Continúa la ronda y mientras uno de los mayores responsable de las acciones nos habla del trabajo de un policía y de la poca colaboración de la ciudadanía, observamos cómo algunas personas permanecían en el área con sus hijos menores de edad en medio de zonas tan peligrosas, sin tomar medidas de seguridad y sin temor a una "bala perdida", que nunca falta en estos casos.
Mientras que el mayor Gregorio Alvarado seguía comentando algunas anécdotas sobre el trabajo nocturno, seguíamos el recorrido por el "área caliente".
Ante la falta de casos interesantes se revisaban los carros con vidrios ahumados y se verificó si los papeles estaban en orden.
El reloj marcaba las 8: 30 p.m., y aunque la noche todavía era joven, pensamos ¡se acabó la acción!, pues el autobús estaba lleno de sospechosos a los que enviarían a la sede de Parque Lefebre.
Nosotros también nos dirigíamos a la base, pero al tomar la Calle 17 de Río Abajo tuvimos la oportunidad de ver cómo actúan las "mulas".
Dos ciudadanos caminaban de manera normal.
De pronto se escuchó una orden: "Para a esa gente". La orden se cumplió y una ciudadana, quien caminaba cartera en mano, fue detenida.
Nada, respondió la ciudadana, "sólo el dinero para comprarle una lata de leche a mi bebé y un sencillo para pagar mi pasaje, respondió.
"Entonces, abre tu cartera si eres tan amable", dijo el Mayor.
La cartera fue abierta y no se encontró nada. Pero la malicia del oficial fue mayor que la astucia de la "mula", y ordenó, entonces, abrir el otro zíper.
¡Bingo! La ciudadana Eneida Oderay, de 21 años, llevaba en su cartera una pequeña bolsa con 120 cuadritos de la droga conocida como piedra. Sin mostrar sorpresa, el Mayor preguntó: ¿y de donde salió esto? Inmediatamente ordenó que la esposaran y subieran al autobús.
Al llegar al cuartel, se llenaron los informes, se entregaron a los sospechosos y delincuentes, para continuar vigilando las noches en la ciudad.
La hora de la despedida había llegado.