Nación

La punta mala de un iceberg


Debo confesar que estoy altamente decepcionado con los desafíos y desaciertos que desde el inicio ha venido cometiendo este gobierno por el cual voté, convencido de un cambio y de mejores oportunidades para los panameños. Estoy decepcionado porque, al igual que muchos de los que votamos por la señora Mireya Moscoso, fuimos convencidos por sus discursos en tiempos electorales, sin embargo, como dice el sabio y popular refrán, "del dicho al hecho, hay mucho trecho".
Cuán lamentable es para quienes ciframos nuestras esperanzas en alguien, a la cual vimos como la real opción para resolver los problemas que tiene esta noble nación, enfrentarnos a la realidad de estar ante un gobierno, que más que capacidad y entendimiento del aparato estatal, parece más bien estar sumido en la descordinación e incompetencia, además de estar cometiendo los mismos errores que antes tanto criticaron.
Los que ayer en oposición eran nuestro estandarte y adalides por la recuperación, o antes bien, el ganar un espacio decoroso en las esferas de poder, hoy hacen sus mejores esfuerzos para no demostrar lo que realmente son, la misma gente, los mismos ricos y lo que es peor, los mismos políticos, con las mismas mentiras y los mismos discursos demagógicos con los que marean al pueblo sencillo y desposeído.
Han pasado hasta la fecha, poco más de cinco meses desde que la Presidenta asumió el cargo (gracias a votos como el mío), y todavía no vislumbramos un rumbo definido en cuanto a la acción del gobierno a bordo de la nave del Estado. No encontramos nada de diferente entre el gobierno anterior y el presente, no veo nada distinto entre lo que hacían los toristas y lo que hacen hoy los mireyistas.
Lo que sí hemos observado es a una mandataria que ha realizado muchos viajes y preocupada por proyectar su imagen de presidenta de los pobres, cuando a las comunidades sólo llegan meros paliativos que temporalmente subsanan los graves y profundos problemas de los más necesitados. También hemos visto la distractiva actitud de los ensordecedores ministros, quienes hablan de logros y planes, pero sin concretar uno solo. Se acuerdan que para la celebración de los actos de transferencia del Canal a manos panameñas, la señora mandó acuñar una moneda conmemorativa, aparecieron vallas por doquier y hasta unos chocolates, con la imagen de la foto protocolar de la Presidenta (si hubiera sido El Toro, seguramente lo hubiéramos criticado a más no poder).
Lo más grave de todo lo que en este breve espacio quisiera decir, es que el circo montado en las elecciones del nuevo presidente del Consejo Municipal, ha resultado en el más grave error cometido por la señora. Me parece (y no estoy siguiendo el discurso de los politicastros de la actual oposición), que este acto representó un atentado frontal contra la democracia y el respeto que debe existir hacia las instituciones con autonomía. Ayer criticamos la imposición de líneas por parte de los discípulos de los militares, mientras hoy, con una rampante desvergüenza, tenemos que callar o defender lo indefendible (como quien hace una apología del delito), porque no me dirán mis queridos amigos arnulfistas y gobiernistas, que todo lo actuado está enmarcado dentro de los parámetros de la ley. Nunca pensaría yo, que lo que tanto criticamos por lo que mucho luchamos, hoy se esté repitiendo en un gobierno conformado por aquellos que sufrieron vejámenes, carcelazos y hasta exilio.
Señora Presidenta: no erre el camino. Si no hay capacidad para ser autocríticos y si no tenemos la valentía de enmendar nuestros errores, mal podemos querer realizar un gobierno como el que nos merecemos los panameños, transparente, democrático y honesto, de lo contrario, la barca del Estado irá a la deriva hasta chocar contra un gran iceberg, lo que sería una gran catástrofe para todos, aunque ustedes los poderosos se salven.


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34130
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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