"Mejor me hubiera quemado yo... ¡Ay Dios mío! se me quemaron mis nietecitos, lamentaba Luz Asprilla, abuela paterna de los dos menores que fallecieron ayer en el incendio en El Águila de Curundú.
El desgarrador llanto de Luz conmovió a la multitud agrupada en el lugar de los hechos, pero algo más impactante los estremecería después.
Minutos más tarde apareció Karelis Rodríguez, madre de John Jairo Gudiño, de 3 años y Emanuel Gudiño, de año y medio, quien nunca imaginó que mientras ella vendía periódicos sus niños ardían en las voraces llamas que en cuestión de minutos les arrebató la vida.
Entre llanto y desesperación Karelis pedía ver a sus hijos... ella no aceptaba que John y Emanuel habían partido.
Los vecinos trataban de calmar a la mujer, pero sus gritos desgarraban al alma más insensible. Por su estado debió ser conducida a un hospital cercano, donde se le aplicaron sedantes.
Fuego, fuego, gritaron los vecinos cuando Luz estaba moliendo el maíz. "Me entró una desesperación, por mi mente pasó lo peor y corrí a buscar a mis nietecitos, pero las casas estaban prendidas, yo no se de dónde salió ese incendió, todo pasó muy rápido, expresó Luz con tono de culpabilidad.
Los cuerpecitos de los menores fueron encontrados abrazados, al lado de la cama donde dormían.
Las circunstancias no favorecieron el rescate de los infantes pues el incendio comenzó en la casa de al lado, las llamas consumieron rápidamente la vivienda y otras cuatros barracas más.
El padre de los menores apareció minutos más tarde y no pudo ocultar su desolación. El rompió en llanto en medio de amigos, quienes le ofrecieron palabras de aliento. En medio de la consternación prefirió no dar declaraciones.
Los cadáveres fueron sacados a pie del lugar por personal de la Fiscalía Auxiliar pues fue imposible que el carro fúnebre llegara al sitio donde se hallaban los cuerpos calcinados.
Pero este incendio no sólo apagó la vida de estos dos inocentes, sino que también dejó 50 damnificados y 10 viviendas afectadas.
A pesar de todo, los afectados dejaron su propia tragedia a un lado, para consolar y apoyar a los familiares John y Emanuel.
Entre los damnificados que lo perdieron todo está Candelaria Murillo y sus tres pequeños. Ella contó que antes que iniciara el incendio salió de su casa acompañada de sus hijos a revisar la casa de su hermana, pues ella salió de viaje.
Ahora no sabe qué hará porque solamente cuenta con la roba que llevaban puesta.
Para sofocar el fuego se utilizaron cinco carros de las estaciones de bomberos de Plaza Amador, Carrasquilla, Balboa, Calidonia y Betania.