Ramón Fonseca Mora y Juan Carlos Varela son amigos cercanos de eso no queda ninguna duda. No en vano cuando Varela asumió la Presidencia de la República una de las primeras decisiones que tomó fue nombrarlo ministro consejero.
Quería tenerlo siempre cerca en los próximos cinco años de Gobierno. Intentó sin éxito nombrarlo ministro de Seguridad, pero encontró resistencia del aliado histórico de Panamá y no tuvo más alternativa que dejarlo como consejero.
Su amistad ha sido fuerte y en estos días ha quedado evidenciada esa fortaleza. En los momentos más claves de la vida política de Varela allí estaba Fonseca Mora aconsejándole qué decir y cómo manejarse ante la opinión pública. Incluso aportó fondos a la campaña presidencial y manejó parte de las finanzas del partido.
En el Palacio de las Garzas se comenta que Fonseca Mora es de círculo político del mandatario y hasta armó gran parte de la estrategia de perseguir, encarcelar y enjuiciar a los enemigos políticos del Gobierno. Por eso mucho prefieren no hablar del consejero personal del Presidente.
En los últimos días Fonseca Mora vive angustiado y recurre a su capacidad política para defenderse de los ataques que llegan desde todas partes del mundo por los “Papeles de Panamá” que en verdad son 11 millones de documentos “filtrados” de su firma Mossack Fonseca.
Como buenos amigos el presidente Varela, sin imaginarse todavía el impacto global de esta filtración, insiste en defenderlo y protegerlo. Los comunicados que salen de la Presidencia, sus discursos y hasta cartas que ha enviado a medios internacionales no lo mencionan a pesar de ser el actor principal de la película junto a Jurgüen Mossack, el otro socio de Fonseca Mora.
La estrategia de Varela y su Gobierno es poner a Panamá como escudo de los ataques por los “Papeles de Panamá” y no ha escatimado en gastar miles de dólares en campañas publicitarias donde habla de las bellezas del país. Mossack Fonseca no es Panamá y lo panameños lo saben.
Sin duda alguna Varela ha resultado ser un excelente amigo y copartidario, aunque en medio ha dejado a un país con más de 3 millones de panameños que le exigen carácter. Cuando un amigo cae en desagracia por sus acciones en ocasiones es mejor alejarse y más cuando se tiene el mando de un país.
La diplomacia panameña sufre pánico escénico y es entendible si consideramos que la mayoría de nuestros diplomáticos son políticos, familiares o allegados al presidente que no tienen experiencia en esos puestos.
Mientras se mantenga la estrategia de “Los amigos primero” se esperan días difíciles para Panamá y a medida que aparezcan más correos o documentos de las operaciones de Mossack Fonseca se duplicarán los problemas. Sería una estupidez combatir una crisis global con una estrategia criolla.