Una gestión accidentada, al menos en cuanto a la salud de la mandataria se refiere. Mireya Moscoso pasó desde una alergia por tragarse un mosquito, hasta dos intervenciones quirúrgicas.
El martes 22 de febrero de 2000, al caer la tarde, todo parecía normal. La apertura del Museo Reina Torres de Araúz reuniría a diferentes autoridades nacionales así como a diplomáticos. En ella no podría faltar la mandataria de la Nación, quien pronunciaría un discurso.
El momento llegó, el micrófono le fue cedido a Mireya Moscoso, quien leyó una parte de su intervención y luego comenzó a toser. Su rostro se tornó rojizo y la gente se veía ya impaciente.
A eso de las 7:00 p.m. la seguridad de la mandataria la condujo, a toda velocidad, hacia el Hospital Paitilla. Toda el área de la 5 de mayo, donde se ubica el museo quedó paralizada y los asistentes al evento se preguntaban ¿qué sucedió con la presidenta?...
Minutos más tarde se conocería que había sufrido una fuerte reacción alérgica que le produjo una inflamación en la laringe, lo que no le permitía respirar.
Había un culpable de todo esto. Su hazaña, que casi pone en riesgo la vida de la jefa del Ejecutivo, había sido grabada en video por las cámaras de los medios presentes en el acto. Se trataba de un mosquito, el que originalmente se había dicho que "picó a la presidenta", cuando lo que ocurrió en realidad es que se le introdujo en su garganta mientras ella hacía uso de la palabra.
Aunque superó el cuadro alérgico que la mantuvo hospitalizada dos días en la habitación 411 del Centro Médico Paitilla, los problemas en su garganta continuarían.
Una dolencia de más de 13 años en el ligamento de su rodilla izquierda, obligaría a Moscoso a viajar a Miami, Estados Unidos, el jueves 25 de enero de 2001. Allí su médico ortopeda, José Jaén, la evalúa y decide operarla.
Los galenos señalan que dicha lesión está usualmente relacionada a prácticas de deportes y le recomendaron usar muletas por una semana.
En marzo de ese año, durante la inauguración de EXPOCOMER, la mandataria tuvo que cederle la palabra al segundo vicepresidente de la República, Dominador Kaiser Bazán, la razón: estaba afónica.
Seis meses más tarde, la presidenta vuelve a quedarse sin voz durante una visita oficial realizada en Brasil, lo que la obligó a adelantar su regreso al país. Al parecer el clima brasileño le provocó un fuerte resfriado. Similar situación ocurrió en mayo del 2000, durante un viaje a México.
A cuatro días de su regreso de Brasil (25 de agosto de 2001) y durante varios compromisos celebrados en David, provincia de Chiriquí, la jefa del Ejecutivo vuelve a perder la voz y regresa a la ciudad capital.
Trascendió luego que los médicos le habían recomendado reposo, en vista de que sufrió una infección viral en las vías respiratorias que le originó una leve parálisis del nervio facial izquierdo. La agenda de la presidenta fue suspendida.
A dos años de gobierno, específicamente el martes 4 de septiembre de 2001, Mireya Moscoso viaja a Miami para ser sometida a varios exámenes neurológicos para tratar su problema de parálisis facial, así como a evaluaciones de su rodilla.
Pero a la lista de sus molestias de salud se le sumaría otra, un accidente de tránsito. El 23 de octubre de 2001, el auto donde viajaba se accidentó, a la altura de la Avenida Balboa. Al parecer todo se debió a que el conductor de un vehículo desobedeció la voz de alto de la caravana presidencial y provocó un choque en el que estuvieron involucrados tres autos.
La mandataria padeció lo que se denomina "síndrome del latigazo" y tuvo que usar cuello ortopédico.
La odisea continuaría, cuando el viernes 11 de octubre de 2002, es nuevamente operada en Estados Unidos, esta vez, para extraerle unos quistes ováricos.
El martes 14 de abril del presente año, los médicos de la presidenta le ordenan guardar reposo por tres días, luego de ser internada por varias horas en el Hospital San Fernando aquejada de un fuerte dolor de espalda.
Un disco herniado fue el causante del dolor lumbar, que según se informó, se debió a una caída reciente. El ministro de Salud, Fernando Gracia, advirtió en ese entonces que todo se solucionaría con terapia y medicamentos.
Lesiones presidenciales
Las primeras lesiones que sufrió la Presidenta de la República se dieron desde la campaña electoral, cuando a mediados del año 1999, un simpatizante de su candidatura le fracturó una costilla al darle un fuerte abrazo.