Recuerda que la noche previa al 20 de diciembre, retornaba a casa en La Chorrera, pero a eso de las 11: 00 de la noche se le comunicó que tenía que retornar al cuartel del Tránsito donde fungía como subdirector; la invasión era eminente.
"Fue la noche en que más rápido me desplacé de La Chorrera a Panamá, porque todas las calles estaban desiertas, prácticamente tomé 7 minutos para llegar y cuando estaba sobre el Puente de las Américas, ya oía las detonaciones del Ejército norteamericano".
Hoy, Saldaña rechaza tajantemente que durante la invasión ellos se dieran a la fuga, sino que se quedaron esperando órdenes del Comando Mayor, que nunca llegaron.
"Desde el principio perdió todo el control, al quedarnos totalmente incomunicados, aparte de que me da la impresión que no quiso establecer ningún control ni comando". Se actuaba a la reacción del momento.
De acuerdo a Greta, en la actualidad no han hecho nada por ellos, ya que los dejaron a la interperie y sólo le dieron limosnas, para luego decirles adiós. Resalta que "los ladrones encorbatados" de aquel momento se quedaron con todo el dinero.
Greta Ávila no cree que el Panamá de ahora sea mejor que el de antes. "Hoy en día todo el mundo en este país tiene armas, hasta los niños, por lo que este país está peor que en el año 1989".
No obstante en su desgarrado corazón por aquella oscura etapa del país, luego de 16 años, nunca pensó que amaría tanto su barrio, país, amigos, vecinos y hasta su propia familia.
Si alguna enseñanza dejó aquella noche en los residentes de El Chorrillo es que algo se aprecia verdaderamente cuando se está en peligro. Es cierto, perdieron hasta la sonrisa, pero hoy poco a poco recuperan la fe, confianza, humanidad y el deseo de superarse.