La Casa Rosada de San Felipe es más que un mudo testigo de la historia panameña. El colorido inmueble que conecta la Avenida A, con la Calle 11 Oeste no ha dejado se escribir la suya propia.
Una página en limpio se trazó el pasado miércoles 15 cuando las autoridades nacionales, representadas en el Ministerio de Vivienda (MIVI), abrieron las puertas del remozado inmueble que ahora albergará a ocho familias.
Hoy son los menos favorecidos los que correrán por los pasillos de la "Presidencia chiquita", muy cerca del muro que una vez separó a la burguesía capitalina del arrabal de Santa Ana. Los nuevos inquilinos asumirán las cuotas de electricidad, agua potable y mantenimiento.
La historia del diseñador y primer residente de la Casa Rosada, el presidente Florencio Harmodio Arosemena, se entrelazará con la de Irving Palacio, un recluso de El Renacer quien ayudó a restaurarla.
La restauración de la Casa Rosada es parte del plan "Revive el Casco". En esta ocasión, se invirtieron B/.150, 000.
Datos del MIVI revelan que se procuró una recuperación arquitectónica que respetara la fachada original, además de los balcones, cuartos, escalera y patio interno del inmueble.
Algunas piezas datan de la época en que fue construida la residencia.
A la restauración de la "Presidencia chiquita" le seguirá la de la Casa Amarilla, donde otra vez la burguesía y las clases populares convivirán dentro de los límites invisibles trazados por la historia.