Nación

Las ruletas de la tentación


Uno de los fenómenos que más se destaca en la población panameña es la tendencia a los juegos de suerte y azar en sus múltiples posibilidades. Lotería, casinos, maquinitas, apuestas, compra de lotería clandestina, bingo, "poker", la tentación de probar suerte es una constante para un alto porcentaje de personas, sin importar condición social, sexo, edad, posición económica. La cábala es como un talismán que invoca obstinadamente la suerte como fórmula mágica para enfrentar los azares de la vida. Las ruletas de los casinos, el ánfora de la fortuna con su cargamento de marfil y la frase ¡sálvese quien pueda!, provocan toda clase de devociones, distracciones o bien pérdidas de capitales y de bienes.
Pese a la crisis económica que vive Panamá desde hace muchos años, los establecimientos dedicados a los juegos de azar han proliferado y cada día se abren nuevos negocios. La situación al parecer está fuera de control en la medida que existen casinos que funcionan las 24 horas: En los hoteles de la ciudad de Colón, y David y en dos hoteles de la ciudad capital.
Según estadísticas de la Junta de Control de Juegos, dependencia del Ministerio de Economía y Finanzas los ingresos reportados para el año 2000 en concepto de salas de bingo, mesas de juego, máquinas tragamonedas y salas de apuestas de eventos deportivos, fue millonaria y ascendió a B/ 88.712.930; para el año 2001 los ingresos por estas mismas opciones fueron de 84,155,195.
Un dato sorprendente es el informe de apuestas correspondiente a los años 2000 y 2001 en concepto de salas de bingo, mesas de juego, máquinas tragamonedas tipo A y salas de apuestas de eventos deportivos: Las apuestas ascendieron en el 2000 a B/ 853,913,119.00; para el año 2001 fueron de B/ 798,617,969. Las cifras anteriores, según algunos economistas entrevistados, refleja que Panamá posee un promedio muy alto en relación a otros países de América Latina con menor cantidad de población.
En Panamá, el Estado asume la explotación de los juegos de suerte y azar. En efecto, mediante el Decreto Ley No. 2 de 10 de febrero de 1998 se reestructura la Junta de Control de Juegos y se le asignan funciones de control, fiscalización, supervisión y regulación de los juegos de suerte y azar o actividades que originan apuestas. Según funcionarios de la Junta de Control de Juegos, el Estado puede, a través de la ley, poner en manos de terceros los juegos de suerte y azar.
Según el artículo 7 de Decreto Ley No. 2 se entiende por Juegos de Azar " todos aquellos en los que el resultado adverso o favorable del juego no depende principalmente del talento o habilidad del jugador, incluyendo cualquier juego efectuado con cartas, dados o cualquier otro dispositivo, máquina mecánica, electromecánica o electrónica para ganar dinero u otro artículo de valor".
Según Máximo Morales Araúz, Sub jefe del departamento de Inspección de Salas, las estadísticas oficiales indican la existencia de ocho (8) casinos completos en la ciudad de Panamá que operan en los hoteles. Funcionan 12 casinos tipo máquinas tragamonedas tipo A, ubicados en la ciudad de Panamá, Colón, Aguadulce, Chitré y David.
Existe la empresa Lucky Games que tiene ocho (8) salas tanto en Panamá como en el interior de la república. En lo que respecta a competiciones deportivas (boxeo, basket ball, Base ball, carrera de perros, etc.) funcionan dos salas en la ciudad de Panamá. Operan cinco (5) salas de bingo 90 en las ciudades de Panamá, Chitré, Santiago y David.
El Código Fiscal le otorga la potestad a la Junta de Control de Juegos, donde los reglamentos que se elaboren deben ser aprobados por la Junta y les corresponde a los inspectores verificar su fiel cumplimiento. El Estado devenga el 10% de la ganancia bruta anual de cada uno de los negocios establecidos con tal finalidad.
Se entiende por Sala de Juego cualquier establecimiento dedicado al juego bajo la modalidad de casino completo, de salas de máquinas tragamonedas tipo A y salas de bingos cuyo administrador -operador cuenta con un contrato, de conformidad con las disposiciones de la Junta de Control de Juegos.
Un recorrido por algunos casinos y salas de bingo de la ciudad capital permiten conocer con mayor precisión cómo operan tales establecimientos: se trata de amplias salas iluminadas con luces artificiales. Un fuerte olor a cigarrillo invade todo el ambiente. Herméticamente cerrados, no hay algún tipo de ventanas, ni relojes que permitan percatarse del tiempo. Música altisonante o bien típica, los clientes deambulan por las diferentes máquinas que ofrecen todo tipo de posibilidades: ruletas que funcionan al ritmo implacable de los dados, máquinas tragamonedas, rueda de la fortuna, bacará, "paigow", "keno", veintiuno, "crape", "black jack", "poker", "panguini", carreras de caballo y hasta una amplia mesa de apuestas virtuales en las que se requiere de amplias destrezas para controlar los cambios de cada jugada electrónica. Las posibilidades de apuesta van desde los cinco centésimos hasta miles de balboas. Están ubicados en cualquier sitio, inclusive al frente de una iglesia o al lado de un supermercado. Su forma de funcionamiento más habitual es en los hoteles o bien en establecimientos especialmente diseñados para la actividad.
Los especialistas indican que al momento de iniciar las apuestas, la persona es invadida por la emoción de experimentar un cambio favorable de suerte. La ruleta o las cartas pueden -en pocos minutos- volver millonario y también despojar de sus ahorros, salarios y propiedades a cualquiera. Todo es asunto de suerte, para otros simplemente llegar en el momento esperado a recoger lo que otros perdieron. La adrenalina fluye por el cuerpo; una especie de éxtasis estremece a cada jugador y lo hace seguir apostando -aunque vaya perdiendo- y se olvida así, tanto de la noción del tiempo como de sus pérdidas o ganancias. Hay quienes en su vicio incontrolable acuden a estos lugares en diferentes horarios o bien permanecen toda una jornada de varias horas al frente de las maquinitas, o las ruletas.
Como nota curiosa se observan grupos de chinos que hacen grandes apuestas, sobre todo en las ruletas, con lo cual se comprueba la tendencia de esta cultura por los juegos de azar. Se reportan casos de personas (chinas) que le ofrecen a los entusiasmados clientes préstamos a cambio de la firma de un documento; según indicaron algunos conocedores de este tipo de conducta, los intereses que cobran son excesivamente altos. No hay ningún tipo de control sobre el particular y se conocen casos de personas que en una sola noche de juego perdieron hasta sus propiedades (autos, casas, cuentas bancarias, todo es aceptado como garantía para obtener dinero y seguir apostando).
Por lo general son atendidos por muchachas jóvenes y atractivas que manejan con especial maestría las barajas y los naipes. En algunos lugares se observan sitios especiales a los que sólo pueden ingresar quienes van a efectuar apuestas respetables, generalmente de varios miles de balboas. Cuando un jugador comienza a apostar en "forma destacada" el encargado del casino le brinda como cortesía de la casa, los tragos de rigor. Lo ideal es que el cliente se mantenga eufórico y se " sienta bien atendido".
Al interrogar a varios de los encargados de estos casinos y sitios de apuestas las respuestas son sorprendentes. Un sondeo informal indica que juegan más las mujeres que los hombres, los pobres más que los ricos, gran afluencia de jubilados que inclusive cambian sus cheques en el lugar. Es notable la afluencia de la juventud quien muestra especial atracción por las maquinitas y el "black jack". No hay horarios de preferencia pero sí mayor afluencia los fines de semana y el horario nocturno.
Un alto funcionario, muy allegado al contralor, al ser cuestionado sobre el audito a las ONGs involucradas, sólo se limito a decir "allí la cosa está caliente".
Los cuestionamientos sobre las ONGS ya no sólo se hacen localmente a nivel de Ingresos, la Contraloría de la República, o por el manejo que tenían ciertos legisladores cuando existían las partidas circuitales, ahora también surgen en el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), que ha solicitado a las autoridades panameñas ejercer un mayor control sobre estas organizaciones.
El GAFI, según la propia superintendente de Bancos, Delia Cárdenas, ha pedido a Panamá una revisión del manejo financiero de las asociaciones sin fines de lucro para evitar el lavado de dinero y más recientemente el patrocinio de actividades terroristas.
El GAFI ha señalado que hay que observar con cuidado a las asociaciones sin fines de lucro porque éstas reciben dinero, del cual hay que saber su origen y su destino.
De acuerdo con el asesor jurídico de la Superintendencia de Bancos, Enrique Arturo de Obarrio, a raíz de los sucesos del 11 de septiembre del año pasado, el GAFI adoptó ocho recomendaciones especiales sobre el financiamiento del terrorismo. La última tiene que ver con las organizaciones o asociaciones sin fines de lucro.
Indicó que se están haciendo las consultas correspondientes entre las autoridades involucradas a efectos de determinar la necesidad o no de adecuar la normativa y controles existentes para las ONGs, a lo que sin lugar a dudas se procederá, si así se considera necesario.
Expresó que es importante evaluar la efectividad de los controles existentes y hacer los ajustes a que haya lugar, de manera que este vehículo jurídico cumpla con el sano propósito para el cual ha sido concebido, sin que se pueda aprovecharse de éste para propósitos malsanos.
Será necesario revisar los mecanismos que permitan comprobar el destino de los donativos recibidos, y verificar que todas las asociaciones sin fines de lucro existentes en Panamá hayan cumplido con los requisitos establecidos.


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87195
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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