El transporte público en Panamá utiliza vehículos colectivos que, en la jerga popular, son denominados "Diablos Rojos". Estos autobuses no reúnen las condiciones adecuadas para movilizar a las personas.
El nombre "Diablos Rojos" les fue adjudicado, atinadamente, por una trabajadora de la salud, pues desde el centro hospitalario donde laboraba se escuchaba el ensordecedor ruido que producían éstos al pasar y que afectaba a los pacientes en recuperación y a los que agonizaban.
El "vía crucis" se inicia desde el instante en que la persona sube al autobús, cuando el denominado "pavo" le dice al conductor: "¡Dale!"; con toda desfachatez, aún sin que haya terminado de entrar, pues este "asistente" se constituye en el guía del conductor, le indica cuándo debe pasarse, quién viene detrás, que aumente la velocidad, y, como si fuera poco, le anima a la consabida "regata".
La situación del transporte en Panamá es un problema de Estado y como tal, es inminente que las autoridades responsables directas de "salvaguardar la vida y honra de los ciudadanos", deben realizar los correctivos.
Aquellos que monopolizan el transporte público realizaron un sinnúmero de promesas a los ciudadanos para conseguir un aumento en la tarifa. Además, se establecieron algunas reglas que adoptarían los conductores. Entre éstas: el trato afable hacia el usuario, la disminución del volumen de sus equipos de sonido, y la reducción de la velocidad; pues ésta, en exceso, es causa de fatales accidentes que llenan de luto y dolor a humildes familias. Pero, muy contados son los conductores que las han adoptado.
A los conductores y directores de rutas: De ustedes depende que su imagen se transforme positivamente a lo largo del tiempo, pues con un mínimo de atención al usuario y la reparación adecuada de los autobuses, podrán lograrlo.
Se espera de ustedes y de las autoridades, que se le preste atención a la realidad del transporte nacional.