"¿ Sábila? Vea, doña, eso es cosa de brujas... Con intolerancia y desparpajo, se despreciaban en el pasado el tilo, el anamú y el orégano en Panamá, así como en otros países la mandrágora y la vincapervinca. Las hierbas que usaban los viejos de las comarcas indígenas y que nuestras abuelas recomendaban como un remedio más seguro que los de las farmacias, eran estigmatizadas como signo de primitivismo o hechicería.
Sin embargo, hoy en día la ciencia médica está borrando siglos de prejuicios y supersticiones. La medicina tradicional tropical es estudiada por científicos de renombre y no se rechaza como si fueran "yerbitas de Salsipuedes".
Prueba de ese cambio cultural es que con el propósito de contribuir con la atención de algunos problemas primarios de salud de apartadas regiones del país, se desarrolla en Panamá, al igual que en países de Centro y Sur América y las islas caribeñas, un programa de investigación aplicada a la medicina tradicional popular del Caribe, basado en el uso de plantas medicinales, denominado Tramil.
De acuerdo con el doctor Pablo Solís, director del Centro de Investigaciones Farmacopnóstica de la flora panameña de la Universidad de Panamá, el programa TRAMIL, cuyo objetivo es utilizar todas las plantas medicinales en la atención primaria de salud, se desarrolla en el área caribeña, que incluye Centroamérica, Colombia, Las Guyanas y todas las islas caribeñas, desde hace 17 años.
En Panamá, agregó, inició desde hace 10 años, y ya cuenta con varios jardines comunitarios en donde las personas cultivan y posteriormente utilizan estas plantas medicinales para aliviar sus problemas de salud comunes.
Solís especificó que se trata de la atención de problemas menores, pues es el primer recurso que tiene el paciente para aliviar una dolencia, por eso el programa va encaminado un poco hacia la madre y la ama de casa, quienes son la que en determinado momento tienen que atender los problemas de salud de los miembros de su familia.
El interés es que estas responsables de hogar, ante una afección común, sepan qué planta utilizar. Aclaró, no obstante, que esto no quiere decir que "es la medicina de los pobres", sino que, debido al proceso de identificación botánica por el que pasan las plantas, existe constancia que tienen un efecto farmacológico debidamente validado.
Este proceso de identificación inicia con la aplicación de encuestas en las comunidades, para luego realizar la validación científica de las plantas medicinales.
En Panamá, el proyecto inició en las áreas de Costa Arriba y Costa Abajo de Colón. Posteriormente, se crearon también algunos jardines en Coclé y desde hace dos meses, con el apoyo de las Naciones Unidas, se han incluido las comarcas de Gnöbe Buglé y Emberá.
El especialista indicó que la creación del Jardín Botánico Institucional, ubicado en el Hospital Psiquiátrico Nacional, además que permite aprovechar las más de 21 hectáreas donde se encuentra el centro, que debido a su gran población de plantas y árboles actúa como un generador de oxígeno en la ciudad, sirve como terapia para algunos pacientes, que encuentran mucha distracción en el cultivo de plantas, a la par que aprenden estas artes.
Además, constituye un experimento que permitirá reproducir plantas medicinales que podrán ser repartidas a diferentes regiones del país, principalmente a aquellas áreas donde no hay acceso a la medicina convencional.
En la actualidad, en el Jardín Botánico del Hospital Psiquiátrico existen unas 15 plantas medicinales, entre las que destacan, la sábila (cura heridas menores), mastranto (diurético, calmante), marañón (diarrea y parásitos), jenjibre, siempre vivía (dolor de cabeza, cansancio por resfriado), limón (diarrea y parásitos), tilo (calmante), paico (control y eliminación de parásitos), anamú, orégano, entre otras.
Los planteamientos de Solís formaron parte del seminario sobre "Medicina Tradicional" organizado por el Hospital Psiquiátrico Nacional, la Dirección Nacional de Promoción de la Salud del Ministerio de Salud, el proyecto TRAMIL y la Dirección Nacional de Servicios de Salud y Nutrición.