Añadió que "la libertad empieza por los recursos. No termina en los recursos. La libertad es para decir: ¡basta a la pobreza de género!"
La mujer de fin del siglo, expresó Lagarde, "aspira a la riqueza compartida. Para solucionar los problemas de este mundo, para participar en las decisiones compartidas. Queremos saber cómo se usan y se distribuyen los recursos".
"...Queremos libertad para intervenir y sentirnos cómodas en la política. Las mujeres conteporáneas ya no nos sentimos extranjeras en la política. Necesitamos pasarnos la estafeta unas a las otras para poder legitimar la presencia de la mujer en la política. No a unas cuantas sino a todas porque necesitamos a todas en los espacios de la política. Necesitamos politizar todos los espacios, romper la barrera entre la contemporaneidad y la política".
"Politizamos los espacios privados, las relaciones entre parejas.
Ciudadanía plena
"No queremos ser más el segundo sexo. No queremos ser más ciudadanas mutiladas. Lo que hoy nos disputamos en el mundo es la ciudadanía plena recalcó" y dijo que el anhelo prevaleciente es "que las Mujeres contemporáneas puedan vivir de cara a la sociedad, de frente, sin tutelajes" e instó que los derechos que están pactados en los Estados sean sellados en la conciencia.
"A las mujeres de hoy nos definen las libertades, los recursos para lograrlas y el rechazo por la desigualdad", siguió diciendo.
"A las feministas contemporáneas a nosotras nos identifica la necesidad de reivindicar la igualdad entre mujeres y hombres. Unas ya no la piden, unas se la toman", dijo.
Eplicó que la radicalidad del feminismo consiste en proponernos eliminar la enajenación entre hombres y mujeres. Sin embargo, enfatizó: "queremos el poder para propiciar la igualdad, para abrir nuestras conciencias deformadas que aceptan la dominación de unos seres sobre otros que aceptan la subordinación a otros seres que debieran ser nuestros iguales".
Aclaró que igualdad como ella la concibe no es que ellos se parezcan a nosotras o que nosotras nos parezcamos a ellos. "Nos referimos a igualdad como seres que tenemos los mismos valores", puntualizó.
Ejes o principios éticos
Gran parte de su conferencia giró en torno a lo que denominó los principios éticos que deben regir la relación mujer-hombre: equivalencia, equipolencia equifonía y equipotencia.
Comenzó señalando que "el principio ético de la equivalencia humana es el único principio democrático sobre el que debe fundamentarse la coexistencia humana.
La equipolencia, por su parte, dijo que consiste en que mujeres y hombres nos reconocemos como los polos de una relación como polos equivalentes en un pacto de poder por la vida.
Equifonía significa "que la palabra de unas y de otros tenga el mismo valor y para eso tenemos las mujeres que desarrollar nuestras palabras, que desarrollar nuestro discurso, tenemos que decirlo, que escribirlo. Tenemos que nombrar el mundo, que decir lo que nos pasa". Se amerita equifonía para construir voz, escucha y diálogo, manifestó.
"Los hombres", siguió diciendo, "tienen que aprender algo importantísimo ya: que no son los únicos que nombran, que tienen que escuchar otras voces. Tenemos que transformar la escucha para que haya equifonía".
"Equifonía implica ruptura de las tradiciones, del poder tradicional. Estar investidas de poder para tener voz. Poder hablar en voz alta y ni susurrar ni hablar a gritos destemplados. Las mujeres afirmadas hablan afirmadamente, con serenidad, porque están afirmadas y entonces podemos ser dialógicas", manifestó.
"Cuando sólo uno ha dicho, nombrado y ha interpretado la vida no hay equifonía", dijo y por eso, agregó que hay que decir ¡NO! a "la duda, la desconfianza en torno a la palabra de una y a la certeza frente al dogma, la palabra de otros", la de ellos los hombres.
El tercer eje o principio ético en la interrelación mujer hombre, la equipotencia, implica que "para construir la igualdad en libertad necesitamos que los poderes sean iguales. Necesitamos acceder a los espacios de poder para transformar los contenidos de poderes y construir poderes que no sean dañinos , que no se afinquen en la posibilidad de depredar el ambiente, que respeten identidades y diversidades", explicó.
"No queremos los poderes de la dominación. Esos hay que desmontarlos. Nos interesan los poderes para la vida, no los poderes para dominar. Queremos estar aquí para democratizar, para llevar adelante. Queremos hacer una justicia universal que no sea asimétrica y desigual. Queremos construir poderes y relaciones democráticos".
Planteó que para que haya equipotencia se requiere poderes para que en un cara a cara con el hombre la mujer exija ser respetada, dejar de ser mirada como objeto de uso que puede ser usado y desechado. Es necesario también eliminar el riesgo de la violencia contra la mujer. Inclusive la violencia de la voz elevada.
Compañía, no propiedad
Es perentorio que los hombres se percaten de que enfrente tienen a un ser humano equivalente manifestó Lagarde y añadió que "habrá igualdad genérica cuando los hombres aprendan a hablar suavemente a las mujeres , cuando no las amenacen, cuando respeten su presencia, cuando sientan que tienen una compañía y no una propiedad".
La doctora en antropología recalcó en su discurso la necesidad de un pacto intragénero de las madres con las hijas. "Nunca más un golpe a una niña. Nosotras reivindicamos con el derecho a no ser maltratadas ni golpeadas. Nosotras, las más cercanas a ellas". Y, puntualizó que se trata es de "un pacto ciudadano, no un pacto culposo" porque empieza por nosotras la libertad, la equipotencia. Necesitamos empezar por nuestro cuerpo, casas, relaciones, limpiar nuestra vida. Tenemos nosotras como mujeres que pasarles a otras la estafeta de que somos mujeres libres, de que tenemos derecho a disfrutar la libertad, con el permiso de otra mujer que te avala, que te quiere y que te defenderá".
Sí hay otra manera de ser
"No queremos una guerra entre hombres y mujeres. Queremos acordar la paz entre mujeres y hombres. Hace años Rosario Castellanos se preguntaba si había otro modo de ser y estaba atrapada. Hoy nosotras sabemos que sí hay para las mujeres otras formas de ser. Sabemos, además de los por qués los por donde, los para qué. Ahora sí sabemos que es lo que no queremos y qué sí queremos.
Queremos ser humanas" dijo, y agregó: "vamos a hacer una gran gárgara de "A".
Explicó la etnóloga: "No estamos acostumbradas a feminizar nuestro lenguaje, a referirnos con "A" y por esto es que seguimos siendo incluidas en categorías masculinas lo cual es otra forma de dominación. Necesitamos el poder de la autoindentidad afirmada. ¿De qué tenemos que avergonzarnos las mujeres? ¡De nada! Nosotros no hemos dañado el mundo, agotado los recursos: Hemos cuidado y reparado el mundo...".
"Nuestra propuesta", concluyó Marcela Lagarde, "es la apuesta por una humanidad humanizada. Poder decir con orgullo: "Sí, somos humanas".


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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