Entre lágrimas y sonrisas 45 internas del Centro Femenino de Rehabilitación abandonaron ayer las instalaciones, tras haber sido favorecidas con una medida de libertad condicional decretada por el Órgano Ejecutivo.
Felices de volver junto a sus familiares, pero tristes al mismo tiempo por sus compañeras, que aún se quedan esperando cumplir sus condenas o que una nueva medida pueda favorecerlas, cada una de ellas se dispone a hacer una nueva vida.
Y es que pese a que en este centro han podido lograr algún tipo de superación personal y valorar las cosas que le dan sentido a la vida, saben también que afuera tendrán que enfrentar el rechazo de una sociedad que no las verá con buenos ojos y las descalificará apenas se conozca sus antecedentes.
Nunca olvidarán además que tras las cercas de esta cárcel también se vive un calvario lejos de sus hijos y familiares, donde han tenido que aprender a convivir con la incomprensión y el abandono de sus amistades que las han echado a un lado.
Algunas creen que es muy injusto y anhelan volver a la calle para tratar de construir un nuevo futuro. Otras temen no soportar el rechazo de la sociedad, pero en general todas tienen el firme propósito de no volver a cometer el mismo error.
Cristina Martínez es una de ellas. Desea salir para no volver nunca más. Con lágrimas en los ojos y un fuerte abrazo despide a una de sus hijas que ha sido favorecida en esta ocasión, ya que ella tendrá que continuar junto a su otra hija cumpliendo su pena.
Cuenta que toda su familia quedó en la cárcel tras un allanamiento donde se les encontró 4 gramos de droga y reconoce su error, pero considera que también muchos inocentes pagan injustamente penas, pues no se hacen investigaciones para comprobar si verdaderamente todos los que se encontraban allí eran culpables o no.
Otras reclusas piden a las autoridades que se tenga consideración con aquellas que caen por primera vez, pues se ven obligadas a incurrir en estas actividades ilícitas para poder darle de comer a sus hijos y por otro lado aupadas por sus maridos que las meten en estos ilícitos.
Juliani Santimateo, otra favorecida con su libertad, dice que de su experiencia en la cárcel ha aprendido y madurado bastante. Con tan sólo 25 años, acepta que lo que le espera afuera no será fácil, pero que luchará para convertirse en una mujer de bien y no volver a caer en el negocio de la droga, que la llevó tan bajo. Echar para adelante y luchar por su hijo y su sobrina es el principal objetivo que la mueve para recuperar el tiempo perdido.
Emocionada dice que lo más importante de todo esto, es que "voy a estar con mi familia y ver si consigo un trabajo para no volver a lo mismo". Acepta que a pesar de haber estado presa 4 años y 5 meses ha pasado momentos muy alegres con sus compañeras que la han hecho meditar y cambiar bastante.
Mientras Rosmery Caballero aún no lo puede creer. Privada de su libertad por droga al igual que 95 por ciento de las reclusas de este centro, nos dice que la lección fue bien aprendida. No pretende regresar a este lugar, que si bien le trae gratos recuerdos con sus compañeras, también ha sido el causante de grandes tristezas y el distanciamiento de sus familiares, lo más preciado que aprendió a valorar.
Y es que al igual que Rosmery, tras las 568 internas que se encuentran en este centro, hay una historia que contar, en su gran mayoría ligada a delitos relacionados con drogas. Las 57 reclusas recibieron su libertad condicional, en un acto hecho ayer en que se celebraba el día de la patrona penitenciaria, la Virgen de las Mercedes.
Pero en medio de la alegría de quienes salían, quedaban también muchos rostros bañados de tristeza, ya que la vida allí adentro no es fácil. Como en todo centro de esta clase hay que caerle bien a los custodios, de lo contrario se pasa mal, señaló una reclusa.
La celda de castigo, mejor conocida como "La Máxima", es un sitio al cual todas las reclusas le temen, pues a pesar de todo se aplican castigos inhumanos y las experiencias no son las mejores, señalan. Por otro lado, la mora judicial es uno de los grandes problemas. Existen casos de reclusas que tienen 52 y más meses de detención preventiva, mientras que los procesos no se adelantan, lo que preocupa grandemente a sus familiares.
En este sentido, el ministro de Gobierno, Arnulfo Escalona, señaló que esta semana se le ha enviado comunicación al presidente de la Corte Suprema de Justicia solicitándole el nombramiento de personal de enlace con el Departamento de Corrección para lograr que las diligencias judiciales se hagan durante toda la semana y no a mediados de semana.
Por otro lado, indicó que espera en los próximos días reunirse con el Procurador General para lograr un balance entre el Organo Judicial, el Ministerio de Gobierno y la Procuraduría, a fin de armonizar las relaciones y que los procesos se hagan con mayor celeridad.
El ministro anunció además que en nombre del gobierno de Taiwan se entregó un bus de 60 pasajeros para facilitar el transporte de las detenidas e igualmente se comenzará un programa a través del Fondo de Inversión Social (FIS) para dotar de maquinaria al centro, a fin que las reclusas sigan aprendiendo y se preparen para enfrentar la vida luego que salen de este centro.
Isabel Corro, directora de Corrección, dijo que gracias al apoyo del Ministerio de Gobierno y Justicia, que le dio seguimiento a este proceso, se logró la libertad de 57 reclusas a nivel nacional. El 95 por ciento de las mujeres que entran al centro lo hacen por delitos contra la salud pública o sea drogas, afirmó la funcionaria. Agregó que con posterioridad se estará haciendo otra liberación que incluirá también hombres.
Esta medida, indicó Corro, ayudará en alguna forma a reducir el hacinamiento. Pero esta decisión no ha sido arbitraria, se da luego de una evaluación donde se estudia individualmente a cada una de las personas a las cuales se les va a dar el beneficio para que nuevamente puedan ser incorporadas a la sociedad.
En el caso de las mujeres, explica, son personas a las cuales se les ha visto un cambio, que tienen familia y una necesidad de retornar a su hogar para seguir cuidando a sus hijos.