En la segunda etapa de Nuevo Chorrillo, en Arraiján, los residentes se equiparon de aerosoles contra insectos, mechitas y repelentes. Lo hacen porque desde el 25 de abril cuando el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (Icges) empezó la liberación de los mosquitos transgénicos, sienten que están expuestos a los pinchazos del mosquito procedente de Gran Bretaña. Los ‘ingleses’, como les llaman, “apenas son liberados se posan sobre las personas y les ocasionan incomodidades”.
La comunidad, con una población de 8,000 personas, cayó en dudas sobre la función y riesgo que representa para la salud el mosquito genéticamente modificado. ¿Cómo saber qué mosquito no debemos matar, y cómo acostumbrarnos a la incomodidad que producen?, es la mayor inquietud que ayer plantearon residentes de la segunda etapa de Nuevo Chorrillo y Lluvia de Oro donde se realiza el experimento.

Piden mayor información sobre el manejo de la investigación, que según el Icges busca reducir la incidencia del dengue hasta en un 95%, como lo han hecho países como Gran Caimán y Brasil. Hasta ayer eran 400,000 mosquitos machos que el Icges liberó en la comunidad.
“Si bien el proyecto es necesario porque es la esperanza de reducir la incidencia del vector que transmite el dengue, también es importante que las autoridades expliquen que las incomodidades son pasajeras y que el mosquito no se alimenta de sangre”, compartió Evelia Villarreal, dama voluntaria en el centro de salud de Nuevo Chorrillo, donde a diario acuden personas incómodas por la convivencia repentina de más mosquitos a los que estaban acostumbrados.

Invasión de ‘ingleses’
Mientras la población mata a golpe, extingue o se sacude un mosquito, a Diógenes Cáceres entomólogo del Icges y responsable del experimento, le toma 20 minutos vaciar 70 frascos llenos de transgénicos machos (cada uno con mil mosquitos) para volver a inundar a la comunidad de ‘ingleses’.

Ayer, en calle C de la segunda etapa de Nuevo Chorrillo frente a la vivienda #4810 de Ricardo Velasco, se inició la novena liberación de transgénicos. Cada 30 metros en un área de 10 km2, Cáceres en compañía de Yeisa Pineda, asistente de investigación, y de Liliana Díaz, directora del centro de salud, se esparcían los insectos.
La operación se realiza tres veces por semana (lunes, martes y miércoles) y se extenderá hasta octubre cuando se inicie la tabulación de resultados para medir la efectividad.

Desde ya se apoyan en instrumentos que validarán la investigación como trampas (20) y ovitrampas (30). El primero identifica la incidencia de mosquitos adultos, y el segundo, los depósitos de huevos producto del cruce entre los transgénicos y la hembra nativa.
Ambos casos son analizados en el laboratorio del Icges para identificar la propagación de marcador fluorescente y el gen letal que transmite el ‘inglés’. “Con el marcador identificamos la efectividad en campo del mosquito transgénico, cuya misión es copular con la hembra y que los huevos vengan con el gen letal. Así evitamos que más mosquitos lleguen a etapa adulta”, contó Cáceres.
Previo a la liberación, el equipo de investigación monitorea los resultados a través de la colección de trampas instaladas en residencias de la comunidad y aguas estancadas en las ovitrampas (una vez por semana). Las muestras son recopiladas para completar la primera fase de la investigación, que para el 2015 requiere de la autorización de $100,000 por parte del Ministerio de Economía y Finanzas. Desde que se inició con el proyecto en 2009, el Estado ha desembolsado $650,000, incluido el reciente el convenio con Oxitec para el suministro de los huevos.