Nación

Las guarichas: el ‘bombillo’ para unas 100 mil familias

En Panamá, más de cien mil hogares utilizan el diésel, querosín y velas para alumbrarse a falta de proyectos de electrificación rural. La Oficina de Electrificación Rural reporta que solo en los dos primeros años se invirtieron 17 millones para beneficiar a 7 mil 949 viviendas.


Gilberto Soto (gilberto.soto@epasa.com) / PANAMA AMERICA
  • Clientes eléctricos
  • Reportes de la Asep, dan cuenta de que hay 868 mil 711 clientes de los cuales el 89% son residenciales, 9% son comerciales y 1% del Estado.
  • Consumo
  • En 2007, la generación eléctrica era de 6 mil millones de kilovatios hora y el consumo de 5,000 kilovatios hora. Por ese comportamiento, en 2011, la producción se elevó a 7 mil 500 kilovatios hora y el consumo 6 mil kilovatios hora a nivel nacional.

En los cimientos del cerro Trinidad, en Capira, el alba entra tímida. Allí, en donde se instaló el pueblo de Aguacate Arriba, las noches son largas, los días cortos y el entretenimiento escaso. Su dependencia del astro rey para iluminar los días lo dejó en el siglo pasado.

En la comunidad, situada a 10 kilómetros del centro de Capira, Elida Sánchez no pierde la esperanza de que en un tiempo no tan lejano, la “guaricha” que usa sea reemplazada por uno de esos bombillos que mira en las tiendas cuando sale al pueblo. Lo dice porque su “día” empieza a la 1:00 a.m, cuando se levanta entre la penumbra a preparar el “lonche” a su esposo que a diario viaja a la capital a trabajar para la manutención de la casa. “Ah... pero a las siete de la noche ya estamos durmiendo si es que no hay visitas”, comparte mientras resalta que en Aguacate aún se conserva la costumbre de “visitar al vecino, echar cuentos y ofrecer café”.

El conformismo de Elida sobre las razones que aún la mantienen alumbrándose con un mechón las justifica en que mientras tenga su casa con piso de tierra y paredes con retazos de zinc, poco aportaría a la estética de su hogar si dispone de un bombillo para que ilumine la vivienda que ocupa desde 1952. En reiteradas ocasiones, tanto Elida como el resto de la comunidad han hecho su parte. Han unido firmas con el afán de presionar a las autoridades para que el proyecto se complete, pero con el transcurrir del tiempo hasta perdieron la cuenta de las veces que han enviado comisiones estériles a la Oficina de Electrificación Rural (OER).

Irónicamente, el último poste eléctrico más cercano está a escaso kilómetro y medio del poblado. “Primero explicaron que hubo un error de planos y que se desvió el proyecto a otra comunidad, y la última, que el 15 de junio pasado se iniciaría la instalación de los postes, pero nada...”, resalta Reynaldo Meneses, dirigente comunitario que, desanimado, se atreve a concluir que todo se maneja políticamente.

 

Limitaciones

Erick Miguel Marín, con ocho años, tomó conciencia de que en Aguacate hay un espacio reducido para la distracción. Sabe que la prioridad antes de que se oculte el sol son las tareas. Aunque le apasiona el fútbol, sacrifica las horas de esparcimiento para cumplir con sus responsabilidades académicas, porque pasadas las siete de la noche es casi imposible estudiar.

Fabián Guevara es el director de la escuela básica general de Aguacate y exterioriza su preocupación en que “los estudiantes, sobre todo los de mayor nivel, están mostrando un rezago en los conocimientos producto de la limitación eléctrica”.

Los del noveno grado, a quienes este año el Ministerio de Educación les proporcionó computadoras, no logran darles la utilidad necesaria. Aunque la escuela cuenta con un panel solar, solo tiene capacidad de uso para siete horas continuas en días soleados.

“Los estudiantes y padres de familia nos piden que agilicemos el proyecto, pero en verdad ha sido una misión casi imposible”, expresa el docente.

Entre 2010 y 2011 se instalaron 1,753 paneles solares en comarcas, Darién y Colón.

El desengaño de los 400 habitantes de Aguacate es el reflejo de las 67 mil 220 viviendas que, según el censo de 2010 de la Contraloría General de la República, todavía se alumbran con querosín o diésel. Otras 24 mil 843 personas lo hacen con velas en áreas remotas de las provincias y sectores de las comarcas. El censo hace referencia a que ese grupo de la población totaliza unas 117 mil 847 viviendas sin electricidad.

La cifra, que aún se mantiene muy por debajo de las 778 mil 203 personas que disponen del servicio eléctrico a través de una planta o compañía distribuidora, es el “talón de Aquiles” para las autoridades en su afán de desarrollo.

En la Autoridad Nacional de los Servicios Públicos (Asep) tienen el registro hasta 2012 de 30 mil 522 kilómetros de longitud total en redes de distribución a nivel nacional, equivalentes a la totalidad de los clientes (868 mil 711 entre residenciales y comerciales). El 44% pertenecen a la zona de concesión de Edemet, el 43% a Ensa y el 13% a Edechi.

Mientras se barajan los números y las empresas junto a la OER programan nuevas líneas de conducción para acabar con los pueblos oscuros, tanto Meneses como Elida están convencidos de que con “luz, todo cambia”, y por lo tanto es inadmisible que a unos cuantos kilómetros de la capital todavía haya familias pescando envases de aluminio para reemplazar lámparas deterioradas.

“Eso de confeccionar guarichas es casi un trabajo artesanal que hasta los más jóvenes saben hacer... es una herramienta indispensable dentro de las casas”, dice Elida, que por las noches se ayuda con una linterna para ahorrar el querosín. En menos de cinco años, el precio de este combustible se disparó al 100%.

Una botella que antes conseguía a 10 centavos ahora le cuesta 60 centavos. La misma solo le alcanza para una semana.

A Digna Herrera, otra residente del pueblo, le aflige hablar del abandono en que se encuentra el lugar donde nació. “Por allá por los años 60, cuando no había luces de civilización, era entendible, pero ahora, cuando en la radio (portátil) hablan de crecimiento económico e inversiones, es difícil aceptar que en el pueblo no se consiga un refresco y que en las noches la gente tenga que recogerse por falta de iluminación”, cuestiona. El malestar es compartido por su esposo, Porfirio Gómez, que prefiere hablar de sus siembros porque, a su juicio, insistir sobre lo mismo es casi “suplicar un favor”. En el país, 24 mil 843 viviendas se alumbran con velas y otras 6 mil 452 familias a través de paneles solares.

Solo en la capital, donde las líneas de electrificación están al alcance, 10 mil familias siguen dependiendo del querosín y de las velas. El mayor número de personas en estas condiciones está en la provincia de Coclé y la comarca Ngäbe-Buglé, según el censo de 2010.

El proyecto de inversión de la OER para disminuir las cifras en los dos primeros años de la gestión fue calculado en 17.5 millones para proyectos de electrificación rural. Concluido ese periodo, dan cuenta de que unas 30 mil familias cambiaron las guarichas por bombillos.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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