Lo que explicaron a Panamá América es que estos programas se coordinan entre la organización y los padres de familia.
"Esas organizaciones trabajan directamente con los padres de familia, por lo que el Ministerio de Educación no tiene responsabilidad en lo que pueda hacer el estudiante allá", reiteró Mirna de Crespo, directora Nacional de Educación.
"El MEDUCA no tiene ningún control y lo que le compete es que el cumplimiento del estudiante cuando sale del país en cuanto a cómo se van a trabajar las ausencias", añadió.
Marcela, como pidió que la llamáramos para guardar su identidad, asegura que su hija vivió las consecuencias de esa situación.
Ella dice estar indignada, pues la organización AFS, encargada del intercambio, no cumplió y su hija fue expuesta a maltratos en el lugar donde se hospedaba.
Narró que la falta de organización e incumplimiento de la AFS fue desde el primer momento, pues se le había explicado que su hija "Glenda" (nombre ficticio) recibiría un proceso de inducción por una semana, a su llegada a Escocia.
Se supone que allí le enseñarían las costumbres de ese país y no fue así.
Les dijeron que tenía que abordar un bus e irse a la casa de sus anfitriones. De los seis muchachos que iban en el viaje, varios se perdieron y a otros no los fueron a recoger.
Pero, Carolina Camargo, directora nacional de AFS, tiene otra versión. Dijo a Panamá América que la organización está afiliada a un sistema regentado a nivel internacional por la AFS, que está ubicado en New York, desde donde plantean los parámetros a seguir.
Indicó que el MEDUCA, a través de un acuerdo, que se tiene desde la década de 1980, da la apertura en los colegios para los jóvenes que van a viajar, ya sea por seis meses o un año.
Agregó que están inscritos en el Registro Público y en la Dirección de Ingresos, pero como ONG, es a nivel internacional donde se les da mayor fiscalización.
Indicó que desde el principio, siempre se le da un seguimiento a los participantes y ellos tienen contacto ya sea con un funcionario o un voluntario que los va acompañar durante toda su experiencia.
Sobre el caso de Glenda, Camargo aseguró que ella siempre tuvo contacto con la organización en Reino Unido, como los padres con la AFS en Panamá.
No obstante señaló que la familia que hospedaba a la niña informó que al principio estaba dando problemas de adaptación y que no quería colaborar con los quehaceres de la casa.
La primera semana que Glenda estuvo en Escocia no recibió llamada de su madre porque ese es uno de los requisitos de la organización.
Finalmente y luego de mucho insistir, Marcela habló con Glenda, quien lloró amargamente y le contó que la estaban tratando mal.
La dueña de la casa la insultaba y la carga de trabajo en el hogar era cada vez más pesada.
Marcela dijo que llamaba diariamente a AFS, preocupada por el problema y no le sabían dar respuesta.
Indicó que aunque en toda la propaganda se habla de que se tiene un contacto local, su hija llamaba a esa persona constantemente y ésta le decía que "estaba ocupada". Después de varios días de insistencia la respuesta de este contacto fue que se tomaría un café con ella.
Glenda y Marcela insistieron en que la trasladaran, pero le contestaron que "o se adaptaba o regresaba". La inversión para esto superaba los B/.5 mil.
Señaló que a pesar que la organización dice que la niña no se adaptaba, en un mes ingresó a un voluntariado vendiendo ropa para niños pobres, se metió a clases de baile y en su grupo de clases le explicaba a sus compañeros en química y matemáticas.
La edad de los interesados oscila entre 14 y 19 años.
Las empresas que reclutan tienen oficinas en todo el país.
Los aspirantes pueden aprender idiomas como alemán, inglés, francés, flamenco, danés, húngaro, cantonés, italiano, malayo, letón y japonés.