S in nada, así quedaron las últimas 35 familias que fueron víctimas del fuego registrado en Curundú, el pasado 16 de febrero.
Todavía en el ambiente se siente el olor a quemado y aguas negras estancadas, pero el sentimiento de desamparo perdurará por muchos años.
Un niño busca entre los escombros algún juguete que pueda ser rescatado para seguir jugando.
Varias madres de familia comentaban entre sí el dolor de haber perdido todo, tal es el caso de Cándida de Ortega, quien ya había conseguido comprar con esfuerzo gran parte de los útiles escolares de su tres hijos.
La más joven de la familia señala que desconoce como iniciará este nuevo año escolar.
"Ya teníamos las camisas, faldas, zapatos, medias, libros, sólo nos faltaba el cuaderno del primer día de clases", dijo.
Muchas de las familias damnificadas se encuentran recluidas en casas de sus familiares y el resto en albergues temporales o pensiones.
La Alcaldía hace esfuerzo por alimentar a las familias, pero ellos todavía necesitan donaciones de ropa y útiles escolares.
A criterio de la directora de la Comisión de Justicia y Paz, Maribel Jaén, debe existir una alianza con el Gobierno Nacional para solucionar las situaciones trágicas que se presentan en Curundú y otras comunidades históricas, que se han mantenido al margen del desarrollo de la ciudad capital.